
Uno los ve desprotegidos, avejentados y no puede sustraerse a esa tendencia humana a la condescendencia respecto a los ancianos. Cuando los ahorristas corrieron a patadas por el microcentro a
Roberto Alemann en el verano de 2002 sentí algo parecido a la piedad, como que me puse de su lado por un instante: Era un hombre mayor atropellado por una horda de damnificados por las consecuencias de un modelo económico al que él en persona contribuyó a edificar y que seguramente había sido militantemente avalado por muchos de los que ahora lo matoneaban.
Pero igual sentí una "cosita" momentánea.
Verlo hoy a Martínez de Hoz da también cosita, como verlo al padre de la jueza Sarmiento y a tantos más. Están viejos, están acabados. A ver, tienen que ir presos si se prueba que cometieron delitos, ahora, que Martínez de Hoz vaya a la cárcel por un decreto aparece como medio forzado. No quiero entrar a discutir si firmó o no el decreto de Videla que ordenó la detención de Guthein, quiero discutir qué hacemos con todos los civiles que participaron conscientemente de la reconversión económico-social que se operó con el amparo de las bayonetas y cómo damos hoy la discusión con sus herederos. Porque Martínez de Hoz podrá pasar sus últimos días en la cárcel o en su casa pero eso no cambia en nada el marco de discusión con su cría, que no es poca.
Los jueces deben cumplir con sus funciones, obvio, pero nosotros, argentinos interesados en la cosa pública y en el bienestar de las mayorías debemos pensar un futuro, sin cometer el error de quedarnos estancados en el tiempo o pensando ilusoriamente que la prisión para Martínez de Hoz soluciona algo.
Martínez de Hoz preso es un mensaje, obvio, es una señal de justicia que nos acerca a un estado superior en términos de "calidad institucional". Un país que meta preso al ideólogo de una de las reconversiones socio-económicas más retardatarias de las que se tenga memoria, con los costos sociales que acarreó, es un país que indudablemente crece y eso hay que celebrarlo, pero tampoco tengo dudas respecto a que la mejor celebración es dar todos los debates que sean necesarios a fin de demostrar que los ejes troncales de todo lo que inició este dirigente nos conducen a un país para pocos.
La lucha política y económica que hoy se está librando en el país se está dando aún dentro del contexto que planificó Martínez de Hoz 35 años atrás. Todavía sigue rigiendo su ley de entidades financieras, sin ir más lejos, y la mismísima Sociedad Rural que lo entronizó en lo más alto hoy acumula niveles de legitimación política e ideológica sin dudas mayores que los que tenía tres décadas atrás.
Y eso no es poca cosa ¿no?
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