Lo de Lugo da para pensar un poco. El otro día cuando conversaba del caso con mi mujer, en un momento Ceci me dice que en realidad Lugo no es ni un ídolo ni mucho menos, que es un boludo. La miré estupefacto y con la contundencia que en estos temas tienen las minas siguió diciendo que “está bien, una vez vaya y pase pero tres, ahí ya sos un reverendo salame…”
Y es así, no hay con qué darle. Y si bien es un tema privado y ni le presto la más mínima importancia a la cuestión religiosa, lesiona y mucho la imagen no del presidente paraguayo sino la imagen del tipo. Pero no la lesiona desde esos planteos hipócritas tan patéticos y previsibles que empuña la prensa conservadora en estos casos, esto lo hiere como tipo, lo desacredita en términos de paternidad, porque con esto no se jode.
Hay cosas que no son de izquierda o de derecha o si se quiere hay cosas que pasan por otro lado. Me suele ocurrir que me decepcionan y mucho los tipos que se divorcian y se desentienden de sus hijos, incluso aquellos que le pasan dinero para los gastos básicos. Noto que en la mayoría de los casos se abren, se borran, arman rancho en otra querencia y a lo sumo el vínculo con los críos se reduce a llevárselos consigo una vez por semana.
No me cierra.
Y por supuesto que los otros, los que se borran totalmente merecen el peor de los repudios. No podés construir nada si ni siquiera te hacés cargo de tus hijos.
Con Lugo se me atraviesan las ideas y se amontonan desordenadamente cual autitos chocadores pensando hasta dónde lo privado impacta en lo público, mensurando hasta dónde “Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, dilucidando hasta dónde un tipo políticamente piola, de lo más avanzado que hay en la política paraguaya puede sobreponerse a un pasado privado que está expuesto inexorablemente tanto al
Petardeo hipócrita y falso de la derecha oportunista como del desprecio proveniente de la izquierda. Porque Lugo parece no tener defensa para ninguno de los flancos. Podrá reconocer a sus hijos (andan diciendo que son seis) pero queda malherido. Queda malherido en lo profundo, queda malherido ante los padres que nos hacemos cargo de nuestros hijos, porque hay cosas con las que no se jode.
Seguramente el escándalo irá cayéndose para el fondo de los diarios con los días y poco a poco se irán acallando las carcajadas que el ingenio popular descerraja, como esa remera brasilera que está batiendo récords de venta y dice simplemente “No soy hijo de Lugo”.
Nadie en su sano juicio podrá suponer que el presidente de Paraguay renuncie y ni siquiera creo que tenga sentido plantearlo en esos términos. Pero en lo profundo, repito, y como tipo, me jode.
Y no bien publique estas líneas eliminaré la encuesta que tontamente colgué el otro día.
Uno no está exento de cometer boludeces.
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viernes, 24 de abril de 2009
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