Reproduzco este extracto del muy buen post de Oscar Cuervo en su blog La Otra pues me parece que hay otra polémica interesante en puerta, sobre la que escribiré más temprano que tarde.
Aníbal le gana en las encuestas. Es más: en cualquiera de ellas, oficialistas, opositoras, profesionales o chantas, siempre Julián está apareciendo cuarto, después de Vidal (PRO) y Solá (FR). Su apremio es hacerse conocer en pocas semanas. Eso resulta difícil, porque no se sabe bien qué valor político, ideológico o cultural encarna su candidatura -más allá de los barones y del Papa-, mientras está más claro qué valores encarnan Aníbal, Vidal o Solá, Julián está urgido por mostrar algún atributo. Su situación se parece un poco a la de Randazzo. La desventaja: Randazzo tenía los trenes. Domínguez no tiene nada similar. La ventaja: a Domínguez lo bancan el Papa y los intendentes de los distritos más poderosos. Ergo: Domínguez tiene aparato, tiene fiscales en todo el territorio para controlar la interna. Aníbal tiene los votos.
Y Aníbal tiene un vice: Sabbatella, que encarna ventajas y desventajas muy distintas a la de ser el favorito del Papa o del aparato bonaerense. Aníbal + Sabbatella dan kirchnerismo, en proporciones que conjugan el peronismo todo terreno de uno con la proveniencia PC y FREPASO del otro. Nuevo Encuentro representa en esa fórmula a sectores medios no peronistas, lo que no quiere decir antiperonistas, que se acercaron al movimiento respondiendo a la llamada de los Kirchner. Es decir: Sabbatella pesa, en la fórmula, más que él mismo y su partido, ya definitivamente integrado al FPV. Porque además logró construir en la provincia una fuerza propia en tensión con el aparato del PJ. Muchos intendentes lo odian porque ha venido sumando masa crítica a expensas de ellos. Cometió la osadía de construir un partido vecinal que venció al PJ en su propio terreno. Y en los años kirchneristas, con la anuencia de Néstor y Cristina, Sabbatella mantuvo esa tensión con el aparato, una manera de agregarle un valor diferente al movimiento, una auténtica transversalidad. El viejo espíritu frentista del peronismo clásico. La mayoría se construye sumando lo heterogéneo. El peronismo nunca fue el purismo.
Ahora, muerto Néstor, con Cristina en el llano, los intendentes tienen ganas de cobrársela a Sabbatella.
Es raro que incluso algunos militantes y simpatizantes peronistas le busquen pulgas a Sabatella y no digan nada de Otacehé o Granados... ¿Será que están más cómodos con estos? O no es raro. El peronismo/kirchnerismo está hecho así.
Entonces, parece que Julián vio una oportunidad de crecer en la consideración del electorado atacando al vice de Aníbal. ¿Qué puede decir Domíngez de Sabbatella? Que no es peronista. Ay. Que no tiene historia peronista. Uf. Cosas que uno podría escuchar en boca de Julio Bárbaro o del Momo Venegas cuando hablan de Kicilloff. O de Cristina incluso, lo cual es más complicado de demostrar. Es decir: es el argumento hermiñista de los 80, el argumento vandorista de los 70: "la Patria Peronista". Esa hoja seca que se cayó con Alfonsín. ¿Se puede aspirar a ganar la provincia de Buenos Aires, bien entrado el siglo xxi, diciendo que el vice de tu rival en la interna no tiene historia peronista?
¿Julián Domínguez va a hacer campaña macarteando a Sabbatella? "No es peronista" es una macarteada. No está dirigido a un electorado de pibes que vivieron la mayor parte de su vida bajo gobiernos kirchneristas. Randazzo decía que Scioli no era kirchnerista, una frase que tenía cierta sustentabilidad en el contexto actual. Domínguez dice que Sabbatella no es peronista, una frase de hace 30 o 40 años. Se parecen en algo. Quieren crecer señalando la falta del otro, no la propia virtud. En algo difieren: Julián tiene que atacar no a Aníbal sino a... ¡su vice!, lo que revela cierta indigencia del preferido del Papa. Una debilidad ostensible. Uno sabe que cuando Randazzo atacaba de ese modo a Scioli había cientos de miles de kirchneristas que podían hacer verosímil esa acusación. Cuando Domínguez ataca así a Sabbatella parece que solo quiere conquistar el favor de los intendentes, no el de sus votantes. O azuzar viejos fantasmas macartos que él supondrá que todavía pueden surtir efecto en la política argentina. "El infiltrado". Ojo, puede ser que no sea una apelación pragmática sino ideológica y Domínguez piense realmente que no ser peronista es un disvalor para formar parte del Frente para la Victoria. Néstor, que era mucho más peronista que Domínguez y Espinosa juntos se reiría si escuchara eso. Porque cuando el peronismo tiene que replegarse en una esencia fijada, huele a derrota. La victoria es frentista.
La función de verdad en política no se resuelve en una correspondencia con los hechos objetivos, sino en los efectos del discurso. Lo peligroso de la macarteada de Domínguez es que logre abrir una caja de Pandora. Que inflame de macartismo a un sector de la militancia para quienes el Enemigo Interno sea el Progre de Nuevo Encuentro. Que es la transposición defectuosa, algo farsesca, de lo que significaba el Zurdo para Rucci o para Herminio. El hecho de ser el preferido del Papa y de contar con el favor del aparato no ayuda a disipar este tipo de prevenciones que el desempeño de Julián nos está despertando. Al contrario.
¿Será acaso Domínguez un facho al que hay que darle tiempo para que se manifieste? ¿Será el tipo destinado a arruinar el ordenamiento interno logrado por el acuerdo entre Cristina y Scioli? Con una campaña anti-Aníbal o anti-Sabatella, o más llanamente, macartista, ¿podrá Domínguez lograr la hazaña triste de dividir al peronismo/kirchnerismo bonaerense en vísperas del triunfo? ¿Logrará el milagro de desgastar en una refriega interna a un Frente que tiene todas las de ganar? Hay que pensar que, a diferencia de Randazzo, Domínguez no está solo. Que lo bancan ya sabemos quiénes. Pero ¿se gana así una elección? Y de ganarla, ¿se puede gobernar con este programa político (por decirlo de alguna manera) a una provincia que es casi un país?