Escribir sobre
Plácido Domingo cantando tangos y boleros es meterse en terrenos complejos, sutiles y verdaderamente peligrosos porque te exponés a que te interpreten de mil y una maneras distintas y te malinterpreten, pero igual lo hago tratando desde el comienzo de definir que escribo desde mi gusto, hablo sobre lo que place dejando en claro que ello no tiene carácter ni de ley ni de nada. Pido permiso para decir desde ya que respeto a
Plácido Domingo y a todos los músicos y amantes de la denominada "música clásica". Quiero decir, no obstante, que la respeto pero no la considero superior, y por acá quizá pueda lanzarme de lleno a desarrollar la idea que quiero transmitir:
La industria de la música encontró hace años el curro de "lo sinfónico" que en realidad no es más que un cantante popular acompañado de una gran orquesta de cuerdas. Hasta Serrat cayó en esa, seguramente por algún aprieto económico grabó un disco verdaderamente espantoso, entre otras cosas porque las incontinencias que desde una década a esta parte tiene su vibrato le impiden ya cantar sus viejas y gloriosas páginas. Se ha hecho creer que si le ponés una gran orquesta de cuerdas a, ponele, Arjona, le subís el target, le das más nivel. Eso es hegemonía, eso es una sutil maniobra comercial cabalgando sobre el mito de que lo "clásico" es per se superior a lo popular y ahí pido permiso para discutir. Discuto sin desconocer a Beethoven, Paganini o Stravinsky, no pasa por ahí la idea. Mi planteo es que así como Goyeneche no podría haber cantado Arias famosas, los tenores pueden cantar tangos pero sin transmitir emociones. Me explico: El Polaco no hubiera tenido las condiciones técnicas para cantar Arias y Plácido Domingo puede cantar de sobra y a la perfección todas las notas de un tango, pero no tiene el "olor a Pizza" ni la "mugre", ni la "tierra", que son elementos inherentes al tango como hecho cultural, como producción de esta mescolanza que es la ciudad de Buenos Aires que como tal le dio vida y sentido al género.
Puede haber gente que se conforme con que se canten todas las notas y es respetable. Pido permiso para valorar otros elementos: Si quiero un saxo arrastrado y pornográfico lo cazo a Ben Webster, ni siquiera a Stan Getz y por supuesto que ni hablar de un saxofonista de una sinfónica. Si quiero un guaguancó salvaje la agarro a Celeste Mendoza o Los Papines; si quiero flamenco al palo, oloroso y suburbano pues me voy con Camarón y si quiero un blues pegagoso está clavado que lo pongo a Muddy Waters. Hay una dosis de localía, de originalidad, de identidad que es inescindible de la música popular. Cuando el polaco Goyeneche nos atrapa cantando Sur en el film homónimo, no lo hace desde la técnica vocal (ya no cantaba) lo hace desde ese clima que creó Solanas y desde esa niebla y ese cuadro que se transformó en una de las mejores descripciones de lo que es la música de Buenos Aires ¿Te lo imaginás a Plácido Domingo en esa escena?
Y esto pasa en todos lo cruces de géneros que te imagines. Por ejemplo, alguna vez he manifestado que no me gusta Chick Corea tocando música tropical. En un disco de Poncho Sánchez de unos diez años atrás, Chick toca todas las notas perfecto, ojo, pero sin ese sabor de los cubanos o los portorros, es como que le falta algo. Le falta ron... Ya el inmenso Michel Petrucciani declaró que le encantaba el tango y Piazzolla pero que no se animaba a tocarlo porque era muy difícil... No, no es que Michel no estuviera en condiciones de tocar cada nota, en absoluto. Se refería a la imposibilidad de compenetrarse con el mundo interno del género, de ahí su renuncia a tocarlo. Por eso Joao Gilberto se recalentaba cuando iban los norteamericanos a grabar bossa nova y por eso va a morirse maldiciéndolos, porque Gilberto siempre sostuvo que la bossa para ser bossa debe ser tocada por brasileños dado que tienen en su sangre toda la información que la bossa requiere para sonar como debe hacerlo. La famosa Orquesta de la Luz, una agrupación de japoneses que tocaba salsa sonaba bien de lejos, pero cuando parabas la oreja descubrías que todo era muy estudiado, que había mucha partitura y nada de malecón, entonces el producto era hielo puro. Los argentinos podemos tomar el ejemplo de esos tangos a la Valentino que aparecen en esas películas europeas de algunas décadas atrás. Eso que escuchamos dista de ser el tango nuestro.
Sucede incluso hasta en grandes músicos populares que cuando uno de un género se pone a cantar otra cosa lo hace bien pero sin alma: Celia Cruz cantó pocos boleros porque sabía que no era su fuerte, de la misma manera que Elena Burke "la señora sentimiento" (quizá la mayor cantante de boleros y filin de Cuba) cantó pocas guarachas. Mercedes Sosa grabó escasos tangos porque no era lo suyo, porque no se sentía en condiciones de abordar el género en lo referido al "olor", no porque no estuviera en condiciones de embocar todas las notas.
Cuando estaban de moda las salseras, veías a las parejas argentinas que salían a bailar y parecían contorsionistas y por ahí en un costadito aparecía una pareja madura de colombianos o cubanos que sin hacer ninguna alharaca bailaban con un sabor, con un swing que deslumbraba y que incluso sin proponérselo terminaba ridiculizando ese frenesí aerodinámico de argentinos que sencillamente no laten como un centroamericano o un caribeño. En el terreno murguero supimos tener en una época una interna entre las murgas barriales y las de estudio ¿Qué pasaba? las murgas de estudio eran, si querés, más profesionales, tenían más sincronización pero cuando aparecían los Reyes del Movimiento de Saavedra y Pantera Reyes hacía dos pasitos te caías (y te caés hoy también) de espaldas porque en cada movimiento de Pantera está la transmisión de una cultura murguera de antaño, Pantera es uno de los últimos reservorios de ese acervo.
Lo mío puede sonar demasiado compartimentado, algún lector creerá que soy muy esquemático, y quizá tenga razón. Escribo lo que veo y lo que siento. Plácido Domingo tiene todo el derecho del mundo de cantar clásicos de Gardel y un montonazo de gente a disfrutarlo. Pido permiso para balbucear otra mirada que seguramente será avasallada por tanta parafernalia mediática, por tanto presentador de noticias que anunciará durante todo el fin de semana pasajes del recital del tenor español en el obelisco. Pido permiso también para decir que el bandoneonista no lo encontró en ningún tango, que Domingo cantó como apurado, que se iban de tempo y que hubo pasajes de la soprano (en los tangos) que me sonaron fatalmente horrorosos, pero eso es más subjetivo aún.
Creo que cada género musical tiene sus particularidades y sus olores, creo por lo tanto que cuando a las músicas regionales se les quita todo lo que las rodea se las transforma en un producto sin alma, sin vida. Creo que como me dijo alguna vez una egresada del conservatorio, los conservatorios se encargan de limar todos los costados de localía de los estudiantes para terminar produciendo grandes ejecutantes pero sin alma, sin tierra, sin identidad. Creo que nadie toca un blues mejor que un negro de Harlem o un son mejor que un santiaguero. De la misma manera creo que nadie canta un tango mejor que Goyeneche, Gardel, Luisito Cardei o Angelito Vargas. Creo que hasta el bolero sufrió la amputación de la percusión cuando llegó al continente y que si bien los cuates le agregaron una dosis de dramatismo en las letras que el bolero antillano no tenía, en lo estrictamente musical lo mutilaron.
Por todos estos motivos no me gusta cuando Plácido Domingo u otra estrella de la música europea cantan tangos o boleros.
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