La derecha es muy creativa. Cuando en los noventa se lanzó sobre el Estado cual vampiro sediento dijo que se estaba concretando la tan ansiada “Reforma del Estado”. Cuando en plena fiesta neoliberal arremetió contra las conquistas de los trabajadores, dijo que se trataba de la “Modernización laboral. Ahora califica de “Confiscación” a las retenciones sobre ganancias exorbitantes de la producción agropecuaria.
Es interesante analizar cómo se mueve discursivamente respecto al Estado y el gobierno. Dependiendo del tema en cuestión la derecha no dudará en situar al gobierno como legítimo administrador del Estado y consecuentemente reclamarle que haga uso de todas sus facultades, por ejemplo ante casos de inseguridad o conflictos con sindicatos. Pero, cuando el gobierno de la provincia de Buenos Aires sale a reclamar el pago de impuestos a los que más tienen, las usinas de la derecha comienzan a desacreditar ese afán recaudador y entonces ponen toda la carga en el funcionario y en sus tácticas recaudatorias. Mágicamente se deja de hablar de los ricachones que evaden, que falsean declaraciones juradas y se pasa a comentar las tropelías y supuestas excentricidades de Santiago Montoya. Ya no es el Estado que en uso de todas sus atribuciones legítimas está reclamando el cumplimiento de la ley. Es este personaje “molesto” que insiste en reclamar dinero que, además, “Después no se sabe para qué se utiliza”...
El curioso argumento que usan para encubrir el incumplimiento es que después no se sabe a donde va ese dinero, si a Salud y Educación o a los punteros y a los planes Trabajar.
Notable manifestación de ingenio evasor: Si sé adónde va mi plata y me gusta, la pongo. De lo contrario, no cuenten conmigo...
Es la lógica del barrio privado. Es la postura obvia de un sector que opta por abroquelarse tras murallas y seguridad privada, desentendiéndose del conjunto, saliéndose, automarginándose a vivir en pequeñísimos micromundos donde todo es pago. ¿Se puede pretender, entonces, algún compromiso tributario de un sector que con sus elecciones de modos de vida privados delata lo poco que le interesa el conjunto del país?
En el caso de la pauta publicitaria oficial, la derecha critica al gobierno porque le retacea publicidad a los diarios de Fontevecchia y Lanata argumentando que no es el gobierno de un sector sino de todos los argentinos, pero cuando el campo en clara actitud sediciosa se rebela contra medidas que aunque no le guste, son legítimas, la derecha le quita de un plumazo legitimidad al gobierno nacional trasformándolo discursivamente por poco en una voraz oficina recaudatoria para los afanes politiqueros del matrimonio Kirchner.
Se instala así la idea de que el gobierno es “de todos” para repartir publicidad o suministrar seguridad, pero de unos pocos –tan solo un sector- frente a la rebelión agropecuaria, de ahí que con toda naturalidad la TV haya partido la pantalla en los discursos presidenciales de marzo, poniendo al mismo nivel a los dos “sectores”: A la derecha hablaba la Presidenta de la nación (o de un sector), a la izquierda escuchaba y gesticulaba un dirigente provincial de una de las entidades patronales del campo.
En los últimos días han montado un escenario patético en torno al Defensor del pueblo, situando en un mismo plano a un gobierno legítimo que procede ajustado a derecho con un puñado de cámaras patronales que se niegan a aportar una parte de sus ganancias.
¿Lo mismo haría la derecha en un conflicto con un gremio? No, ahí exigiría el cumplimiento y acatamiento irrestricto de la ley.
En la base lo que hay es una embestida salvaje contra la posibilidad de reinstalación del Estado. Porque hay que ser claros: Si el Estado está en manos de amigos, la derecha lo respetará, pero no si cae en las manos de una banda de “Ex montoneros”.
Hay una ligazón regional entre la sedición agropecuaria y el secesionismo de la media luna ricachona boliviana y todo indica que este nuevo plano de disputa está recién amaneciendo.
Este conflicto se desata justo cuando llegan al gobierno fuerzas que independientemente de su grado de radicalización político-ideológica intentan revivir al Estado. En el caso argentino, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández no pueden ser vistos como a la izquierda del peronismo tradicional, pero han cometido el pecado capital de intentar revivir al Estado y el stablismenth no está dispuesto a perdonar tamaña herejía. Por eso el embate salvaje de la prensa y las corporaciones contra la Casa Rosada.
Luego del desguace del Estado había quedado todo muy claro: Está todo repartido y no se aceptan nuevos competidores, de ahí que el intento de Néstor y Cristina de volver a poner al Estado en el lugar que le corresponde merezca el peor de los castigos.Pareciera que por acá hay que buscar el eje de la disputa que se viene librando desde marzo.
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miércoles, 11 de junio de 2008
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