
La Cámara de Diputados da para actitudes de un oportunismo menor como el de Norma Morandini que ahora dice estar preparando un pedido de informes para que Canal 7 explique porqué no emitió las imágenes del ex gobernador mendocino Cobos en el Festival de Jesús María.
La vida en democracia arrastra esas nimiedades, estas puestas en escena de un tristísimo democratismo al que los oficialistas de turno desprecian y al que se aferran con uñas y dientes ciertas oposiciones desorientadas.
Todos sabemos que de este episodio virtualmente no hay más jugo para sacar. Algunos dirán que fue un error grosero el ningunear al traidor en la televisión pública. Otros diremos que estuvo bién, que a los desertores no hay que darles pantalla pública gratuitamente y por ahí surgirán los audaces y creativos comentaristas anónimos de los blogs diciendo que lo del viernes fue una renovada muestra de “stalinismo comunicacional”.
Lo cierto es que este suceso menor le vino como anillo al dedo a la diputada Morandini que ha logrado se citada, al menos, en
La Nación. Ya está, ya tenemos tela para cortar. Seguramente su secretario de Prensa justificó el sueldito y todos nos creemos que la democracia se robustece.
Seguramente la va a sacar al aire Nelson Castro o Sietecase y probablemente en el diario del Maipo le hagan un nota a doble página a esta periodista que demostró una gran capacidad de manipulación
cuando usó una canción del chileno Julio Numhauser para justificar el apoyo vergonzante de su amiga Mercedes Sosa a Mauricio Macri en las elecciones de 2003.
Yo, entretanto, sigo hundiéndome en el peor de los lodos execrables y ratifico mi beneplácito con la disposición adoptada por Canal 7.
A ese tipo hay que cercenarle todos los espacios. No hay que cuidar las formas con un tránsfuga que ocupa ilegítimamente un cargo al que deshonró.
Otros en su lugar hubieran renunciado, pero esta ameba sigue como si nada, armando agendas mediáticas para cuando la presidenta sale al exterior.
Pero hay más. No sé si las generales de la ley le caben a este tipo. Y sería bueno que también se pusiera la mirada en cómo medios como La Nación que siempre se llenan la boca con el cumplimiento de los deberes del funcionario público vienen avalando el accionar pestilente y amoral de un traidor.
Se demuestra una vez cómo para la derecha mediática los valores éticos y morales están sujetos a los intereses de clase. Como este traidorsuelo de provincia violó todos los límites pero con ello benefició al complejo agro mediático, le dispensan todos los espacios y todas las loas.
No hay que andar mintiendo tanto en torno a este tipo. El pueblo sabe quién es y nadie se asociaría con él ni para poner una galletitería.
Pero hay que seguir mintiendo pues, a la postre, Cobos en sí mismo es una gran mentira.