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martes, 20 de diciembre de 2011

Uno de los mejores de los nuestros



Uno de los mejores de los nuestros porque somos una banda y aunque entre nosotros haya matices y lo que comúnmente se denomine "contradicciones secundarias", somos uno ante un enemigo claro y preciso. Somos uno ante esos sacados que llevan a La Nacion y Perfil a cerrar sus comentarios. Eso es lo que nos recuerda cuál es la principal divisoria de aguas. Que tengan que cerrar los comentarios es todo un síntoma. Lo tuvieron que hacer cuando murió Néstor, cuando perdió el embarazo la compañera de Máximo, cuando falleció el compañero de Alicia Kirchner. Tienen que cerrar los comentarios porque son el espanto mismo, el odio visceral desatado y festejante. El odio que celebra la muerte, el odio que celebró el cáncer, el odio que nos unifica aún más, que nos solidifica y nos vuelve a la realidad, nos despierta de un bife y nos dice ¿Se dan cuenta que en la primera de cambio, a la vuelta de la esquina los están esperando con las armas listas?

Ivan Heyn era un pibe brillante, un cuadrito de lujo, la comprobación si se quiere más preocupante para el establishment de que Cristina viene apapachando una camada de pibes visualizados por el el enemigo como wuachiturros políticos que se están fogueando en las ligas mayores del estado y se están formando, están adquiriendo experiencia para emerger como una escuadra de recambio temible que en unos pocos años tendrá manejo técnico pero conocimiento de qué es el estado por dentro, pequeño detalle... Cristina sabe que el recambio viene por ahí y por eso los está promoviendo y tipos como Ivan Heyn, con su lucidez, le daban la razón, le ratificaban su certeza.

Lo traté poco pero lo suficiente para saberlo humilde por ejemplo cuando venía a alguna de las juntadas de los jueves, tranqui, del palo. Lo suficiente para escucharlo durante dos años por lo menos en el programa de Tato Contissa en Radio Cooperativa. Lo suficiente como para hacerle un par de notas en mis programas y disfrutarlo a fondo. Lo suficiente para que una vez que una nota quedó trunca, me llamara al día siguiente disculpándose... Creo que en mis años de periodismo fue la única vez que me pasó.

Ivan no tiene repuesto pero estoy seguro que su muerte no será en vano porque hoy, independientemente del tamaño de la llaga, estamos todos dolidos, ensombrecidos pero a la vez heridos, malheridos por tanto odio. Es que es una mierda tener que hacer el duelo en estas condiciones. Dan ganas de parafresear a Gelman cuando escribiendo sobre la muerte de Paco Urondo puso "Descanse en guerra". Dan ganas de decir "descansá en guerra, querido Ivan, compañero"
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