
Acabo de ver este video en lo de Diego y me quedo pensando en vos, Mónica.
¿De dónde me sale este asco?
¿Quién te obliga?
No quiero saber que defendés un estado de cosas execrable. El amor a veces no entiende las razones ¿Cómo no lo vas a defender si al fin y al cabo te fue bárbaro?
Muchos periodistas famosos se revelan extremadamente conservadores y temerosos de competir en otras condiciones; se desesperan, temen a lo desconocido y es lógico porque a la postre ellos supieron "llegar", ellos tuvieron la capacidad de sortear todos los obstáculos y conducir noticieros sin que se les caiga la cara de vergüenza con las manipulaciones de las que participan como inocuos presentadores de noticias. Total, luego, en un programita semanal de cable lavan la conciencia mostrándose como personas sensibles, de pensamientos nobles y visiones del mundo depuradas y claro, claro que no están dispuestos a que a esta altura de sus carreras les cambien las reglas del juego.
Se equivocan pues nadie les va a quitar el trabajo.
Temen de más y están tan cómodos con este status quo que cualquier posibilidad de cambio los enerva porque no les preocupa el monopolio si les da trabajo, obvio.
Expresan ni más ni menos que a una porción de los trabajadores de esas grandes empresas que no ingresaron al periodismo para transformar el mundo. Nada de eso. Ingresaron a los medios para "llegar", para ser una cara famosa. Los equivocados son los bien pensantes que creen que la gente estudia periodismo para transformar la realidad.
Nada de eso, se estudia periodismo como podología o Administración de empresas. Por eso el país es asolado por esta patria movilera, por estas ordas juveniles, provenientes de esa clase media acomodada que ni bien agarran un micrófono son capaces de cualquier osadía con tal de seducir al jefe y donde van aprendiendo aceleradamente cómo hay que transar y tejer para subir si es posible de a tres escalones en vez de a uno.
Entonces reaccionan contra la más mínima posibilidad de cambio, porque lo sienten como una intromisión.
No hay que cambiar el régimen de tenencia de la tierra, no hay que cambiar el sistema tributario ni hay que cambiar los términos de propiedad de los medios.
Pero, eso sí, hay que cambiar el país...
Son ese plus de mendacidad que tienen estas empresas a las que les interesa el país.
Mónica se crispa, grita y trata mal a los invitados que apoyan el proyecto de ley y se aferra al crucifijo con que nos defenderá del vampiro totalitario de Caracas.
Nos quiere asustar.
Qué pena verte perder así la línea.
Este debate cruza al periodismo a la altura del pupo y los deja a todos en pelotas. Nadie se escapa. Y como no podía ser de otra manera los realineamientos se dan inexorables y así como hay una minoría que tributa a la dignidad, la abrumadora mayoría le muestra a la sociedad que al fin y al cabo todo es una cuestión de plata.
Es que todos en algún momento de la vida somos conservadores porque en un punto queremos que la imagen se quede ahí para siempre, que el tiempo deje de correr, que las agujas del reloj se detengan, que esta noche sea eterna, como en el bolero de Roberto Cantoral.
Que todo se congele aquí, en este instante, porque mañana, mañana la realidad será ese disparo que rematará definitivamente la poca vida que acá quedaba.
Como yo que también cedo ante el desliz conservador y si lo encuentro al cambio a la vuelta de la esquina lo cago a trompadas, mirá...
Porque quiero que el tiempo se pare ya mismo acá y no dé un paso más. Quiero quedarme con tu fineza y tu look que sugiere caros perfumes. Quiero verte para siempre entrevistando a especialistas sobre la tristeza de la niñez en los barrios privados o la infidelidad en tiempos de monedas convertibles.
Quiero que todo quede ahí, que se frise, porque sé que voy a desfallecer cuando me mires fijamente a través de la cámara y la negrura de tus ojos se torne aún más endemoniada cuando me digas que nos sos lo que ya sabía que no eras, que todo fue una gran mentira.
Y que será en vano tratar de detenerte.
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