Acabo de terminar “Diario de la Argentina”, esa novela imperdible de la que ya les hablé y que recomiendo fervorosamente a todos aquellos que busquen elementos para comprobar las mentiras de la “prensa libre”
Al cerrar el libro explotó en mí una pregunta:
¿Desde qué lugar nos hablan de “libertad”, “objetividad” e “independencia” estas empresas y sus figurones?
¿Desde qué lugar nos habla alguien que se miente de lo más independiente de todo el periodismo patrio, pero se brota cuando se entera que la empresa donde trabaja anda especulando con instalar en la FM y en su misma franja horaria a un colega que se quedó sin aire?
¿Desde dónde nos hablan las grandes empresas periodísticas que aprovecharon la dictadura para asociarse al Estado y controlar nada menos que el negocio del papel?
¿Desde dónde nos hablan empresas que prohibieron la actividad gremial y han echado a decenas de periodistas por cuestiones sindicales?
¿Desde dónde nos hablan los grandes medios que mandan a sus lenguaraces a boconear “Dictadura” a un gobierno que se bancó casi una elección plebiscitaria cada dos años cuando ellos ni siquiera tienen la entereza de publicar cómo están compuestas sus sociedades y quienes son sus accionistas?
¿Qué legitimidad tienen estas empresas para erigirse en catadores de la calidad democrática cuando tienen su historia manchada de verde? (y su presente también aunque este verdor sea de origen más agrario)
Trate usted de saber quienes son las 10 cabezas principales de Clarín o La Nación. Si no cuenta con amigos en “el ambiente” fracasará estrepitosamente.
Trate usted de saber cómo seleccionan al personal, qué valores consideran importantes para ascender a sus empleados; Trate usted de saber cuánto cobran los gerentes, secretarios y figuras de sus canales y radios.
No conseguirá nada.
Pero resulta que diariamente formatean la sesera popular con sus consignas, sus slogans y sus sofismas.
¿Qué vara utilizan para juzgar democrático a Uribe y sospechar del compromiso democrático de Hugo Chávez y Evo Morales, que han dado sobradísimas muestras de someterse al voto popular para introducir reformas políticas de notable profundidad?
Siempre fue un gran contrasentido que en nuestra América dos organizaciones piramidales y tajantemente antidemocráticas en su estructuración se presentaran como baluartes de la vida republicana: La Iglesia y las Fuerzas Armadas. Ahora ha surgido otro poder colosal cuya fibra democrática directamente no existe. Los grandes medios hacen política (si alguien dijo con ingenio que en Argentina hay tres bloques políticos: El kirchnerismo, Clarín y La Nación) opinan, bajan línea y le miden el aceite a todo el mundo ¿Y ellos? O mejor dicho ¿Y a ellos quién los controla? ¿El rating medido por empresas propias?
Ya sabemos que la respuesta a esta pregunta se llama LEY DE RADIODIFUSION. Pero también sabemos que precisamente por eso no la hay y está en duda cuándo la pueda haber.
Mientras tanto se requiere por lo menos blanquear estas cosas, hay que sumar voluntades a la tarea de difundir quienes son los capitostes ocultos que manejan estos emporios fabulosos de prensa y difusión.
Un ejemplo: La desvinculación de Nelson Castro de Radio Del Plata sirvió para que se filtrara que este señor cobraba 140.000 pesos por mes, y supimos por un audio del Chavo Fucks en Continental que incluso habría solicitado un aumento en torno al 100 %...
Bueno viejo. Está todo dicho. No hay más que hablar. Que pase el que sigue.
Y bueno, así como esta filtración sirvió para desmitificar a un personaje que la iba de impoluto, muchas informaciones similares servirían para poner las cosas en su lugar.
Porque, y no jodamos, no podés jugarla de prócer virginal y llevarte ciento cuarenta lucas por mes. No no no. No sos creible, sos un impostor, un operador opositor.
Hay mucho por blanquear en Argentina y ahora le llega el turno a los medios. Y les llega el turno porque despacito la gente se va dando cuenta de que los medios son de alguien. Despacito despacito va menguando esa fe ciega que otrora se les tenía ¿Te acordás del “lo escuché en la radio”? Eso tenía por poco fuerza de ley. Si lo había dicho la radio era posta. Si hasta en el Café los lunes los parroquianos discutían si la falta había sido dentro o fuera del área cuando lo único que tenían como elemento probatorio era el relato de Fioravanti o el de Veiga…
Pero poco a poco el pueblo ve, escucha y elabora sus puntos de vista. Como cuando terminó la semana pasada la exhibición de la Mesa de los galanes
y en América y La Red lo primero que hicieron fue entrevistar a De Narváez –dueño de ambos medios- la cosa adquirió ribetes grotescos.
Y la gente ve todas esas cosas.
No se cuándo, pero el blanqueo mediático tendrá que llegar. Para poner las cosas en su lugar y para que se sepa desde dónde provienen los manijazos, las manipulaciones y las mentiras hechas verdades.
Para ver, en definitiva, cuántos quedan en orsay...
Marche urgente un telebeam!!