Hoy temprano pensaba -y lo sigo pensando- que está bien que
Cristina marque la cancha, que ponga condiciones para ir a la reelección y que utilice este momento, donde acumula una intención de voto y una imagen que seguramente nunca más va a tener, para presionar y a la vez sacarse de encima al vez un montón de presiones. No debe ser fácil convivir con un sindicalismo que pide y pide, desde aumentos de sueldos hasta espacios de poder. Lo que hace el sindicalismo está bien. Al fin y al cabo esa es su razón de ser. Lo que hace
Cristina también.
Si algo me preocupa, empero, es notar cierta ausencia de canales de comunicación para manejar algunos asuntos. Me preocupa que no hace dos meses, ante una jugada extraña de Suiza,
Hugo Moyano haya amenazado con un paro que a todas luces hubiera sido contra
Cristina, y que ahora la presidenta lance un discurso como el de ayer en
José C. Paz. Es que parece que lo que está faltando es una mesa de diálogo que reemplace lo que hacía Néstor y no puedo menos que entrecerrar los ojos cuando observo este panorama porque anuncia que más tarde o más temprano habrá movimientos bruscos.Las elecciones pasan pero la tensión cotidiana sigue, lo mismo que las paritarias y la necesidad de rescatar a los millones que siguen a la intemperie.
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