Es cierto que la propuesta de reforma política lanzada por el gobierno en las actuales condiciones puede prestarse a engaño, pero hay que reconocer que si algo caracteriza a las patrullas opositoras es su oposición cerrada a toda iniciativa gubernamental.
Se la pasaron pidiendo reforma política y resulta que ahora no es el momento ¿En qué quedamos?
Quedamos en que las fuerzas opositoras ponen a flamear banderas cuando tienen la seguridad de que no les darán bola, entonces machacan y machacan con los temarios hasta que un buen día ¡zas! El gobierno recoge el guante y se aviene a discutir una reforma política profunda.
Naturalmente las patrullas salen como rata por tirante básicamente porque no están en condiciones de someterse ellas mismas a una reglamentación del funcionamiento de la política. Salvo el radicalismo, el resto de las fuerzas son meros amontonamientos que no tienen la menor institucionalidad interna. Han jodido con el dedo que designó a Cristina, pero nada dijeron respecto a los procesos internos que por ejemplo se llevaron a cabo para nominar a Elisa Carrió como candidata a presidenta; nada dicen sobre la institucionalidad del peronismo macrizado que entronó a De Narváez como candidato ¿Qué instancia orgánica se cumplió para esa candidatura? ¿Y Gabriela Michetti de qué elecciones internas surgió?
Joden pidiendo reforma política pero así como está la cosa están cómodos, porque no reúnen las condiciones mínimas para organizarse como fuerzas políticas con todas las de la ley.
“No es el momento”, se excusan. Ya queda claro, entonces, que el cacareo fue en vano y que la reforma política quedará arrumbada. Pero, eso sí, no bien pinten las próximas elecciones van a volver a ensordecernos con el griterío de siempre reclamando ¿sabías qué? “Una reforma política”
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