(Tapa de Clarín del 28-08-2009)
Un día antes de que se cumplan 30 años del retorno a la vida en democracia la corte suprema ratificó la constitucionalidad de la ley de medios, generando un quiebre en el escenario político de consecuencias insospechadas. Muy atrás quedaron las elecciones del domingo pasado: el fallo fue como un balazo que malhirió a la mole, que reaccionó como era imaginable, tensando al máximo la cuerda y ordenando a prácticamente toda la oposición en un campeonato de discursos en defensa de sus intereses. Mauricio Macri y Hermes Binner salieron con los tapones de punta exponiendo un desconocimiento tal del texto de la ley que asusta y Elisa Carrió directamente armó el circo al que nos tiene acostumbrados, amenazando con un juicio político al presidente de la corte que por supuesto no tendrá lugar.
El repaso de lo publicado en la prensa escrita de hoy no da lugar a dudas: estamos ante una defensa cerrada de un status quo, de un estado de cosas al que se considera que se llegó por las vueltas de la vida o imperio de las fuerzas de la naturaleza. Se parte de la base que la estructura de medios vigente hasta hoy no tiene beneficio de inventario y que entonces, cualquier intento de modificarla es por lo menos una herejía. El sofisma que cruza de manera transversal al ancho espectro opositor de políticos, periodistas y macarras de la Constitución es que el grupo multimedia con posición dominante desarrolló el grado de volumen que detenta en base a virtudes tales como talento, olfato periodístico y audacia empresaria, nunca con procedimientos apestosos como por ej la apropiación de Papel Prensa y la forma en que se fue quedando con la mayoría de los cables del interior, gracias a los vacíos de la ley anterior y por supuesto a acuerdos con gobiernos democráticos que le posibilitaron aumentar su poder, incluido el de Néstor Kirchner que le autorizó la fusión de Cablevisión con Mulicanal. A partir de esa caracterización se demoniza la ley y hasta autoproclamados custodios de la Constitución como Gregorio Badeni llegan al extremo de considerar que su plena vigencia es
una vía al populismo más desenfrenado.
Hay un punto en el que mucho se ha afincado el discurso opositor y es el de la pauta oficial: Se le exige al gobierno un accionar sueco en una realidad de medios con todas las aristas del capitalismo depredador latinoamericano, una verdadera desmesura. Seamos claros: cuando el mapa de medios esté absolutamente democratizado, la pauta oficial no será tema de discusión, pero mientras subsistan grupos con posición dominante, el estado jugará en pos del equilibrio.
En medio de la algarabía no se le ha prestado mucha atención a lo que viene, que no será para nada fácil. Por un lado, porque Clarín seguirá litigando por mucho tiempo. Los que crean que en unos pocos meses el tema está resuelto se están comprando un fin de año cargado de tristeza (
Leer a Arballo)
Por otra parte, el gobierno no tendrá más excusas para no hacer todo lo que la ley requiere. Es tan cierto que mientras la ley no estuviera "completa" no se podía ir a fondo como también que no se hizo todo lo que se podría haber hecho. En un punto, con el paso de los días este fallo comenzará a exigir una gran capacidad de gestión por parte de la AFSCA para realizar todo lo que está pendiente, que no es poco.
Pero lo más importante es hacerle entender a mucha gente, que de buena fe cree que con la ley en plena aplicación se termina con la mentira y la manipulación, que las cosas no serán tan así. Es cierto que el desprenderse de buena parte del paquete le significará al grupo un achique, pero no seamos inocentes como para no darnos cuenta que tuvieron cuatro años para organizar un desguace planificado. Mas no es eso lo fundamental sino entender que a Clarín le bastó con sumar a Jorge Lanata para complicar y mucho al gobierno. El problema no es de hardware sino de software. El grupo se compartimentará, pero ello no limitará, ni mucho menos, su poder de fuego.
El kirchnerismo se ha anotado un triunfo simbólico fabuloso, pero hace ya cuatro años. Lo de hoy nos acerca al desenlace de una batalla que parece interminable pero el triunfo ya se había consumado. Antes la gente tomaba Clarín para ver qué pasaba en el mundo, hoy lo hace pensando "a ver qué dice Clarín". Eso ya estaba.
Vayamos entonces por la aplicación correcta de la ley, por la concreción de los famosos tres tercios, por darle de una buena vez el status y financiación que se merece a la comunicación barrial, solidaria y comunitaria. Marchemos en lo más complicado: la instrumentación de la ley tanto para los de arriba como para los de abajo. Seamos capaces de generar las condiciones para que se pueda desenvolver una comunicación de distinto tipo, donde no se trabaje dependiendo de la publicidad o el subsidio y donde las bibliotecas, las asociaciones vecinales, los clubes todas las pequeñas entidades tengan sus propios parlantes. No es fácil. Los que venimos de las radios de baja potencia sabemos muy bien cuánto cuesta mantener una emisora pequeña o un programa semanal en el aire.
Si logramos aplicar la ley en todo su esplendor nos podemos dar por satisfechos. Entre tantas transformaciones troncales, le habremos dejado al país y al mundo un testimonio invalorable.