viernes, 17 de febrero de 2012
URGENTE!! Caparrós se opone que se venda su última novela
jueves, 6 de octubre de 2011
A Lanata y Caparrós le ganamos la discusión política
domingo, 22 de mayo de 2011
La malversación de la palabra "Censura"
Martín Caparrós escribe en Newsweek porque le pagan, no porque ejerza el derecho a la libre expresión que por ejemplo ejerzo yo al escribir en este blog. En mi caso, escribo acá lo que se me canta y no escribo de lo que no quiero y hasta el momento nadie me ha condicionado post alguno. Distinto es si un buen día una determinada publicación me contrata para que sea columnista. En ese caso se acordará una paga por mis columnas pero si algo está sobreentendido es que el medio se reserva para sí el derecho de publicar o no mi columna. Es más, hasta puede pagarla y dejarla en un cajón, algo que pasa cotidianamente en todos los medios del país. En suma, el medio tiene hasta la atribución de publicar o no lo que paga. En el caso de Newsweek, la nota fue publicada en su edición impresa y cualquiera que la hojee en un kiosco la encontrará. Luego, y por razones que desconozco, fue levantada de la edición online de la revista y nada hace pensar que se haya considerado inconveniente su contenido ya que no dice nada del otro mundo y no se diferencia de todas las que este medio le vino publicando semana tras semana a Caparrós en los últimos tiempos. Entedámonos: Martín Caparrós es (o lo era hasta la semana pasada) un columnista de Newsweek.
Me preocupa esto, me preocupa el explotar la buena fe de la gente y malversar el sentido de la palabra "censura" en un país que la ha sufrido en serio unas décadas atrás. Incluso hasta si la nota hubiese sido levantada porque Newsweek quiso ser "más papista que el papa" no podemos hablar de censura. Supongamos que una vez impresa, la nota fue considerada inconveniente. Ahí estaríamos ante una cuestión de poco profesionalismo por parte del editor que no chequeó bien el material, sabiendo, además, que es firmada por un férreo opositor al gobierno, y por eso decidió eliminarla de su edición online, pero nunca podemos decir que estamos ante un hecho calificable como cercenamiento de la libertad de expresión.
La censura es algo más profundo, más sistemático que el levantamiento de una columna de un sitio de internet. Con la liviandad de Caparrós, llegará un momento en que si mandamos una carta a un diario y no nos la publican, saldremos a gritar que fuimos censurados...
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viernes, 20 de mayo de 2011
Cómo lo cruzó Lucas Llach a Martín Caparrós
jueves, 19 de mayo de 2011
La puerilidad como argumento inteligente
Esta nota publicada en Newsweek que, la verdad, no me explico porqué ha sido levantada puesto que no dice nada del otro mundo, finaliza con un párrafo que no puedo menos que calificar como una soberana sandez:
"Creo que la importancia de ese gesto individual, menor, es la medida de nuestra realidad actual. O, dicho de otra manera: que si la política argentina pende de la decisión de una señora, cualesquiera sean esa señora y esa decisión, estamos al horno y acaban de prenderlo."
En realidad, cuando en cualquier país irrumpe un movimiento o una personalidad política que se destaca del resto, es inevitable que su decisión sobre si seguir o no tenga una importancia decisiva y que por ende todos estén pendientes. Pasó en Brasil cuando Lula evaluaba si presentarse o no a la reelección, pasó en Inglaterra cuando Tatcher culminaba su primer mandato y así sucesivamente podemos ir encontrando ejemplos de países que entran en estado de intriga cuando un presidente importante evalúa sus pasos futuros.
Martín Caparrós tiene la rara virtud de escribir puerilidades resignificándolas como finos razonamientos de una mente superior.
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domingo, 3 de octubre de 2010
Qué pensamos de este escrito de Martín Caparrós?
En la revista Newsweek, Martín Caparrós escribió la nota titulada "Desaparecer a los desaparecidos" donde, creo, vuelve sobre el supuesto de que los Kirchner son meros impostores. En el párrafo final se puede leer:
"Cuando ya parecía imposible, los sectores que ganaron, con el golpe de 1976, la batalla social, económica y política, empiezan su contraataque cultural, y ahora quieren controlar también las formas de la Memoria. Se lo deben a la truchada de los Kirchner. Que ni siquiera supieron manejarla con destreza; una vez más escupieron para arriba: con sus errores y exabruptos arruinaron su versión de la historia, se cargaron el mito de origen que se habían atribuido. Ahora, en esta nueva imagen (re)emergente, los montoneros de ayer se parecen a los Kirchner de hoy: gritan consignas justicieras mientras hacen negocios turbios con banqueros —y vuelven a ser, por lo tanto, un blanco fácil—. Este gobierno ha vuelto, de otro modo, a desaparecer a los desaparecidos."
"Yo separaría los tantos: Por un lado pondría lo que está escrito y por otro a Caparrós. Porque como dice al comienzo Fabián es difícil no acordar con varias de las cosas de ese texto. El problema es la intencionalidad de Caparrós, el problema es que parte de la base de que los Kirchner son unos impostores y que los que desde diversas procedencias apoyamos sus gobiernos por creerlos lo más avanzado dentro de lo posible en la etapa somos medio boludos.
Me parece, entonces, que ahí se complica el debate y por eso planteo esto de separar una cosa de la otra.
Caparrós quiere encontrar la falsedad del billete K y no creo que esa sea la discusión principal en este momento, sino que ese billete le ha servido al pueblo para mejorar sus situación en varios aspectos."
Bueno, ahora me encantaría conocer la opinión de los lectores de T.A.M.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Caparrós para debatir
martes, 10 de febrero de 2009
Hipocresías y mentiras opositoras
Es siempre una buena noticia leer esto:
"Muchachos, tengan fiscales: dejen de hacer televisión, dejen de hacer transitas, hagan política, convenzan militantes, consigan adherentes, organícenlos y pídanles que fiscalicen. Y si no pueden, no les echen la culpa a los que sí. Quizá suene incorrecto, pero si un partido político no consigue juntar siquiera los fiscales necesarios no sé si tiene derecho –político– a querer ganar en unas elecciones."
Tardíamente me encuentro con esta columna de Martín Caparrós con el que, vale decir, otras veces hemos disentido a fondo. Pero como se trata siempre de trabajar a favor de las ideas y la inteligencia, le damos la bienvenida a un texto que seguramente surge de la vergüenza ajena que generan las pantomimas del "meopongoaltodismo".
Ayer vi al radical Aguad mentir que con la boleta única se acababa el populismo y que (textual) se terminaría con esto de "cambiar un voto por una heladera". La verdad, que si el trueque es así lo apoyo con todo mi alma. Significa que en dos años una familia pobre se hace de un lavarropas y una heladera nuevas.
Una maravilla
¡Viva el populismo, carajo!!
No hay caso, son te terror, son patéticos. No sirven más que para ir a la tele. Y me alegra que Caparrós diga esto que venimos repitiendo hace rato: Una fuerza política que no puede garantizar fiscalización de comicios delata que no está en condiciones de garantizar gobierno.
Antes que algún comentarista sagaz opine que el garantizar fiscales no garantiza un buen gobierno, le ahorro tiempo coincidiendo. Digamos que la cosa es escalonada. Primero garantizame fiscales, esto es: garantizame estructura, presencia en las barriadas, militantes y punteros que sepan dónde apretar al pope del barrio para arrancarle cosas. Una vez que tengas eso podrás aspirar a gobernar. La quema de etapas en política arroja resultados tortuosos, si no preguntenle al Chacho Alvarez y su corte de dirigentes mediáticos que creían construir poder popular en los set televisivos... Preguntenle al inútil de Ibarra cuánto acumuló en la tele, que manejando el tercer gobierno del país, esto es un aparato sideral, ni siquiera pudo juntar 200 contratados para garantizar mesas recolectoras de firmas para habilitar un plebiscito que espantara los hachazos decapitadores de los chicos del Festilindo.
No hermano, así no se hace poder. Preguntenle al caradura de Solá qué piensa de los votos que lo ungieron vicegobernador, luego gobernador y en 2007 diputado nacional ¿O es que es tan salame que nos está diciendo que ganó por fraude?
¿Y qué hizo la tan mentada mafia del conurbano cuando en 1997 con Chiche a la cabeza saboreó la derrota a manos de Fernández Meijide? ¿Cómo es? ¿Duhalde no movió? ¿Los intendentes habían atado con los radicales?
¿Y cuando ganó el siestero? ¿Qué hizo el tren fantasma conurbano? ¿Jugó en contra? ¿Y porqué ganó tres veces Sabatella en Morón? ¿Cómo hizo para doblegar la "asociación ilícita" del PJ? (Es una broma, Omix, no te enganches)
Pero hay mas: Y es el tema del famoso clientelismo. Ahora resulta que si una familia vota a un candidato porque el puntero le consigue trabajo a la nena en Coto, eso es un acto innoble, que rebaja el sentido republicano del sufragio a la escala de una mísera prebenda.
Ahora, cuando Biolcatti vota a De Narváez porque le garantiza una rebaja impositiva, eso es un voto maduro, responsable y a favor de "un país más normal".
Cuando un propietario de 700 hectáreas lo vote a Llambías en las listas de la Alianza 2.0 para juntar una mayoría legislativa que elimine las retenciones, estamos ante un voto "productivo".
Todo es muy hipócrita.
Sucede que es fácil pegarle al desesperado.
Y por ahí andan los hipócritas del "periodismo independiente" como Nelson Castro, que es muy pesado para investigar a Electroingeniería pero jamás de los jamases lo vimos insinuando siquiera alguna sospecha sobre las tropelías del Grupo Clarín, que lo tiene en su canal de cable. Lo mismo que la lomo plateado de la primera mañana de Continental que lo maltrató a Pablo Llonto cuando tuvo el tupé de mentar en su programa el tema de los hijos adoptivos de la señora de Noble. Esta gorila jamás investigó absolutamente nada del grupo multimediático más poderoso del país, pero se llena la bocaza mintiendose "independiente".
La hipocresía de la peor estofa asola el dispositivo opositor pero ellos creen que la gente no se entera, no los observa.
No se parcatan que los está viendo el país...
lunes, 29 de septiembre de 2008
"Efecto Jazz": Cómo desafina Martín Caparrós
La verdad es que si de buscar un parangón con la crisis financiera de Estados Unidos se trata, la definición de nuestra presidenta es sencillamente perfecta.
Ya se ha dicho mucho antes que el Jazz es quizá el aporte más importante (el único, sostienen algunos) de Estados Unidos a la humanidad y no nos engañemos: Independientemente de coincidir mucho poquito o nada con Cristina es incontestable que cuando decimos Jazz pensamos en Estados Unidos, así como si decimos Flamenco pensamos en España, si hablamos de Bossa Nova nos figuramos Brasil, si mentamos el Son naturalmente pensamos en Cuba y, sin ir más lejos, toda vez que hablamos de Tango pensamos en Argentina, aunque les duela a los hermanos orientales.
Pero hay más pulpa en esta certera caracterización de Cristina y es cuando ella hace mención a una crisis que estalla en el centro del poder financiero internacional y se expande a la periferia. El Jazz norteamericano siguió ese camino desde su nacimiento, irradiando su potencia desde Estados Unidos al resto del mundo, y sin proponérselo aún en nuestros días sigue siendo la referencia central para todos los músicos que hacen jazz sobre la tierra. Hoy cualquier músico de Europa o la periferia quiere tocar la trompeta como Winton Marsalis, la batería como Dave Weckl y la guitarra como Pat Metheny. Y ni hablar de lo que ha ocurrido en las décadas pasadas donde las referencias para los saxofonistas de cualquier parte del orbe fueron norteamericanos como Lester Young, Coleman Hawkins, Charlie Parker, John Coltrane, Sonny Rollins o Stan Getz. Donde cualquier trompetista siempre quiso tocar como Dizzy Gillespie o Miles Davis. Donde los referentes de los bajistas fueron Jimmy Blanton, Ray Brown o Ron Carter y así sucesivamente en todos los instrumentos, mientras que en lo conceptual, todos los directores de Big Bands abrevaron siempre en el gran Count Basie o en el inconmensurable Duke Ellington y muchos arregladores siguieron los pasos de Gil Evans.
Es cierto que el jazz tiene una innegable impronta negra. Es cierto que muchos de sus genios fueron muy maltratados –quizá los casos del pianista Bud Powell y del monumental saxofonista tenor Lester Young sean los más extremos- pero esto no invalida que como movimiento artístico, el Jazz es innegablemente norteamericano.
Cuando Caparrós describe los problemas de los músicos negros da en la tecla, o toca la nota justa, por decirlo de manera musical. Pero hiere los oídos con una desafinación de principiante cuando no visualiza que esa es una de las tantas contradicciones internas de la gran potencia del norte que no invalidan lo que el Jazz significa para afuera.
El Jazz es rebelde y revolucionario, pero más respecto de la música clásica europea que del capitalismo. El jazz es revolucionario en lo artístico y conlleva la paradoja de que muchas de sus grandes figuras fueron muy transgresoras en materia musical y muy conservadoras en su vida ciudadana. Pero no por ello deja de ser un producto típicamente norteamericano que luego se derramó por el mundo en algunos casos como modelo a imitar y en otros como lenguaje, como forma de abordar el hecho artístico con la mayor libertad posible.
Si será norteamericano que hasta la revolución cubana prohibió tocar jazz en sus primeros años, incurriendo en un error colosal que por supuesto corrigió con el paso del tiempo. Por eso la primera gran agrupación de jazz que surgió durante la revolución, allá por 1967 en la isla se llamó “Orquesta cubana de música moderna” de la que saldrían los músicos como Chucho Valdés, paquito D’Rivera, Carlos Emilio Morales, entre otros, que luego crearían Irakere, el grupo de jazz cubano más importante de las décadas posteriores. Aquél nombre -OCMM- surgió por la prohibición que existía de usar la palabra “jazz”, por considerarla imperialista...
Y ,por supuesto, el jazz no es exclusividad de los negros porque hubo y hay figuras rutilantes blancas como Gerry Mulligan, Stan Getz, Gary Burton, Chick Corea, Benny Goodman, Gene Krupa, Glenn Miller, Stan Kenton, Chet Baker y tantos más. Incluso el mismísimo Miles Davis cometió el error de afirmar que él podría determinar a ciegas que el sonido de los músicos negros se diferenciaba del de los blancos. El crítico Leonard Feather lo desafió y por supuesto Miles pasó un gran papelón. Feather lo sentó en una habitación de espaldas, le fue haciendo escuchar decenas de músicos y Miles tenía que decir “Blanco” o “Negro”. El resultado fue demoledor para Miles, que tuvo que reconocer a regañadientes que su teoría había quedado hecha pedazos.
Si bien el jazz norteamericano procesó en su interior las contradicciones raciales de los Estados Unidos, bueno es reconocer también que ni Miles Davis, ni Louis Armstrong, Duke Ellington o en la actualidad Winton Marsalis renegaron de ser norteamericanos. De ahí que vincular al jazz con ese país, como lo hizo Cristina, es absolutamente pertinente y preciso.
La constante se repite sin cesar: Todo lo que haga o diga Cristina debe ser desacreditado.
Aunque tenga razón
viernes, 12 de septiembre de 2008
Caparrós se puso boludo ahora o siempre lo disimuló muy bien?
¿O soy yo el equivocado al otorgarle brillos que quizá no tenga Martín Caparrós?
Cambia todo tan rápido que en una de esas aquella persona que sospechábamos inteligente termina hoy reproduciendo razonamientos ramplones, agobiándonos con una caterva del lugares comunes.
Vaya uno a saber.
En rigor, debo admitir que ya Caparrós me sorprendió con una columna patética que vomitó en Perfil cuando murió Frank Sinatra. Me asombró que un tipo presumiblemente culto tuviera una caracterización tan tipo Feimann –el de Radio 10- de un cantante casi perfecto, en cuyo fraseo se inspiró nada menos que el mismísimo Miles Davis. En aquél 1998, desde New York descerrajó una sarta de pavadas, como sus vínculos probadísimos con la mafia, en el intento de aparecer con una mirada “distinta”, propia de una mente superior, sin darse cuenta que a veces, cuando las luces están apagadas conviene no escribir nada para no meter la pata.
“También a las personas cultas las asiste el derecho a la sordera”, pensé en esos días.
Pero fue un alerta, un llamado de atención sobre cierta tendencia al derrape del periodista que se ganó nuestro respeto intelectual junto a Jorge Dorio en las noches de Radio Belgrano y en “El Monitor Argentino”, efímero programa que se emitió por Canal 13, para luego sumarse a las filas de El Porteño y más tarde a Página/12, instalandose así como uno de los periodistas más lúcidos del progresismo periodístico porteño.
Pero ahora anda sufriendo las consecuencias de la cambiante realidad criolla, cuyas mutaciones y coletazos te vuelan de la butaca si no te ataste el cinturón de seguridad.
No es un caso como los de Tenembaum y Zlotowiazda que eligieron asalariarse en Clarín y operan en consecuencia.
De Caparrós no se sabe que se haya conchabado en algún multimedio poderoso y en consecuencia haya negociado libertad de opinión por jubilación apacible y segura, lo que constituye una verdadera fuente de preocupación a juzgar por estas pelotudeces que hoy publica en el diario de la nueva estrella de calle Corrientes. No estaríamos ante la resultante de una pluma domada por el billete sino frente a síntomas preocupantes de una rara variante de senilidad intelectual prematura.
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