El 22 de agosto de 2004, Verbitsky escribió en Página/12:
El pliego
En vísperas de la asunción presidencial, en mayo de 2003, Escribano escribió que “la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”. Aquel artículo fue la secuela de una reunión privada en el departamento de Alberto Fernández en la que Escribano dijo que consideraba necesario imponer a Kirchner de lo que con pompa y ostentación llamó “los postulados básicos” de La Nación porque “seremos inflexibles en su defensa”. A continuación enumeró su pliego de condiciones, reminiscente de aquel que el ex dictador Alejandro Lanusse trató de imponerle a Juan D. Perón en 1972:
1. “La Argentina debe alinearse con los Estados Unidos. No son necesarias relaciones carnales, pero sí alineamiento incondicional”.
2. “No queremos que haya más revisiones sobre la lucha contra la subversión. Está a punto de salir un fallo de la Corte Suprema de Justicia en ese sentido. Nos parece importante que el fallo salga y que el tema no vuelva a tratarse políticamente. Creemos necesaria una reivindicación del desempeño de las Fuerzas Armadas en el contexto histórico en el que les tocó actuar”.
3. “No puede ser que no haya recibido a los empresarios. Están muy preocupados porque no han podido entrevistarse con usted”.
4. “Nos preocupa la posición argentina con respecto a Cuba, donde están ocurriendo terribles violaciones a los derechos humanos”.
5. “Es muy grave el problema de la inseguridad. Debe generarse un mejor sistema de control del delito y llevarse tranquilidad a las fuerzas del orden con medidas excepcionales de seguridad”.Dos constataciones son obvias: Kirchner desairó cuatro de esas cinco exigencias y el pronóstico de Escribano falló, lo cual no quiere decir que el diario vaya a escatimar esfuerzos para que, aun retrasada, esa profecía se cumpla, sino todo lo contrario. Desde el acto del 24 de marzo en la Escuela de Mecánica de la Armada el reducido pero influyente sector social que expresa ese diario escogió un rumbo parecido al de los grandes medios venezolanos frente al presidente Hugo Chávez. No es ni siquiera novedoso: la misma polarización excluyente fue impulsada por la oligarquía argentina durante el primer gobierno de Juan Perón, hasta conseguir su derrocamiento por un golpe militar, hace 49 años, que inauguró un ciclo de violencia y fracaso nacional. Los aportes de Kirchner a esa polarización no son equivalentes a los de Perón (quien suprimió algunas de las libertades que el actual gobierno respeta) ni a los de Chávez, pero lejos de constituir un disuasivo, esto parece actuar como un estímulo. Mientras la economía siga creciendo y las grandes empresas realicen grandes ganancias, el tema principal será la seguridad y el orden público y Blumberg el ariete con el que intentarán abrir el rumbo que hiera al gobierno.
El 11 de junio de 2006, el perro vuelve sobre el tema:
EL ULTIMATUM
El gobierno tampoco considera casual que Lavagna haya plantado su bandera cuando están por comenzar los juicios contra militares y policías acusados por crímenes contra la humanidad; las empresas formadoras de precios recelan del novedoso interés oficial por conocer las cadenas de valor de los principales productos; el jefe de la Iglesia, cardenal Jorge Bergoglio, intenta dar alguna coherencia a sectores tan diversos, sólo unidos en su aversión a Kirchner, y se pone de nuevo en funcionamiento la Mesa de Diálogo que Duhalde, Alfonsín y los empresarios devaluacionistas usaron para tumbar a De la Rúa. Esta historia comenzó antes que la presidencia de Kirchner. El 5 de mayo de 2003, durante un desayuno en la casa de Alberto Fernández, el entonces subdirector del diario La Nación José Claudio Escribano presentó al candidato un pliego de condiciones, reminiscente de aquel que el ex dictador Alejandro Lanusse trató de imponerle a Juan D. Perón en 1972: alineamiento incondicional con los Estados Unidos, reivindicación de las Fuerzas Armadas y cierre de todas las causas por la Corte Suprema de Justicia (cosa que ya habían acordado Duhalde y Alfonsín con el entonces jefe del Ejército Ricardo Brinzoni); acercamiento con los empresarios, condena a Cuba por violaciones a los derechos humanos y medidas excepcionales de seguridad. “Ocurre que usted y yo tenemos visiones distintas del país”, respondió Kirchner. Escribano hizo público el ultimátum en su columna del jueves 15, en cuanto se supo que Carlos Menem no se presentaría a la segunda vuelta: “la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año”, escribió. Atribuyó la frase a un amenazador ente genérico que denominó “Washington”. Ese indisimulado llamamiento golpista lo habría formulado alguien que el columnista no se tomó el cuidado de identificar, durante una reunión del Council of Americas. Escribano se jubiló este año, pero el pliego de condiciones sigue vigente y el tono de las columnas del matutino sugiere que los tiempos se aceleran.
Finalmente, acá está la famosa columna de Escribano que contiene la frase que titula este post y que a esta altura de los acontecimientos es inaugural y de lectura obligada para todos aquellos que pretendan hacer un análisis retrospectivo para entender el porqué del odio del stablishment contra Néstor Kirchner.