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viernes, 20 de enero de 2012

Tanto calor y la luz que no se corta


No se trata de hacer alharaca al cuete sino simplemente de hacer algo de justicia con nimiedades, cosas pequeñas, logros, conquistas. Frente a esta ola de calor que soporta la ciudad de Buenos Aires y alrededores no se han registrado cortes masivos de energía eléctrica, es bueno decirlo. Y es bueno porque los argentinos hemos padecido campañas sistemáticas instalando el pánico a padecer falta de gas en invierno y de luz en verano. Han habido cortes barriales, obvio, pero cada vez es un recuerdo lejano el tema de este tipo de crisis y el solo olvido por parte de los medios independientes de gobierno del asunto, su abandono de este tema como coartada para bajar línea bajoneante a la sociedad, es la comprobación de que hemos mejorado. Tenemos muchísimos más aparatos de acondicionadores de aire que 8 años atrás, más capacidad de consumo pero la luz no se corta...

Pequeños detalles en los que no deberíamos detenernos: Garantizar luz y gas es algo básico, pero bueno, precisamente por eso, porque algo elemental se está cumpliendo es que escribimos unas pocas lineas como  síntoma, como pequeña muestra, como testimonio de que Argentina viene mejorando de a poquito. Un país que consume más energía y garantiza su suministro es un país mejor.

Eso, nada más

UPDATE!! Gracias a Cecilia de Lago Puelo descubro estas declaraciones de Margarita Stolbizer, donde en un ataque de fiebre seguramente generado por un corte de luz en su oficina llegó a decir:

“Los cortes de luz son una forma de ajustar a los sectores medios" 


Mientras en Twitter alguien pregunta si la diputada se refiere a los cortes de la EPE santafesina...Como bien dice la propia Cecilia, ello explica su magra cosecha electoral....
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lunes, 31 de agosto de 2009

Un post re pero re liberalll....

¿Por qué yo que vivo apagando luces y cuidando de no malgastar energía al garete tengo que bancarle el derroche a estos irresponsables?



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miércoles, 12 de agosto de 2009

Un poco de tacto para corregir errores no forzados

La decisión gubernamental de reponer por dos meses los subsidios para que los sectores que protagonizan el mayor nivel de desperdicio energético se ahorren unos buenos pesos desactiva un conflicto que la Casa Rosada compró gratuitamente, pero no soluciona la raíz del problema, que es la opulencia de los sectores acomodados para derrochar energía y su travestismo social a la hora de abonar el festival. Son muy opulentos para malgastar luz y gas, pero cuando llegan las facturas parece que los embarga ataques de súbita pobreza, dan vergüenza ajena.
La humilde encuesta que colgamos en el blog arrojó resultados terminantes: Sólo el 24 % de los lectores manifestaron haber recibido aumentos desmedidos en las facturas de gas. Si partimos de la base que los visitantes del blogs son centralmente sectores medios, el resultado de esta encuesta vendría a ser rebelador de que no estamos ante un cuadro de "tarifazo" ni mucho menos.
Pero no es ese el tema. Lo principal es establecer una segmentación clara y precisa en los precios de luz y gas, con incrementos proporcionales a los consumos residenciales elevadísimos mientras se proteja el consumo de los sectores de menores ingresos.
Acá tiene que ser fácil conseguir garrafas baratas, tiene que subsidiarse a los pobres y facturarle sin piedad a los que pretenden vivir en mangas cortas en pleno invierno.
Como sucede en los paises serios, ni más ni menos.



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sábado, 1 de noviembre de 2008

Se puede gastar menos

La noticia sobre la eliminación de subsidios a los grandes consumidores de energía eléctrica me recordó algo que quiero compartir hace rato pero siempre por un tema u otro, queda relegado.
Todo empezó con la pelopincho que tenemos en el patio de casa, que cuando sube el calor la amamos con todo nuestro corazón: Comerse un durazno en plena oscuridad, metido en la piletita es algo bastante cercano a la gloria. Y algo parecido salir y orearse mirando las estrellas para luego, en el punto justo del frescor, zambullirse en la catrera con Dolina sonando en la radio.
El asunto es que casi una vez por semana le cambiábamos el agua, entonces le dije a Ceci porqué no le empezábamos a poner cloro, de modo de no gastar tanta agua al cuete. Así lo hicimos. Nos gastamos unos cuarenta mangos en un pote de cloro que nos alcanzó para el verano pasado, nos va a cubrir este y seguro quedará una porción para el próximo.
El razonamiento fue simple y el fin, solidario: pensamos que no teníamos porqué malgastar tanta agua y consumir tanta energía eléctrica reponiendo esa agua que cambiábamos semanalmente. Por supuesto que al toque pensé que lo mío era una gota en el océano, pero algo es algo. Honestamente, sentí que mi parte la ponía, que sin padecer ningún suplicio acotaba el derroche de electricidad y agua.

Luego seguimos por las bombitas de luz: Cambiamos los focos comunes por lámparas de bajo consumo en la cocina, el pasillo, el living, el dormitorio de los chicos y la computadora. De 56 pesos que pagábamos por bimestre bajamos primero a 38 pesos y a $ 20,56 el último bimestre ¿Qué perdimos? Nada. Simplemente dejamos de gastar energía al dope (cada lamparita común consume el 80 % de la energía generando calor y sólo el 20 % restante lo destina a iluminación)
A esto hay que sumarle la sana costumbre que heredé de mi padre de apagar las luces de los cuartos donde no ha nadie, lo mismo que monitores y aparatos de TV y quejarme noche tras noche con mis hijos para que apaguen luces y teles y compus cuando no las necesitan o no las usan.
De nuevo sentí por un momento que lo mío era insignificante, pero también de nuevo sentí la satisfacción de cumplir con mi parte.

En la base de estos dos pequeños cambios en la rutina de gastos domésticos está el ahorro. Ahorro para uno y para la sociedad..
Se puede ahorrar, y bastante más de lo que a priori parece, lo que equivale a hacer un buen negocio en lo personal y un aporte solidario a la sociedad.

Ya que estamos, viene a cuento recordar cómo hace seis años nos vienen anticipando inviernos sin gas y veranos sin luz...
Han pasado las operaciones, se ha infundido pánico, los medios han convocado a los mismos especialistas de siempre que han repetido lo mismo durante seis temporadas, los pimeros cortes en alguna barriada porteña se los ha trabajado cada diciembre como el comienzo del fin pero acá estamos. No nos han faltado gas ni luz, a pesar incluso del frenesí estival de la clase media por adquirir aparatos de aire acondicionado que nos recuerdan patética y tristemente aquella canción del gran Jorge Schussheim quien, comentemoslo ya que estamos, nos engalana como lector de este Blog.

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