
Día a día me convenzo más de que el kirchnerismo porteño tendría que encolumnarse detrás de Carlos Heller y afrontar la campaña decididamente, sabiendo que todo será cuesta arriba pero remándola con una cabeza de lista confiable, legítima y muy valorable.
Carlos Heller es por sobre todas las cosas un cuadro político de los más brillantes que he conocido desde el punto de vista intelectual y demostró a lo largo de su larga trayectoria en el movimiento cooperativo una capacidad especial para conducir, junto a otros dirigentes muy valiosos como Floreal Gorini, la transformación de las Cajas de Ahorro Cooperativas a lo que es hoy Banco Credicoop, teniendo que soportar todas las trabas y escollos imaginables que el diseño de Martínez de Hoz le puso al sector a fines de la década del setenta con la famosa ley de entidades financieras. Tuvieron que crear un banco que tuvo desde su arranque muchísimos menos privilegios que la banca privada. No obstante, el Credicoop sobrevivió y mientras el resto de las experiencias cooperativas fueron siendo arrasadas por los vaivenes de la economía, este banco no paró de crecer, incluso llegando a absorber a otras entidades hermanas como por caso el Banco Local Cooperativo.
Si bien no tengo trato personal con Heller, pues sólo me he vinculado con él mediante algún que otro reportaje telefónico en mis programas de radio, conozco mucho de su trayectoria por ser socio del Banco Credicoop en la filial Núñez y por haber conocido mucha historia de esta entidad y de las viejas cajas cooperativas (como la de Cabildo Norte o Villa Ortuzar) merced a muchas actividades que hemos realizado con la Comisión de socios de esa filial, la 02.
Desde ahí es que me consta la capacidad y calidad dirigencial de Heller.
Esa capacidad y seriedad la ha volcado a la práctica política manteniendo la misma seriedad con que se maneja en el movimiento cooperativo. Heller ha mantenido un discurso y una relación inalterable con el gobierno y en ningún momento cedió a la tentación del coqueteo tan propia del progresismo porteño. Heller mantuvo siempre un firme y delicado equilibrio en su espacio con Aníbal Ibarra y Miguel Bonasso al mismo tiempo que conservaba intacta su relación con Néstor Kirchner. Esa conducta no es usual, es más, ya casi no queda por estos lares.
Por eso cuando se debate qué hacer electoralmente en capital, se me ocurre que la mejor estrategia del kirchnerismo debiera ser fortalecer a Carlos Heller a la cabeza de la lista, si Daniel Filmus finalmente no baja, y conformar un espectro que junte a los sectores del PJ porteño afines y al conglomerado de fuerzas menores que se manifestaron el viernes pasado. Y arrancar, arrancar a caminar, a tocar timbre, a militar viejo. Vamos a ser muchos los que volvamos a poner mesas en las calles y a recobrar impulso de trabajo barrial con los vecinos porque sabremos que estamos jugándonos una patriada y que estas patriadas se pelean por abajo.
Cualquier alquimia electoralera, cualquier ingeniería marketinera servirá sólo para que algunos saquen algunas bancas y a poco de andar se borocoticen a la inversa, marchándose a crear patéticos bloques unipersonales que no son más que la demostración incontestable de que no tienen capacidad ni compromiso para construir en política.
La verdad, no me hace ninguna gracia que se arregle con Ibarra ¿Qué podemos esperar? ¿Cuánto va a durar? Mucho menos con Telerman, y las imaginaciones en torno a Solanas y ese espectro no resisten un cotejo con la realidad.
¿De qué te sirve un 15/20 % de votos en capital si el dispositivo mediático no te los va a adjudicar a vos? ¿O alguien se cree que un 20 % con Ibarra a la cabeza se lo van a regalar gratuitamente al oficialismo? El “relato” será que Ibarra traccionó con SU figura ciertos harapos de kircherismo transfugueado y nos vamos a quedar sin la imagen de haber hecho una buena elección, colgados atrás de un dirigente que ha demostrado una infidelidad manifiesta y que en su derrotero oportunista y su esencia de "flota flota" en un par de meses se las toma y como siempre a ningún lugar, o si se quiere a ese pequeño reducto de “yoísmo” que no sirve para nada, salvo mantener alta su autestima que a esta altura pareciera quedar claro que es lo único que le interesa conservar.
Me quedo toda la vida con una disputa desde abajo, largando de atrás, qué querés que te diga. Sólo así se puede reconstruir una esperanza sólida y duradera, que siga vigente luego del 28 de junio. Porque además mientras no entendamos que sin política cotidiana, barrial y constante no se construye nada, vamos a seguir rifando la posibilidad de demostrarle a la ciudad de Buenos Aires que hay un proyecto distinto y un modelo distinto.
La ciudad de Buenos Aires es un lugar óptimo para hacer política en los barrios, para tocar timbre, para poner mesas, para dialogar con el vecino. Es mentira que la ciudad está perdida o que es un territorio liberado a los afanes de la más rancia derecha represiva, tal como se viene configurando la gestión macrista en base a la profundización del accionar intimidatorio de sus patrullas.
Es mentira que toda la clase media porteña es causa perdida. Es más: Sería en algún modo una actitud cobarde la nuestra si escudándonos en esos falsos diagnósticos no intentáramos torcer los hechos con una práctica distinta.
A veces siento que nos hemos vuelto un poco vagos y que nos pesa arrancar a reencontrarnos con ciertas formas de militancia que no fueron ni serán suplidas por los medios. En un punto, el vínculo político se consuma en el cuerpo a cuerpo, así como Serrat dice que “Amor no es literatura si no se puede escribir en la piel”, la política, el vínculo, el compromiso no encarna, no se consuma, no se produce, si no es en el cuerpo a cuerpo y la charla en la cocina con el mate o el café.
Ya sabemos adónde conducen los análisis que tarde a tarde se consuman en los bares que rodean a la legislatura porteña, no nos llevan a ningún lado. La alquimia, la sumatoria de rostros, el pretender mostrar un gran frente antimacrista a lo que por abajo sería una sumatoria de bolsas de gatos NO ES CREIBLE, es más, es una falta de respeto a los vecinos de la ciudad que con todo derecho pueden sentirse estafados por una pantomima inconducente a la que nadie en su sano juicio puede darle ni siquiera vida hasta por una par de semanas posteriores a las alecciones.
Y si sectores del PJ porteño buscasen otra vía, pues que la busquen ¿Sirve de algo caminar juntos? Me quedo con una colecta de votos escueta pero propia, fuerte, sólida y proyectada a crecer y fortalecerse.
Y si la cosa no da para el 2011, mala suerte viejo, Será el 2015. No se reconstruye en un par de años lo que el falso progresismo berreta destruyó en 10. Hagámonos cargo de remar desde otro lado si es que nos interesa pelear la ciudad, si es que no nos resignamos a que el macrismo nos pase por arriba, nos siga cerrando plazas y profundice su intento de transformar al parque Sarmiento, al Chacabuco y al Lezama en los “Club Houses” del “Buenos Aires Country”.
Y seamos concientes también que quizá no será nuestra generación las disfrute de la conquista del gobierno porteño, pero sentemos las bases para que los que vienen atrás sí lo puedan concretar: Tenemos que dar la discusión política y estamos forrados de argumentos para ganarla; tenemos que demostrarle a muchos vecinos que sienten que les va mal cuando en realidad les está yendo mejor que nunca que no es por Macri, ni por un aborto de las casualidades sino por un gobierno que ha generado condiciones estructurales para que ellos puedan sacar provecho.
Pero hay que disponerse a laburar desde otro lado.
Converso a diario con compañeros que ven todo esto pero están como absorbidos por una metodología de análisis muy desde el microcentro porteño y político de la ciudad. Compañeros valiosos, muchos de ellos empleados en la función pública que tienen un compromiso cierto con la creación de algo distinto pero que están como encorsetados a una lógica de análisis que no cree en la capacidad transformadora de la práctica política de base y más en un distrito como el nuestro donde, no jodamos, no hay que andar embarrándose mucho que digamos..
Es más, hay que hacer que estos compañeros se sumen, porque lo van a hacer, demostrándoles desde otro lugar que se puede proyectar una perspectiva de trabajo distinta.
Ya sabemos qué es lo que no sirve. Ya sabemos que la construcción desde los medios no es tal, que luego eso no se traduce en crecimiento político musculoso por abajo, a lo sumo los medios son una harina barata que te engordan un poco para las elecciones pero esa gordura no tiene ni fuerza ni vitalidad ni resistencia para soportar las tareas necesarias que tenemos por delante.
Y hay que arrancar de nuevo, hay que empezar a reconstruir vínculos que están hechos añicos, hay que volver a laburar en las cooperadoras escolares, hay que rodear la escuela pública porque se la están devorando, hay que laburar con los docentes y hay que hacer un trabajo muy fino y paciente con sectores populares de la ciudad que, hegemonizados por la visión macrizada de la política, terminan avalando un proyecto político que atenta frontalmente contra su futuro, contra sus fuentes laborales y hasta con su permanencia en la ciudad si son inquilinos porque la tendencia es a la expulsión.
Por todos estos motivos es que me parece que lo más inteligente, lo más sólido y lo más fiel a nuestros principios es encolumnarnos detrás de Carlos Heller porque sabemos –al menos yo lo sé, o lo sospecho- que nos va a retribuir con su trabajo y su coherencia y no va a salirse ni cortarse para cualquier lado.
La tarea debiera arrancar ahora, pero teniendo más claro que nunca que no finaliza el 28 de junio, que ahí, si se quiere, recién comienza de verdad.