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miércoles, 26 de agosto de 2015

Si están tus cosas pero tu no estás...


En "Afiches" el tipo sufre al ver en la puerta del burdel la foto de la que fue su pareja años atrás

"Pero qué
si están tus cosas 
pero tu no estás"

Algo parecido sentimos quienes respetamos el origen plebeyo de la Unión Cívica Radical y nos ponemos de pie ante Yrigoyen, Moisés Lebensohn, Raúl Alfonsín y tantos radicales comprometidos con las banderas de las mayorías populares.

La foto nos muestra a estas señoras llevando la bandera de la JR pero más que un contrasentido es un documento del desenlace fatal de un partido político que luego de cien años no puede presentar fórmula presidencial propia y ha sido transformado en furgón de cola de un candidato tan conservador y antipopular como aquél régimen al que enfrentó el mismísimo Hipólito Yrigoyen.

Allá por 1983, Raúl Alfonsín se cansó de marcar a "los estertores de la Argentina vieja" como el gran adversario que teníamos por delante los argentinos. Duele que hoy los apoderados de las insignias y propiedades de la Unión Cívica Radical hayan entregado tan mansamente una historia de más de cien años precisamente al gran estertor de esa Argentina conservadora, elitista y antipopular.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Gracias, Atilio!!


Cuando agarrás a estos monstruos con ganas de hablar les acás cositas para la historia, detalles, anécdotas, colores. Tener el privilegio de hablar con el maestro Atlio Stampone sobre sus arreglos para Roberto Goyeneche es algo para disfrutar y agradecer.

Esta conversación la tuve el domingo pasado en "El Vermucito" por Radio Cooperativa

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viernes, 12 de agosto de 2011

Atilio Stampone


No sé si les conté que soy fanático del Polaco Goyeneche. Resulta que tengo muchísimos discos suyos, grabaciones originales, Lps digitalizados, compilados, bah, de todo. Aprovechando que ahora hay CDs relativamente accesibles, se me ocurrió comenzar a recolectar la serie de remasterizaciones que hizo la BMG con la dirección de Victor Pintos, básicamente por la calidad de sonido. Hoy conseguí “Naranjo en flor” (originalmente el LP se llama "Personalidad y Tango), uno de los tres long plays que grabó con Atilio Stampone y a esta altura del partido siento (porque en estos asuntos se me da por pensar que se trata más de sentir que de otra cosa, sin sacarle el cuerpo a lo técnico, obvio, pero vos me entendés...) que   Goyeneche está en el punto justo. Para mi gusto, en la década del setenta es donde está al dente: conservaba todavía buen caudal vocal y empezaba a desarrollar al máximo su fraseo, único, inimitable e irrepetible. Y Atilio Stampone, cosa seria, sencillamente estuvo en llamas como nunca más. En estas tres placas confeccionó arreglos majestuosos para temas como “Grisel”, “Afiches”, “Naranjo en flor” y “Chau no va más”, por nombrar algunos himnos de los más conocidos. Atilio rompió en esos años todos los límites del género, desde la incorporación de instrumentos un tanto extraños al sonido típico, hasta innovaciones en los colores y en el clima de cada obra. Un tema puede tener una introducción con un corno, o con timbales repiqueteando, a ver si se entiende, en líneas generales no son temas bailables a la usanza tradicional; las cuerdas suenan con una gordura inusual y se nota que hay más de un par de violines. A ver, para los que como yo crecimos escuchando rock progresivo y jazz, las cosas que hace Stampone en estos discos son geniales pero no revisten un carácter transgresor, pero si te posicionás desde ese lado tan conservador que tiene el género, estás ante una serie de sacrilegios. Quién creció escuchando a Piazzola, Weather ReportChick Corea, concibe los arreglos de Atilio dentro de lo normal, pero para esa guardia que sigue discutiendo a Astor y todavía no se enteró de Eduardo Rovira constituyen una suerte de infiltración apátrida.

Creo que cuando en esta retrospectiva que lentamente se está haciendo del tango - y que con fundadas razones está detenida en la primera parte del siglo pasado – se arribe dentro de varios años a diseccionar lo que hizo Atilio Stampone en estas placas entre 1972 y 1973, llegarán los homenajes y la justicia que hasta hoy no se han dado en su debida dimensión quizá porque este músico sigue pagando los costos de haber volado demasiado alto para su tiempo.
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viernes, 25 de marzo de 2011

Para cantar tangos lo prefiero a Goyeneche



Escribir sobre Plácido Domingo cantando tangos y boleros es meterse en terrenos complejos, sutiles y verdaderamente peligrosos porque te exponés a que te interpreten de mil y una maneras distintas y te malinterpreten, pero igual lo hago tratando desde el comienzo de definir que escribo desde mi gusto, hablo sobre lo que place dejando en claro que ello no tiene carácter ni de ley ni de nada. Pido permiso para decir desde ya que respeto a Plácido Domingo y a todos los músicos y amantes de la denominada "música clásica". Quiero decir, no obstante, que la respeto pero no la considero superior, y por acá quizá pueda lanzarme de lleno a desarrollar la idea que quiero transmitir:

La industria de la música encontró hace años el curro de "lo sinfónico" que en realidad no es más que un cantante popular acompañado de una gran orquesta de cuerdas. Hasta Serrat cayó en esa, seguramente por algún aprieto económico grabó un disco verdaderamente espantoso, entre otras cosas porque las incontinencias que desde una década a esta parte tiene su vibrato le impiden ya cantar sus viejas y gloriosas páginas. Se ha hecho creer que si le ponés una gran orquesta de cuerdas a, ponele, Arjona, le subís el target, le das más nivel. Eso es hegemonía, eso es una sutil maniobra comercial cabalgando sobre el mito de que lo "clásico" es per se superior a lo popular y ahí pido permiso para discutir. Discuto sin desconocer a Beethoven, Paganini o Stravinsky, no pasa por ahí la idea.  Mi planteo es que así como Goyeneche no podría haber cantado Arias famosas, los tenores pueden cantar tangos pero sin transmitir emociones. Me explico: El Polaco no hubiera tenido las condiciones técnicas para cantar Arias y Plácido Domingo puede cantar de sobra y a la perfección todas las notas de un tango, pero no tiene el "olor a Pizza" ni la "mugre", ni la "tierra", que son elementos inherentes al tango como hecho cultural, como producción de esta mescolanza que es la ciudad de Buenos Aires que como tal le dio vida y sentido al género.

Puede haber gente que se conforme con que se canten todas las notas y es respetable. Pido permiso para valorar otros elementos: Si quiero un saxo arrastrado y pornográfico lo cazo a Ben Webster, ni siquiera a Stan Getz y por supuesto que ni hablar de un saxofonista de una sinfónica. Si quiero un guaguancó salvaje la agarro a Celeste Mendoza o Los Papines; si quiero flamenco al palo, oloroso y suburbano pues me voy con Camarón y si quiero un blues pegagoso está clavado que lo pongo a Muddy Waters. Hay una dosis de localía, de originalidad, de identidad que es inescindible de la música popular. Cuando el polaco Goyeneche nos atrapa cantando Sur en el film homónimo, no lo hace desde la técnica vocal (ya no cantaba) lo hace desde ese clima que creó Solanas y desde esa niebla y ese cuadro que se transformó en una de las mejores descripciones de lo que es la música de Buenos Aires ¿Te lo imaginás a Plácido Domingo en esa escena?

Y esto pasa en todos lo cruces de géneros que te imagines. Por ejemplo, alguna vez he manifestado que no me gusta Chick Corea tocando música tropical. En un disco de Poncho Sánchez de unos diez años atrás, Chick toca todas las notas perfecto, ojo, pero sin ese sabor de los cubanos o los portorros, es como que le falta algo. Le falta ron... Ya el inmenso Michel Petrucciani declaró que le encantaba el tango y Piazzolla pero que no se animaba a tocarlo porque era muy difícil... No, no es que Michel no estuviera en condiciones de tocar cada nota, en absoluto. Se refería a la imposibilidad de compenetrarse con el mundo interno del género, de ahí su renuncia a tocarlo. Por eso Joao Gilberto se recalentaba cuando iban los norteamericanos a grabar bossa nova y por eso va a morirse maldiciéndolos, porque Gilberto siempre sostuvo que la bossa para ser bossa debe ser tocada por brasileños dado que tienen en su sangre toda la información que la bossa requiere para sonar como debe hacerlo. La famosa Orquesta de la Luz, una agrupación de japoneses que tocaba salsa sonaba bien de lejos, pero cuando parabas la oreja descubrías que todo era muy estudiado, que había mucha partitura y nada de malecón, entonces el producto era hielo puro. Los argentinos podemos tomar el ejemplo de esos tangos a la Valentino que aparecen en esas películas europeas de algunas décadas atrás. Eso que escuchamos dista de ser el tango nuestro.

Sucede incluso hasta en grandes músicos populares que cuando uno de un género se pone a cantar otra cosa lo hace bien pero sin alma: Celia Cruz cantó pocos boleros porque sabía que no era su fuerte, de la misma manera que Elena Burke "la señora sentimiento" (quizá la mayor cantante de boleros y filin de Cuba) cantó pocas guarachas. Mercedes Sosa grabó escasos tangos porque no era lo suyo, porque no se sentía en condiciones de abordar el género en lo referido al "olor", no porque no estuviera en condiciones de embocar todas las notas.

Cuando estaban de moda las salseras, veías a las parejas argentinas que salían a bailar y parecían contorsionistas y por ahí en un costadito aparecía una pareja madura de colombianos o cubanos que sin hacer ninguna alharaca bailaban con un sabor, con un swing  que deslumbraba y que incluso sin proponérselo terminaba ridiculizando ese frenesí aerodinámico de argentinos que sencillamente no laten como un centroamericano o un caribeño. En el terreno murguero supimos tener en una época una interna entre las murgas barriales y las de estudio ¿Qué pasaba? las murgas de estudio eran, si querés, más profesionales, tenían más sincronización pero cuando aparecían los Reyes del Movimiento de Saavedra y Pantera Reyes hacía dos pasitos te caías (y te caés hoy también) de espaldas porque en cada movimiento de Pantera está la transmisión de una cultura murguera de antaño, Pantera es uno de los últimos reservorios de ese acervo.

Lo mío puede sonar demasiado compartimentado, algún lector creerá que soy muy esquemático, y quizá tenga razón. Escribo lo que veo y lo que siento. Plácido Domingo tiene todo el derecho del mundo de cantar clásicos de Gardel y un montonazo de gente a disfrutarlo. Pido permiso para balbucear otra mirada que seguramente será avasallada por tanta parafernalia mediática, por tanto presentador de noticias que anunciará durante todo el fin de semana pasajes del recital del tenor español en el obelisco. Pido permiso también para decir que el bandoneonista no lo encontró en ningún tango, que Domingo cantó como apurado, que se iban de tempo y que hubo pasajes de la soprano (en los tangos) que me sonaron fatalmente horrorosos, pero eso es más subjetivo aún.

Creo que cada género musical tiene sus particularidades y sus olores, creo por lo tanto que cuando a las músicas regionales se les quita todo lo que las rodea se las transforma en un producto sin alma, sin vida. Creo que como me dijo alguna vez una egresada del conservatorio, los conservatorios se encargan de limar todos los costados de localía de los estudiantes para terminar produciendo grandes ejecutantes pero sin alma, sin tierra, sin identidad. Creo que nadie toca un blues mejor que un negro de Harlem o un son mejor que un santiaguero. De la misma manera creo que nadie canta un tango mejor que Goyeneche, Gardel, Luisito Cardei o Angelito Vargas. Creo que hasta el bolero sufrió la amputación de la percusión cuando llegó al continente y que si bien los cuates le agregaron una dosis de dramatismo en las letras que el bolero antillano no tenía, en lo estrictamente musical lo mutilaron.

Por todos estos motivos no me gusta cuando Plácido Domingo u otra estrella de la música europea cantan tangos o boleros.
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sábado, 29 de enero de 2011

Imágenes del polaco


Hoy cumpliría 85 años este cantante excepcional de tango que dio nuestra música popular. Tengo gran cantidad de material suyo y es de lo que más escucho.

Tocó con los mejores, desde sus comienzos con Horacio Salgán, pasando luego nada menos que por la orquesta de Aníbal Troilo, luego hizo grabaciones de lujo con Armando Pontier, con Baffa-Berlingieri, Atilio Stampone, Néstor Marconi, Carlos Franzetti, Astor Piazzolla y Raúl Garello, ya sea dirigiendo la Orquesta Típica Porteña o su propia agrupación. Esto no es una casualidad, habla de la fineza y el exquisito gusto del polaco.

Cuenta Luisa, su esposa, que en el disco "Nuestro Buenos Aires" que hizo con Troilo y Pontier enteramente dedicado a composiciones de este último y Federico Silva, había una obra que el polaco ensayaba en su casa y había algo que no funcaba, el tipo veía algo que no estaba bien, no le sonaba adecuadamente. Tanto rompió las bolas que Pichuco terminó consultando a los autores sobre ese asunto y se comprobó que efectivamente la partitura había sido mal copiada...

Raúl Garello me ha contado que clavaba las versiones definitivas en una sola toma, Litto Nebbia también lo ha dicho en su experiencia puesto que los últimos discos los grabó en Melopea, en tiempos donde ya tenía problemas de respiración. Así y todo, lo suyo siempre fue "Toma 1".

Para mí su época gloriosa está en la primera mitad de la década del setenta, donde realizó, por ejemplo, discos memorables con Atilio Stampone. Ahí fue que clavó versiones de "Naranjo en Flor". "Afiches" o "Grisel" que directamente son insuperables.

Fue muy fino en la selección del repertorio. Es difícil encontrar esas letras discriminadoras que maltratan a la mujer en su repertorio. Debe ser uno de los cantantes que más grabó obras de Homero Expósito y José María "Catunga" Contursi, quizá los dos poetas del tango que más me pegan.

El principal aporte de un cantante es transmitir el sentido y clima de las letras que canta. En esto radica indudablemente la grandeza del polaco. Yo le dí pelota a "Malevaje", por ejemplo, cuando se lo escuché al polaco. Crecí como toda mi generación escuchando tango de prepo (por suerte) y me pasó que recién cuando lo escuchaba a Goyeneche tomaba conciencia de que tal o cual tango tenía un determinado sentido.

El polaco ha sido también un gran portero que ha invitado a varias generaciones a entrar al mundo especial del tango. Como tantos, en buena medida llegué al tango por él y una vez adentro empecé a encontrar brillos como sin ir más lejos el de Angel Vargas, tan menospreciado injustamente por años.

Con alegría veo que los que vienen atrás son cada vez más tangueros. El polaco fue el eslabón perdido entre un mundo cerrado y copado por difusores reaccionarios que desprecian las nuevas experimentaciones. De haber sido por los Lionel Godoy, los Bocacci y Cía, el tango hubiera muerto irremediablemente al transformarse en una cosa anquilosada, repetitiva y vieja. Sin proponérselo, el polaco abrió un pasadizo por el que comenzó a fluir información para uno y otro lado, y a través de cierto arrime a figuras del rock hecho en Argentina y al aparecer en un par de muy buenas películas de Solanas se transformó en un punto de referencia que le sacó formol al tango, mostrándolo como algo no tan lejano y de viejos. A partir de ahí se desató un vínculo entre este género y las nuevas generaciones que día a día no deja de asombrarnos.

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viernes, 11 de julio de 2008

Feliz cumpleaños Pichuco


Hoy que Aníbal Troilo cumple 94 años (y no me vengas a decir que está muerto) es apropiado escuchar este “Himno” (Click aquí, a la derecha, please)
Se llama “El gordo triste” y lo compusieron Astor Piazzolla y Horacio Ferrer cuando el gordo aún vivía, pero el polaco lo grabó en 1977, a dos años de su fallecimiento.
Aquiles Giacometti, director artístico de la RCA por esos años (y el gran gestor del glorioso catálogo de Tango de ese sello) nos contó en una nota que le hicimos con Matías Longoni allá por 1995 que cuando se grabó el disco “Percal” de Goyeneche con la orquesta de Raúl Garello (LP RCA - AVS-4504 (P) 1977) el día que el polaco fue a grabar la voz de este tema a los viejos estudios de la RCA que estaban en la calle Paroissien de Saavedra, hizo la primera toma y cuando quisieron escucharla, se había ido. Aquiles lo salió a buscar y lo alcanzó a media cuadra gritándole:

- “Vení, vamos a ver cómo quedó la toma”

Y el polaco sin dejar de caminar y con lágrimas en los ojos le respondió:

- “Si quedó bien o mal no me importa. Yo eso no lo puedo cantar nunca más en mi vida”

Y así quedó esta toma, que está perfecta, como sucedía a menudo ya que el polaco generalmente en el primer intento clavaba la versión definitiva...
Observen al final, donde dice “Amado por nosotros, por nosotros” cómo se le escapa un sonido estremecedor de profundísimo dolor.
Y ¡Por favor! reparen en el arreglo y la orquestación de Raúl Garello; En ese comienzo ceremonioso; en esa traversa que intenta endulzar tanta amargura y en esas cuerdas que terminan admitiendo que no hay forma de atenuar tanto dolor...
Tremendo músico Garello. Oriundo de Chacabuco que debutó en la orquesta de Pichuco en 1964 y llegó a ser su arreglador.
Raúl es uno de sus hijos dilectos.

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