El problema es que hay una porción muy grande de la sociedad que cree que ya no se necesita a Kirchner porque el país recuperó su status, porque “se normalizó” y ahora lo que se requiere son “
buenos administradores”. Ya salimos del sofocón del 2001 y ahora retomamos la senda que traíamos y de la que no nos deberíamos haber corrido, de no ser por la tremenda impericia de
Fernando De La Rúa y los radicales.
Esa gente que salió a cacerolear en 2001 escondiendo bajo el grito “
que se vayan todos” el verdadero sentido de su brote participativo que era “
devuélvanme mi plata”, esa misma gente que empezó paulatinamente a manifestar su
asco por los piqueteros y poco a poco, en la medida en que mejoraba su situación, la emprendió contra el gobierno y
los modales de los Kirchner.
Es cierto,
los Kirchner no tienen buenos modales, pero nadie se acordaba de eso cuando hubo que reconstruir una sociedad que había quedado diezmada por las políticas que apoyaron a pie juntillas los mismos que ahora reniegan de los modales K.
Nadie de los que votan a De Narváez pueden sostener la mirada al fundamentar su voto, porque no encuentran otra motivación que no sea
echar cuanto antes a los Kirchner del poder.
Hay, por cierto, una fracción que conoce los beneficios concretos de una derrota kirchnerista y un nuevo tiempo liderado por, ponele,
Mauricio Macri. Los que siembran mucha soja y saben que se guardarán en el bolsillo
el 35 % de las retenciones la tienen clara y saben que tendrán beneficios.
El problema son los otros, los que ,como siempre decimos, creen que su mejoría económica de los últimos 5 años se debió pura y exclusivamente a sus méritos personales. A esos la realidad los golpeará con dureza y
quizá esté bien que eso suceda. A veces lo abstracto necesita corporizarse en un despido, en una cruel retirada de los chicos del colegio privado y una penosa reinserción en la escuela pública para que las lecciones se aprendan.
Hay una Argentina de mirada corta que está
escupiendo para arriba y no se da cuenta de lo que le espera. Hay una Argentina que endiosó a un traidor que declaró impunemente que si decía lo que pensaba hacer no lo votaba nadie y que luego entronizó a otro tránsfuga que traicionó a su propio gobierno y ahora sigue fiel a su modo de ser cagando a Dios y maría santísima. Es la misma Argentina que ahora se apresta a votar por un tipo sin propuestas secundado por un
vampiro político. Una Argentina que se la ve marchando alegremente al cadalso cual estudiantes secundarios en películas tipo Martes 13 o Noche de brujas que no sospechan la pesadilla que los acecha.
Y no sospecha porque sigue respondiendo al formato mental que le armaron, sigue siendo esa imagen de “
The Wall” donde los escolares van por la cinta a la picadora de carne. Esa Argentina no sospecha lo que se viene porque está creída que siempre van a existir ricos y pobres, y tienen que gobernar los ricos ya que por algo lo son. Esa Argentina que duda en la existencia de
Dios pero no se anima a declararlo, que no se banca
la mentira de la Iglesia pero ni se plantea no bautizar a sus hijos. Esa Argentina se
quiere sacar de encima a Néstor Kirchner, y es probable que lo logre más tarde o más temprano. Lo que no va a lograr es sacarse de encima su condena a seguir siendo estafada reiteradamente por los que ella cree que son los más capacitados para de manejar el rumbo del país.
Hay una
hegemonía en términos ideológicos muy fuerte que renace ni bien se “normaliza” la situación económica (de ellos)
Más allá del accionar del dispositivo mediático, más allá del manijeo de los gurúes, hay como brotes, como chips, hay algo que está en la cabeza de un sector muy grande del país que se está activando. Es una hegemonía muy fuerte, es una forma de ver el mundo, son años de una educación y un formateo que ahora empieza a dar sus frutos.
Este país lleno de vivos, repleto de tipas y tipos que la tienen re-clara, que las saben todas. Este país para el que hasta
Maradona es un gil porque pierde dos partidos pero lo endiosó por un gol con la mano. Este país que creyó mojarle la oreja al colonialismo británico con la habilidad del Diego en un Mundial, este país está respondiendo a los mandos naturales, a los de siempre.
Este país no se da cuenta que no son los modales de los Kirchner sino el proyecto global lo que verdaderamente importa. No son las políticas puntuales sino el bosquejo general lo que nos benefició.
No se dan cuenta que
lo del INDEC fue una cagada, pero que aún así sus estadísticas
siguen siendo más fieles que los de estudios privados.No se dan cuenta que las cosas mal hechas se pueden corregir.
No se dan cuenta que el mundo que nos vendieron explotó en mil pedazos y que nosotros hubiéramos volado por los aires de no haber existido un dibujo macroeconómico como el que diseñó Kirchner.
Si hasta el mismismo Miguel Angel Broda
tiene que reconocer que las cosas no están tan mal.
A veces pienso que hay gente que se merece un sablazo de realidad. Sé que no es correcto escribirlo, sé que es antipolítico, sé que genera veneno, pero sé también que si tengo
un blog es para decir lo que pienso y lo que siento.
Y siento esto, siento que el problema no es de modales.
El problema es de hegemonía, el problema es que estamos convencidos que lo importante es no perder, el problema es que estamos convencidos que
el tango es llorón y que Sarmiento no faltó nunca a la escuela, el problema es que creemos que nosotros somos unos capos bárbaros en lo individual pero el problema lo tiene “este país”. Sentimos como que el país no nos merece o que merecíamos haber nacido en otro lugar. Eso es hegemonía, eso son años de política e ideología en la educación, años de
Astolfi e
Ibañez. Años de pensar que la materia más difícil es matemáticas porque a las otras las memorizás y listo.
Ya está, ahora que se normalizó de nuevo el país retomemos la senda de lo que siempre quisimos ser.
Suerte.