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jueves, 17 de agosto de 2017

Se puede porque se debe


La nota de José Natanson ha generado esperables reacciones desde diversos sectores pero todas coinciden en un mismo nivel de cerrazón. Pareciera que reconocer aciertos políticos en el adversario es un pasaje de ida a la excomunión por parte de muchos que se dicen cultores del nacionalismo popular. Natanson se introduce con valentía en algunos lugares que nos pueden molestar pero que es necesario evaluar y repensar porque de otro modo no entenderemos jamás porqué el macrismo viene hegemonizando la ciudad de Buenos Aires hace más de una década y porqué ahora todo indica que lo hará en buena parte del país.

Natanson tiene la honestidad intelectual de publicar una mirada que muchos valoramos porque la consideramos correcta, razonable, pero por sobre todo una mirada con los pies en la tierra, sin escafandras y sin antifaz, es que al fin y al cabo estos son algunos de los elementos centrales para elaborar un diagnóstico preciso de qué nos viene pasando pero vuelve a reiterarse el reflejo de señalar despectivamente a quien se anima a plantearlo en lugar de analizar lo que nos propone en su escrito. Creo también que en el texto en cuestión, el autor enumera una serie de aciertos evidentes del macrismo sobe los que alguna vez tendremos que ponernos a pensar, salvo que sigamos entendiendo que a la CABA, si vota en un 50% a Carrió hay que prenderla fuego con todos los porteños que le dieron su voto. Me parece que a muchos les resulta más cómodo admitir que eso es más fácil que analizar por qué desde lo que fue el FPV no logramos superar el 20 por ciento en el distrito.

La comodidad y cierta pereza nos han dañado mucho porque nos hicieron creer que mágicamente todo es para siempre, desde los votos hasta la hegemonía. Hubo un momento en que eso que se denomina campo nacional y popular estuvo a la ofensiva, el punto máximo de esa etapa fue cuando Néstor lanzó el ya histórico "Qué te pasa Clarín ¿Estás nervioso?" Esa etapa duró hasta 2011 (el período entre la derrota con De Narváez en 2009 y la reelección de CFK fue lisa y llanamente glorioso) y a partir de ahí se nos empezaron a escurrir de las manos desde los votos hasta las victorias. Mucho antes de que Sergio Massa se abriera, en los mentideros K hablábamos a diario con los compañeros sobre las consecuencias que podría tener su partida (hay decenas de amigos que pueden atestiguar lo que digo) pero en Casa Rosada ni se mosquearon. La consecuencia fue la derrota en 2013 ¡A dos años del 55 por ciento! Luego vino el minué del 2015 y la pésima resolución de la interna con la consecuente derrota, que fue ajustada por esa militancia que salió a subirse a los trenes y a tocar timbre porque de lo contrario Macri nos ganaba por mucha más diferencia. Y ahora, agregando a lo que considero el error de jugar a Cristina (Algo sobre lo que ya escribí hasta el cansancio) estamos comprobando que efectivamente tenía un techo bajo y eso muy probablemente le signifique la derrota en octubre. Pero cuando alguien sale a bucear y exponer aciertos del bloque histórico que hoy gobierna el país, cunde el reflejo de salir a masacrarlo ¿Tanto cuesta advertir que estamos mal y vamos peor? ¿Tanto cuesta admitir que hasta en las PASO porteñas de UC un porcentaje nada desdeñable manifestó con su voto el desacuerdo con una lista decidida entre cuatro paredes? ¿Tanto cuesta admitir que la negativa a participar de la PASO en PBA fue la antesala de un octubre temible? Lo que parece estar en la base de todo este desaguisado es la falta de decisión de los compañeros para salir a plantear con fuerza el disenso con la conducción, el creer que dejando pasar oportunidades llegará el momento en que cristalizarán las respuestas superadoras.

Ese ha sido un error garrafal...

Fallecido Néstor, el kirchnerismo entró en la etapa religiosa y se fue consumiendo en el dogma y la adoración a Cristina. En ese trance olvidó que más allá de las inmensas virtudes que posee la compañera, tiene su contrapeso en la incapacidad absoluta de armar en política. Con Cristina sólo hay una posibilidad: decir que sí. Cualquier otra actitud será entendida como una de las mil variantes del rupturismo. Bien, así hemos quedado, con una Cristina que ni siquiera saluda a los compañeros peronistas que ganaron en sus provincias como Pepo en Chaco o en La Rioja hace un par de meses; con el peronismo fraccionado en decenas de sectores a nivel nacional, con derrotas en dos bastiones como La Pampa y San Luis, donde desde 1983 se venía ganando, y con una derecha que tiende a tornarse día a día más hegemónica. 

Un dato que no debe pasar desapercibido: en 2015, cuando Cristina hizo el famoso llamado al "Baño de Humildad", en la provincia de Buenos Aires había más de 10 precandidaturas a gobernador, eso ya de por si hablaba del nivel de divergencias internas que se habían ido acumulando como demostración incontestable de que el FPV por abajo era un caos plagado de contradicciones de diverso grado. Como sabemos, luego de que se bajaron las listas quedaron sólo las de Aníbal Fernández y Julián Domínguez con las artimañanas realizadas y el resultado que todos conocemos. 

¿Hasta cuándo seguiremos sin analizar estas cuestiones que hacen al diagnóstico que nos está faltando?

A veces pienso que en el escenario de 2011, con Ricardito Alfonsín y Hermes Binner como contendores deberíamos haber obtenido el 65/70 % de los votos ¡Si no competíamos contra nadie, en términos políticos! Pero en lugar de analizar el resultado por este lado cedimos a la facilidad de debatir entre nosotros si habíamos llegado definitivamente al fin de la historia y el resultado de las elecciones nos ponía al borde de una hegemonía que duraría décadas. Bastaron menos de dos años para comprobar que no habíamos entendido la etapa, que no nos habíamos dado cuenta que la sociedad argentina, así como te da el voto te lo quita cuando lo considere necesario, pero todo eso no lo supimos ver y no paramos de equivocarnos hasta que perdimos nada menos que el gobierno de la PBA, con todo lo que ello implica. Entre otras cuestiones no hicimos caso a esa máxima según la cual el otro también juega, y no me refiero a ese otro imaginario de los camporistas sino al que está enfrente, al que nos ganó. Venimos derivando cual jangada por el Río Paraná, rebotando de costa en costa, descendiendo lentamente, por momentos con pausa, por momentos más violentamente pero algo es seguro: estamos ya muy cerca de la desembocadura al mar donde ya la jangada se fraccionará en mil pedacitos que flotarán cada uno por su lado hasta perderse en la nada. Políticamente eso es lo que nos viene pasando hace seis años, pero no lo hemos sabido ver, no lo hemos querido entender, no lo hemos sabido afrontar y acá están las consecuencias.

Va de suyo que estas líneas no logran iluminar un futuro, porque eso es algo colectivo que saldrá del amuchamiento razonable y honesto de la mayor cantidad posible de compañeros. Estas líneas toman de pretexto la muy buena nota de Natanson buscando transformarse en un nuevo llamamiento para que entendamos que así como vamos vamos mal y día a día no paramos de empeorar, por no encontrar elementos para frenar la sangría y si se quiere también por cierta falta de coraje para enfrentar a Cristina y su corte marcando a fuego que como conducción sólo nos están llevando al suicidio colectivo.

Estoy afiliado a la junta de los que creen que se puede, compañeros, se puede porque se pudo, se puede porque se debe, se puede porque cada vez que mis hijos me escuchan renegar me miran con ojitos extrañados... seguro pensarán ¿Pero qué le pasa a Papá que ahora se enoja con Cristina si nos crió enseñándonos a pelear por ella? Se puede porque ahora mismo como padre discuto de igual a igual con ellos sin pretender que me obedezcan sino ejercitándolos para que no sean seguidores pasivos de nadie en el mundo, para que se comprometan, para que banquen una divisa pero sepan cuándo pegar el grito y marcar errores evidentes. Se puede porque se debe, se puede porque si alguna vez tuvimos el coraje y los aciertos para poner contra las cuerdas a los grandes conglomerados que detentan el poder (en la 125, en la ley de Medios, etc) eso significa que tenemos valores y virtudes ¿Qué nos hizo perderlas de vista? ¿Qué nos transformó en músicos burócratas que tocan de memoria una partitura ya gastada y aburrida en lugar de sacar afuera todas las virtudes -que son muchas- que nos llevaron a protagonizar una gesta que fue lo más avanzado que se pudo dar el pueblo argentino? 

Nos falta Jazz...nos faltan ganas de gestar nuevas aventuras.

¿Quién nos hizo creer, después de tantas batallas, que sólo nos resta añorar los tiempos pasados? 

¿Quién nos hizo creer que los procesos revolucionarios no están condenados a transformarse permanentemente, aunque en esa transformación tengan que cuestionarse las mismísimas conducciones, sentando al mismo tiempo las bases para las que tienen que llegar a ocupar su tiempo histórico? 

¿O acaso no nos animamos a ir al frente y preferimos quedarnos en la cómoda creyendo que Cristina nos va a iluminar? 

Nooo, queridos compañeros: si no somos capaces de generarnos luces nuevas nos aguarda una larga noche.



lunes, 25 de julio de 2016

¿Y nosotros, para cuándo?



En esta ronda de reportajes amigables, donde el presidente sabe que no deberá responder una sola pregunta que lo incomode, ha dicho ayer, conversando con Morales Sola que las inversiones no están llegando porque, en primer lugar se requiere una justicia laboral más equitativa, o sea que no esté orientada básicamente a defender los derechos de los trabajadores ¿Tamo? También planteó que otro de los motivos que ahuyentan las inversiones que, según él, ya deberían haber llegado, es el peronismo. Macri dice que en los países que visitó recientemente la pregunta que le hacen es "¿Y después de usted, qué?" a lo que respondió que la respuesta la tiene la oposición porque todos saben muy bien qué piensa él y su partido.

Dicho en otros términos, ahora Macri responsabiliza a la justicia laboral y al peronismo por la no llegada de las inversiones que él mismo pronosticó que llegarían antes de finalizar el primer semestre. Ahora resulta que la culpa es de otros. Una movida del arco constante en base a una catarata de excusas que nadie se las cree, para tratar, junto a los medios afines, de explicar lo inexplicable. Pero también admitió, por primera vez, que no le escaparía a una reelección, algo que ya todos sabíamos...


Todo esto no hace más que profundizar la necesidad de ver cómo avanzamos lo antes posible en la generación de una oposición que negocie pero no trance, como lo viene haciendo hasta ahora. Las elecciones están a la vuelta de la esquina ¿Qué estamos esperando? ¿Que venga quién a decirnos qué tenemos que hacer? ¿Y nosotros? ¿Acaso no tenemos capacidad para opinar, para presionar y para decidir qué queremos?

miércoles, 13 de julio de 2016

¡Vamos los que no nos resignamos!


Hace días que sigo la actualidad política desde un costadito y, la verdad, es asombroso: Se percibe un gobierno que no da pie con bola, al que la crisis se le agiganta minuto a minuto sin que se haga nada para pararla y por el lado de la oposición tampoco se nota una acción política sobria. Los hechos se suceden y el ciudadano encuentra cada vez menos motivos para creer en algo distinto, al menos superador a lo que se vive. El peronismo sigue siendo objetivamente el principal sostén de Cambiemos y sus sectores minoritarios que se oponen siguen sin proponer nada nuevo. Ante este panorama, quienes estamos en la oposición franca nos encontramos como en una calesita que recorre lugares comunes, ya conocidos y en muchos casos habiendo comprobado hace rato su ineficacia.
Creo que hay que parir un nuevo concepto opositor, aunque no sé cómo se hace. Lo único que tengo claro es que por medio de lo conocido no podremos gestar una nueva forma de acumulación política. La Cámpora y su alrededor no está capacitada para liderar lo que se necesita. Lamentablemente hoy expresa más de lo mismo.
Dejo aquí el planteo, para que aquellos a quienes les interesa protagonizar un nuevo tiempo político se suban al texto y lo explayen todo lo que crean necesario. Lo urgente es aliado de lo nuevo pero lo nuevo no nacerá solo, hay que ayudarlo y para eso es necesario entender que los armados políticos tienen fecha de vencimiento, entendiendo entonces que todo lo que se armó para bancar a CFK en el gobierno ya no tiene sentido en los nuevos tiempos que se avecinan. Las pruebas las vemos a diario.
¡Vamos los que no nos resignamos!

sábado, 13 de febrero de 2016

Demonización de la palabra “militante”


Lenin escribió alguna vez que lo que no se detenía jamás era la lucha ideológica y la nota de Clarín titulada “Memorias de una no militante de los años 70” lo viene a reconfirmar 100 años después. Saben que no basta con haber ganado las elecciones ajustadamente y que necesitan edificar un corpus político e ideológico que dé soporte al modelo de los mercados, por eso trabajan sin descanso en la demonización del capital político más valioso de kirchnerismo que son las decenas de miles de adherentes que sostuvieron y sostienen la experiencia de Cristina en Casa Rosada. Para lubricar comunicacionalmente la descalificación de todo lo referido al kirchnerismo meten todo ese apoyo de características diversas dentro de la palabra “militante”. Así como un “militante” de los setenta pudo ser un pibe que abrazó la lucha armada (los menos) o alguien que realizaba trabajos sociales en barrios humildes, trabajaba en las facultades o en tantos lugares pero sin conexión con las organizaciones armadas, hoy se cataloga como “militante” tanto a un joven que integra La Cámpora como a una docente que sin militancia territorial defiende las ideas del kirchnerismo. En suma, “militante” ya no significa trabajar por las ideas de una fuerza política sino “ser un K”. Se llega así a un escenario donde la palabra por si misma ya contiene su propia condena.
Ser militante es malo porque lo malo es cuestionar el actual estado de cosas. Lo malo es pretender construir un país más inclusivo porque eso requiere inexorablemente tocar privilegios de los sectores dominantes. Lo malo es querer cambiar, lo malo es señalar en qué cuevas conceptuales se esconden los poderosos porque, en una de esas, se puede hallar la metodología política para llevar a cabo las transformaciones necesarias. Por eso el trabajo ideológico contra la política entendida como acción de conjunto a favor de los de abajo y en contra de los de arriba. Por eso notas como la hoy seguirán saliendo, quizá en cantidades crecientes, pues necesitan imperiosamente aislar a los militantes, señalarlos, estigmatizarlos para que su palabra deje de ser escuchada y sus textos leídos. Necesitan edificar la imagen de un puñado de fanáticos cuya prédica no traspase los límites de la secta de manera que no infecten a la gente “del país normal”.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Fotos de Silvia


Fotos de Silvia con Lorena, con Cristina, con los cumpas del MPB, fotos en la calle, fotos en marchas y concentraciones, en fiestas. Las fotos de Silvia siempre suceden en lugares públicos y en festejo militante. 



Porque fue uno de los tantos protagonistas de un tiempo de encuentros en donde todos los que veníamos de diversos ranchos y querencias políticas nos fuimos apapachando, juntando en esto que armaron Néstor y Cristina. La flaca fue una más, pero con luz propia: todos la conocíamos y queríamos mucho, al menos en mundillo porteño.



Si hoy recorrés Facebook, no vas a encontrar una foto de Silvia en un espacio cerrado y solemne. Siempre la vas a encontrar festejando. Siempre. En pizzerías, en bares, regresando de la marcha, de la Plaza. Las fotos de Silvia están pegadas a la Plaza de Mayo. De hecho, creo que la última vez que la vi fue en Plaza de Mayo. 



En todas las fotos que están colgando aparece la calle, aparece la Plaza, la pizzería, la reunión de militantes y en los ojos y esa mirada hermosa que tenía, aparece como una marca de fábrica de identidad, la alegría.



Porque el kirchnerismo ha sido sobre todas las cosas, un momento de alegría; un momento de encuentro donde quienes nos fuimos reuniendo teníamos muy claro que por fin estábamos pudiendo canalizar toda esa leche retenida. 



Sentíamos que por fin podíamos darle cause a las ganas del que quería escribir, pintar, aportar desde su profesión o sus ganas. Cada uno encontró en el kirchnerismo la posibilidad de decir “Puta, ahora se puede”.



Y la sonrisa de Silvia, las fotos de Silvia, son un testimonio irrefutable de todo esto que estoy diciendo.


sábado, 6 de abril de 2013

La sorda batalla de lo "apartidario" contra la política


El complejo cívico-militar que hegemonizó la escena política argentina desde 1955 a 2003 se anotó varios triunfos. El primero – y por lejos el más significativo – fue invisibilizarse, camuflándose centralmente en el entramado de grandes medios hegemónicos desde donde fue modelando día a día y minuto a minuto, el sentido común de buena parte de los argentinos. Los resultados están a la vista y pudieron observarse en el entrelíneas que dejó la nota del periodista Juan Miceli al referente de La Cámpora Andrés "Cuervo"  Larroque. Cuando el periodista le plantea al diputado que la solidaridad con los inundados es una “causa nacional apartidaria” no hace otra cosa que exponer una de las principales victorias discursivas de ese complejo cívico-militar: la noción de que la solidaridad debe ser apartidaria, algo muy distante a pensarla como algo “multipartidario” y “multisecorial”, pero no es casual. Conceptualmente lo “multisectorial” refiere a las sumatoria de todas las organizaciones sociales y en ese colectivo están las fuerzas políticas. En cambio lo “apartidario” niega el sentido de sumatoria de las diversas fuerzas y organizaciones de la sociedad civil. Es que el plan fue convencernos de que la solidaridad debe ser gestionada por instituciones que, según esa lógica, “no persiguen fines políticos e ideológicos” como la iglesia y sus satélites. Esto se complementó con los golpes de estado y la gestión del gobierno nacional a cargo de las fuerzas armadas, que, como sabemos, tampoco hacían política...

El punto es que acá tenemos un hueso muy duro de roer ya que resulta muy costoso hacerle entender a mucha gente bien intencionada que la iglesia es la institución milenaria que más política ha hecho y hace. Tantas décadas de denostar a la política partidaria y de contraponer entonces lo “apartidario” como superador de “lo político” ha generado las condiciones propicias para que luego sectores importantes de la ciudadanía reproduzcan mecánicamente esa suerte de sentido común ante determinadas situaciones críticas.

Esto se complementa con el también muy extendido razonamiento de que si se colabora desde la militancia política no ocultando la identidad, en realidad se persiguen los más espurios y perversos fines electoralistas cuando en realidad lo que intenta expresar la militancia kirchnerista es una práctica de “democracia participativa”, la misma de la que tanto se hablaba durante la reapertura democrática, cuando hasta el mismísimo presidente Raúl Alfonsín repetía que la democracia no consistía solamente en votar cada dos años, que había que comprometerse con la modificación de la realidad en el barrio y en los distintos frentes de masas. Pero de poco sirvió. La identificación partidaria sigue generando rechazo, como también la política engendra rechazo en esa porción de la sociedad que por default abraza lo “apartidario”. Varias las décadas de martilleo han dado frutos.

Después irrumpe el acoplado de los prejuicios, donde el más repetido es “que lo hacen para ganar elecciones”. Claro, mucha de la gente que reproduce esa idea no sabe que La Cámpora o el Movimiento Evita realizan permanentemente el trabajo militante en los barrios, por eso se asombraron cuando apareció Emilio Pérsico manifestando su alegría por el nombramiento de Jorge Bergoglio como Papa pues le reconoce que siempre estuvo estrechamente vinculado a los curas villeros con los que el Evita trabaja codo a codo todos los días.

Se está librando una batalla sin cuartel en torno a la política o si quiere sobre qué tipo de política queremos para nuestro país. Por un lado está la política del complejo cívico-militar, que fue la que imperó durante décadas, por el otro la que desde el 2003 se está intentando modelar al calor de la experiencia kirchnerista. Esa es la gran batalla que tras bambalinas se viene dando en la Argentina del presente y de cuyo desenlace depende la orientación que tendrá nuestro país en las próximas décadas.

sábado, 17 de noviembre de 2012

No me vengan con "cibermilitantes"

El militante pone el cuerpo en un frente de masas específico. El militante pugna por ser la cabeza del frente  en el que se desenvuelve. La militancia, además, va modelando las ambiciones de poder del militante. El militante se va preparando para la gestión pública dentro de su espacio de participación.

El militante es Hardware, es tocable. El "cibermilitante" es Software, es un nick.

Porque eso que se denomina "cibermilitancia" es un atropello al sentido de las palabras. Twittear o escribir en un blog está lejísimo de ser un acto de militancia. Yo, por ejemplo, no soy un militante. Simplemente soy un periodista que utiliza las redes sociales para exponer ideas.

Es como esos programas de radio que le dicen a la audiencia "llamá y participá". Nooo, vos participás si tenés posibilidades de incidir en la línea editorial de ese programa. Si no, a lo sumo será un oyente atento que se moviliza por lo que pasa en ese programa.

El militante busca tomar el poder, el que opina en las redes, opina en la redes, en soledad (salvo que tener 70 conectados en el Face sea estar acompañado)

Hace un tiempo hubo un brote de "cibermilitancia" K que por suerte se desinfló. Ahora viene creciendo el frenesí "cibermilitante" en el PRO. Todos en nuestras casas con nuestra notebooks tecleando por un mundo sin enfrentamientos ni odios...

Ojo.

Es como echarse un buen polvo y compararlo con mirarse por la webcam y toquetearse. Será una forma de sexo (lo es), pero coger es otra cosa.

lunes, 30 de julio de 2012

Toda cultura es política




En noviembre del año pasado nosotros, el Vatayón Militante, organizamos una jornada cultural en el local que nos prestaban en Corrientes y Dorrego, Chacarita, dentro de la Comuna 15.
A ese evento, fueron invitados e invitadas personas privadas de su libertad, que participaban de los talleres formales de educación de diferentes penales bajo la órbita del Servicio Penitenciario Federal, cuyo director es el compañero Víctor Hortel.

Una semana antes del evento, se hicieron presentes agentes del Servicio a analizar, chequear y detectar qué cuestiones de seguridad eran pertinentes para poder a llevar a cabo dicha gesta, dicho encuentro, dicha situación.

El día, finalmente llegó.
El gran despliegue de camiones del SPF, agentes con sus ropas de trabajo y autos particulares, llamaron la atención del barrio.
Ingresaron las personas privadas de su libertad al local y se dividieron en sectores.
Cada uno de los sectores, tenía como consigna a un mínimo de cinco guardias, todos ellos, adentro del evento, vestidos de civil.

En esa jornada, sólo se sirvió pizza y gaseosa, estando terminantemente prohibida la venta de cualquier tipo de bebida alcohólica.

Vinieron internas que bailaron sus danzas típicas regionales, vino Olga Guzmán, la interna también famosa que leyó sus poemas editados.
Hubo un número de tango para todos nosotros, y luego un número de percusión a cargo de la gente de educación del penal de Ezeiza.

También hubo otros números musicales, y un karaoke en el que cantábamos personas privadas de su libertad y personas privadas del encierro.
Todo dentro del marco de una jornada cultural.
Y como toda la cultura es política, y nosotros no escondemos nunca nada, hacemos política y la política la planteamos, entre otros aspectos, desde la cultura.

Así, se dieron momentos de enorme compañerismo, de inclusión y visibilización: el evento fue publicado una semana antes y la convocatoria era abierta a cualquiera que quisiera venir, de cualquier lugar, con entrada totalmente gratis.
Fue uno de los eventos a los que más gente concurrió, en la historia del Vatayón.

Y para nosotros, cada uno y una de las personas privadas de su libertad, son exactamente iguales: ya fueron condenados o están esperando una condena o un veredicto por el delito que cometieron o no.
Desde ese lugar, desde la deuda social que debe recoger la sociedad y con ésta, la militancia, es que trabajamos con todos los internos e internas, en igual condiciones.
Jamás nosotros preguntamos a ninguno o ninguna por qué están en una cárcel, pero siempre les pedimos que nos pregunten a nosotros por qué y para qué estamos allí, y si un caso tiene relevancia pública, es una cuestión incidental: todos y todas las personas privadas de su libertad, son exactamente iguales.

La respuesta, con aristas, es siempre la misma: estamos allí porque creemos en un proyecto de país inclusivo, de igualdad, justo y soberano.
Un país y un estado que está trazado por la matriz política desde que Néstor nos devolvió a todos a la decisión como un factor determinante.
Un gobierno en el que Cristina nos enseña día a día que el único agente de cambio es la política.

Y porque creemos y sabemos que la cultura siempre es política, hacemos política desde la cultura.
Porque todo es política.
Cada decisión es política.
Cada momento en el que interactuamos con otra persona en cualquier estrato, es política y cuando dejamos de hacerlo, también estamos haciendo política.

Porque la política es decisión.

El Vatayón, por otro lado, no decide quién viene y quién no: eso lo decide en primera instancia el interno que se anota en el evento, y luego debe ser autorizado por cada juez en particular, de cada juzgado en especial, analizando cada caso específico y el juez es quien firma esa salida transitoria, que es parte del derecho de la persona privada de su libertad.


Completo acá
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miércoles, 12 de octubre de 2011

El debate que interesa


A partir de esta nota de Hernán Brienza, publicada el domingo pasado en Tiempo Argentino se suscitó un debate muy interesante que se puede ver en el blog de Juan José Salinas, donde hay opiniones muy jugosas de Teodoro Boot y el compañero treslomense Néstor Lafleur (que se crió a la vuelta de casa)

La verdad, la verdad es que me parece una de las discusiones más jugosas que se pueden tener en estos tiempos porque de sus conclusiones depende y mucho el futuro ya que, como sabemos, Cristina no es eterna.
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martes, 15 de marzo de 2011

Un clima de reapertura

Como les comenté días pasados, vengo participando en "Belgrano K", un espacio que convoca a todos aquellos que banquen el proyecto liderado por Cristina. Es notable observar cómo se multiplican semana a semana los adherentes con la particularidad de que es gente que anda entre los 50 y los 70 años, mayoritariamente profesionales de origen peronista que en muchos casos se habían alejado de la militancia y ahora regresan a la acción.

Se huele cierto aroma a reapertura, a regreso, a volver a retomar la lucha, por momentos parece que estamos en 1982/83 donde nos íbamos reencontrando después del horror, bueno, en definitiva en aquellos tiempos comenzaba en todo caso el retiro militar pero las consecuencias seguirían por décadas. Aquella reapertura democrática condicionada, planificada con mucha sutileza por el establishment, nos devolvía la institucionalidad en sus aspectos formales pero a poco de andar comprobaríamos que las consecuencias más que nada ideológicas de la reconversión iniciada en 1976 seguirían haciendo estragos en el campo popular. Vendrían los noventa como coronación de todo un proceso de fuerte avanzada sobre la sociedad argentina que fue derivando de derrota en derrota, a los tumbos, hasta que luego del desenlace previsible del 2001 comenzaron a cambiar poco a poco algunas cosas, por eso este clima de retorno, por eso estas ganas de cinchar para que nos nos roben la esperanza nuevamente.

El proceso de reconstrucción es lento, entre otras cosas porque está todo roto y ello exige mucho pero mucho talento para inventar nuevas formas de organización, por ejemplo en lo institucional, en la orgánica, pero las señales que se están emitiendo son realmente alentadoras. Ayer me pasó, por ejemplo, de encontrarme con tres personas que ya conocía de los años en que trabajaba en la FM Latinoamericana. Es fuerte que aquellos que nos acovachábamos en una FM barrial en plena hegemonía menemista hoy nos encontremos en espacios colectivos que tienen como objetivo central apoyar decididamente a Cristina y profundizar el modelo kirchnerista.

Estamos saliendo de la cueva. Ojalá tengamos la inteligencia y claridad política para que no nos manden de vuelta a casa, que es la forma audaz en que el enemigo nos imprime su victoria.
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lunes, 4 de octubre de 2010

Sobre la ciber-militancia



El suplemento Radar de Página/12 publicó ayer esta muy interesante nota del periodista norteamericano Malcolm Gladwell sobre el ciber-activismo político que desde ya recomiendo porque buena parte de los lectores del blog participan activamente del fenómeno de las redes sociales y de una u otra manera están (estamos) siendo interpelados sobre su funcionalidad.

La nota termina con este párrafo que posiciona claramente a Gladwell ante el fenómeno:


"Las redes sociales hacen que sea más fácil para los activistas expresarse, y más difícil que esa expresión tenga un impacto. Los instrumentos de las redes sociales están muy bien preparados para hacer que el orden social existente sea más eficaz. No son un enemigo natural del statu quo. Si usted es de la opinión de que todo lo que el mundo necesita es ser pulido, esto no debería preocuparlo. Pero si piensa que todavía hay barras como la de Greensboro que necesitan integrarse, debe llamarlo a la reflexión."


Por mi parte, creo que estamos siendo acechados por el riesgo de confundir algunos roles. Me refiero específicamente a qué entendemos por "militancia". Cuando leo o escucho a mucha gente definirse como "ciber-militante K" o "ciber-activista" siento que podríamos caer en una trampa porque estaríamos cediendo ante una pertinaz descomposición del sentido de las palabras muy en boga en nuestros días. Militancia es una cosa muy distinta a sentarse frente a una PC y debatir en las redes sociales.

A lo largo de la historia, una de las características centrales de la militancia política fue, además de la acción social y reivindicativa, la cuestión del poder. Uno militaba para “hacer algo por lo demás” pero dentro de una organización, esto significa que además del trabajo político y social para afuera, para adentro se desplegaba una lucha por espacios de poder de la estructura. Es en estas pujas al interior de los partidos políticos donde se van macerando los nuevos dirigentes. Militancia es trabajo en el barrio u otro frente social combinado con debate interno respecto a la línea política de la fuerza.


Poco y nada de estas características se encuentran en lo que hoy se denomina “militancia digital”, primero porque no hay trabajo social en ningún frente social y segundo porque no hay canales orgánicos para dar la discusión. Otra de las características de la denominada militancia digital de este tiempo es que se reduce en buena medida a comentar hechos de la coyuntura y prácticamente no se debate la línea política de la fuerza a la que se apoya. En el caso de los denominados ciber-militantes K prima además cierta sujeción, cierto acatamiento acrítico de las decisiones del gobierno., si se me permite, una excesiva complacencia.

Conozco por cierto muchísimos militantes que han asumido la internet 2.0 como un recurso más. Creo que son los que tienen más clara la cosa, aunque siempre surgen debates como los que hemos tenido en varias reuniones de blogueros sobre si organizarnos o no y ahí han saltado chispas. En mi caso siempre descreí de participar de una organización de ese tipo básicamente porque no puedo arrogarme la representación de los lectores puesto que sin contar los que no acuerdan en nada pero leen el blog, incluso con los que en líneas generales se comparte una visión positiva del gobierno, también tenemos nuestras profundas diferencias tácticas.

Se me ocurre, en definitiva, que no hay que creer que twitteando, facebookeando o discutiendo en los blogs se milita y me parece (ojalá esté equivocado) que hay mucha gente que de buena fe cree que entrando un par de horas a las redes lo hace. Me preocupa cómo se le pervierte el sentido a las palabras, como cuando desde las  radios te dicen "llamá, participá dejando tu mensaje en tal número" En realidad el concepto de "participación" es muchísimo más amplio y profundo. Participar implica ante todo cambiar, mover, operar sobre una deterninada realidad. El llamado a la radio no cambia nada, si hasta incluso depende de que la producción del programa lo apruebe o no, lo deje tal cuál está o lo recorte y en consecuencia recién luego lo ponga al aire o lo elimine. Incluso está en discusión si los oyentes que recurrentemente llaman a las radios más del palo encarnan un nuevo tipo de "militancia" o si como sostiene alguna visión corrosiva son personas que gustan de escucharse a sí mismas...

Es un debate muy actual y por ende apasionante puesto que no hay grandes teorías al respecto. Somos actores que en base a nuestra propia práctica vamos delineando una forma de interactuar con las novedades que nos suministran las nuevas tecnologías.

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