viernes, 9 de julio de 2010
Mercedes Sosa
jueves, 8 de julio de 2010
Esta noche le festejamos el cumple a la tía Mercedes
viernes, 19 de febrero de 2010
Ariel Ramírez: Un inoxidable de nuestra música
Tengo un momento grabado muy cariñosamente en mi memoria y es cuando en el año 2000 Jorge Lanata entrevistó a Charly García en “La Luna”. Fiel a su estilo de sarasear de lo que no conoce, el gordo desvalorizó de una manera muy zonza a Ariel Ramírez, generando una refutación de una sencillez y honestidad por parte de Charly que me hizo sentir vergüenza ajena.
Tengo también el recuerdo de un chiste cuya mordacidad encubre una gran injusticia: Ese chiste hablaba de un aviso clasificado que decía:
“Vendo piano, poco uso en el medio”
Firmado: Ariel Ramírez.
Esta humorada, seguramente un invento de uno de esos burócratas de las teclas que tocan rapidísimo pero nunca una página propia, me hizo reír mucho y al mismo tiempo me generó –y genera- muchísima bronca porque desconoce la importancia casi fundacional de Ariel Ramírez en la investigación y desarrollo de nuestro folklore.
No hay que olvidar que todo lo referido a nuestra música popular está muy fresco en el tiempo. No hay que olvidar, sin ir más lejos, que por ejemplo fue “El tata” Farías Gómez (el padre de Chango y Marián) uno de los primeros buceadores en cómo tocar una chacarera o una zamba con el piano. Hay que analizar los comienzos y el desarrollo de nuestro folklore desde una perspectiva histórica y ver, entonces, que cuando arrancaron tipos como Yupanqui, Ramírez o Adolfo Abalos casi no había referencias, casi no había “pasado” y por supuesto no existían ni libros ni teoría ni nada. Todo había que inventarlo, todo debía ser escrito, todo debía ser fundado. De ahí es que quien ha muerto es fundacional a nuestro folklore.
Sucede que cuando analizamos a músicos como Ariel Ramírez nos cuesta horrores situarnos en los tiempos en que arrancaron. Si lo lográsemos, veríamos que el desarrollo obtenido en la música de raíz folklórica cuando fallece Ramírez es inmenso desde todo punto de vista en relación a los tiempos en que grabó su primer disco de 78 R.P.M.
El alemán Joachim E. Berendt, uno de los mejores críticos de jazz de la historia supo escribir que contrariamente a lo que pueda pensar cualquier fanático de la vanguardia jazzística, Louis Armstrong fue mucho más revolucionario que Charlie Parker o Miles Davis por la sencilla razón de que los cambios introducidos en el desarrollo del jazz entre el tiempo en que él comenzó a tocar y el tiempo de su retiro fueron muchísimo mayores que los cambios introducidos por Bird o el mal llevado de Miles.
Algo similar ocurre con Ariel Ramírez. Nosotros crecimos con Alfonsina y el mar, con La Tristecita, con la Cantata sudamericana. Nosotros crecimos con ese disco que grabó junto al Conjunto Ritmus, una formación de percusión sinfónica que por primera vez se reunía con un músico popular para amalgamar ambas corrientes. Pero todo eso tuvo que ser inventado, debió pensado alguna vez. Por eso nos cuesta tomar conciencia de la anchura y la profundidad de la obra de este pianista y por eso el mejor homenaje que se le puede hacer a don Ariel es tratar de entender lo complejo que era componer y tocar nuestros ritmos cuando casi no había referencias.
Su hija Laura me contó alguna que ella era chiquita cuando lo acompañaba al estudio de grabación de la Phonogram, en Freire y La Pampa, donde ahora está el Colegio Pestallozzi. Para grabar en aquellos tiempos tenían que respetar los horarios de los trenes y parar cuando pasaban porque afectaban la grabación. Esta anécdota, que da una imagen de suma precariedad en lo tecnológico quizá sirva para que nos demos una idea y entender desde dónde arrancaron estos tipos.
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lunes, 5 de octubre de 2009
Los recitales de Mercedes en el Opera | 1982
En la producción previa grabé una larga conversación telefónica con José Luis Castiñeira de Dios, que era por entonces su director musical.
De esa charla extraje unos 25 minutos hasta ahora inéditos donde José Luis describe con gran precisión el contexto represivo en el que se desarrollaron esos recitales, cuenta la etapa previa y lanza definiciones musicales de altísimo valor sobre Mercedes, también sobre Domingo Cura y sobre el gran guitarrista Omar Espinoza, uruguayo radicado hace muchísimos años en Francia, quienes junto a él fueron el soporte musical de aquellas noches que se transformaron, además, en una suerte de certeza de que la democracia no estaba tan lejos.
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domingo, 4 de octubre de 2009
Mercedes Sosa, la tía Mercedes
2) Están los cantantes y los grandes cantores populares. Ambos reunen las mismas condiciones desde el punto de vista técnico, pero los "cantores" tienen algunos dones que les han sido amarreteados a los otros. Hay buenos cantantes, con técnica depurada y afinación justa a los que les falta ese don de comunicación que es el componente central del ADN de los "cantores".
Y no sobran, eh, para nada.
La especie humana se toma sus tiempos para alumbrarlos: Frank Sinatra fue uno de estos casos; Edith Piaf fue otro y por supuesto nuestra Mercedes, la tía Mercedes.
Los grandes cantores populares son una exquisita minoría porque reunen todas las condiciones técnicas que requiere la música pero además tienen ese plus de comunicación, de sensibilidad que les falta a otros. Esto se comprueba, sin ir más lejos, cuando se escucha a figuras como, por ejemplo, Plácido Domingo cantando boleros o tangos: Los cantan bien desde el punto de vista técnico, pero con una frialdad que congela el auditorio.
Porque otra gran condición de los grandes cantores populares es que tienen muy pero muy claro que no pueden meterse en todos los géneros. Mercedes, la tía Mercedes no cantó boleros, por ejemplo, incluso cantó pocos tangos porque sabía que no era su territorio y que aunque lo hiciera bien desde el punto de vista técnico, le faltaba ese "olor a pizza" que es la condición básica para interpretar la música de Buenos Aires al decir de Astor Piazzolla.
En la canción popular hay que decir, hay que contar, hay que transmitir y colorear. En eso los grandes cantores populares son tocados por la varita mágica, y Mercedes, la tía Mercedes, tuvo la suerte de ser tocada por varias.
3) Los grandes cantores populares tienen un nivel altísimo de sensibilidad en sangre que les permite descubrir entre centenares de obras aquellas que su voz inmortalizará.
Nada tiene tanta potencia comunicacional como las canciones pero qué sería de ellas sin esos transmisores ultra potentes que son las figuras como Mercedes, la tía Mercedes.
Saber seleccionar el repertorio es central para un cantor popular, incluso los hay no tan buenos que tienen la virtud de seleccionar repertorios insignes y eso disimula sus flaquezas, como también hay cantantes muy buenos que les cuesta horrores seleccionar obras que de una forma u otra los distingan y singularicen. En esto, Mercedes la tenía clara como pocos.
4) Una vez seleccionado el repertorio el cantor popular debe someterse a una especie de transfusión de modo que la historia de cada canción circule antes por sus venas y de varias vueltas por el corazón para recién luego llegar a las cuerdas vocales. Sólo así se logrará sacar de adentro todo lo que la canción exija. La canción irá rasqueteando las entrañas del cantante, buscando las nutrientes que considere adecuadas. Irá tomando todo lo que el cuerpo pueda darle y recién cuando se sienta lo suficientemente fértil se colocará en la garganta para salir con la debida potencia expresiva de modo de garantizarse la penetración en la mayor cantidad de almas posibles y así reproducirse indefinidamente de generación en generación
Todo esto les sucede a los cantores populares cuando las canciones comienzan a penetrarlos, y no vaya usted a creer que es fácil andar luego por la vida sabiendo que se llevan adentro decenas de obras fermentando; sabiendo que el cuerpo es al fin y al cabo una suerte de campana de cristal que está protegiendo a estos puñaditos de letras concatenadas con notas que algún día serán canciones que los pueblos entonarán aquí y allá.
5) La voz, la expresión y el fraseo requeridos para cantar una chacarera festiva no tiene nada que ver con las exigencias que impone una vidala, mucho menos con lo que pide una cálida tonada mendocina (nadie cantó mejor que ella las tonadas)
A menudo Mercedes, la tía Mercedes, lloraba después de cantar determinadas obras que la desgarraban pero que igual las interpretaba porque en cierta medida entendía que estaba obligada a hacerlo, que para eso había venido a la tierra. Sentía que su lugar en el mundo era el de comunicar historias, el de popularizar canciones que llevaran un mensaje a su pueblo y a la humanidad.
6) Al fin y al cabo, pocas cosas ha inventado el hombre más contundentes que las canciones. Hacer canciones es de lo más difícil que hay en la música popular porque en un lapso generalmente no mayor de 5 minutos hay que contar una historia que tenga un sentido y un mensaje y que al mismo tiempo contenga una sucesión de notas que la hagan pedadiza como para que la gente cante aunque sea sus estribillos.
Pero las canciones requieren sí o sí el concurso de los cantores populares. Violeta Parra compuso, entre tantas maravillas, "Gracias a la vida" y "Volver a los 17". Pero se me ocurre que esas canciones verdaderamente tomaron "estado público universal" cuando las cantó Mercedes, la tía Mercedes.
Violeta las cantó con sus entrañas, pero fue Mercedes, la tía Mercedes, quien vino con la franela y les sacó el brillo que las obras contenían y que quizá ni la propia autora hubiera podido hacer relucir.
Es que hay autores que se las arreglan para popularizar sus obras (Serrat, por caso) pero a la gran mayoría les cuesta horrores difundir sus creaciones.
Acá viene una Mercedes, la tía Mercedes, dulce, tierna, con una voz lo más cercana posible al susurro. Acá viene la cantora transmitiendo con toda su miel una simple letra de amor.
A continuación una Mercedes, la tía Mercedes, fiestera revoleando su figura en una típica zamba festiva donde lo descriptivo ocupa el primer lugar:
Y ahora la misma Mercedes, la tía Mercedes, pero "poniendo lo que hay que poner" para hablar de la explotación, el trabajo mal pago y el abuso patronal.
8) Estos son algunos de los motivos que engrandecieron a Mercedes, la tía Mercedes. He aquí las razones profundas de porqué hoy buena parte de la Argentina y el mundo siente que se quedó sin voz.
10) Terminó el análisis. Ahora sólo resta ponerme a llorar.
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viernes, 9 de noviembre de 2007
Qué es lo que pasa camaleón...
Vuelvo al disco, que contiene, entre otros temas, joyas como El Alazán, de Yupanqui; Triunfo Agrario, de Isella y Tejada Gómez; Cuando tenga la tierra, del querible Ariel petrocelli y la chacarera antes citada. Escuchar a Mercedes, por ejemplo en El Alazán paraliza. Su calidad interpretativa, su fina sensibilidad para captar el sentido profundo de lo que el autor quiso decir –en este caso la tristeza por la muerte de su caballo- vuelve a ratificar porqué esta mujer hizo historia en nuestro canto popular.
Lo mismo que cuando recita en "Cuando tenga la tierra":
De pronto, y como la memoria se empecina en cagarme los buenos momentos recordé su apoyo a Mauricio Macri allá por 2003. Y eso me refrescó una nota que publicó Norma Morandini exactamente el 17 de julio de ese año en la revista Veintitrés. El titulo era “Cambia, todo cambia” y en un ejercicio de malversación histórica e ideológica con pocos precedentes, Morandini intenta justificar la adhesión de su amiga Mercedes Sosa a la candidatura de Macri usando de coartada al chileno Julio Numhauser, autor de la canción “Todo cambia” que inmortalizó la Negra. Mediante una interpretación mañera y rebuscada de esa letra., Morandini lanza como mensaje que así como Numhauser hoy es agregado cultural de la embajada chilena en Suecia, siendo que fue uno de los fundadores de Quilapayún y estuvo ligado a los sectores mas radicalizados de la izquierda chilena ¿Porqué la buena de Mercedes no puede apoyar la candidatura del joven Macri si los tiempos han cambiado y ha corrido mucha agua bajo los puentes?
Digamos desde ya que el sentido de la letra de “Todo cambia” no da para un ejercicio tan acabado de manipulación y tergiversación histórica y conceptual.
Julio Numhauser no pasó de Quilapayún a trabajar en la embajada chilena en Suecia en tiempos del pinochetismo ¿se nota la diferencia? Ejercía allá por 2003 la agregaduría cultural de la embajada para un gobierno democrático y socialista. Mercedes Sosa, en cambio, pasó de embanderarse con las luchas antiimperialistas del continente, de gritar “Viva Tucumán, menos uno” al apoyo a un empresario ligado a lo mas oscuro de la última dictadura militar.
Dignidad y dialéctica en Numhauser. Descrédito para la tucumana. Lamentable y doloroso, pero cierto.
Ahora que se anda rumoreando que Morandini estaría mudando –con su banca, como corresponde a toda borocoteada- del juecismo a la Coalición Cívica uno se pregunta si utilizará alguna canción para camalonear el saltito.
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