Vengo sospechando hace rato que tras esta embestida por los aumentos del gas hay otra de las tantas operaciones contra el gobierno. Escuchando programas insospechados de
oficialismo como por ejemplo el de
Sietecase, donde habita una señora gorda de clase media muy
legrandiana como
Romina Manguel, se percibe en los llamados de los oyentes que el denominado
tarifazo no es de la envergadura que se lo pretende vender.
Chequeando diarios como
La Nación nos encontramos con la sorpresa de que hasta esta hora, por lo menos, no han colgado una encuesta
preguntándole a sus lectores si recibieron fuertes aumentos en las facturas de gas. La verdad eso me hace pensar que no la cuelgan porque temen que el resultado no favorezca la operación que están llevando a cabo, operación que llega a su punto máximo en
esta nota de Jorge Oviedo donde entre tantas barbaridades leemos:
"
Luego apelaron a los subsidios. Le pagaron a Bolivia y a Trinidad y Tobago entre el triple y catorce veces lo que se pagaba a los productores locales. Es decir: los inventores del modelo productivo y supuestos adoradores de la producción nacional prefirieron que el gas fuera carísimo e importado antes que más barato y nacional."
Oviedo no puede desconocer que hubo que empezar a importar gas dado que
la producción nacional está comprometida en exportaciones a Chile y que las mismas son llevadas adelante por empresas privadas. Tampoco puede desconocer que esos contratos fueron firmados antes de la actual gestión y que en
haras de la famosa "
seguridad jurídica" no pueden
desconocerse.
Pero claro, en esta orgía de manipulación parece que todo vale.
No obstante, a medida que pasan los días comienza a quedar cada vez más claro que la gran mayoría de los usuarios no está padeciendo un
tarifazo que solamente está vigente en el dispositivo
mediático y en una oposición oportunista e irresponsable que en estos casos sigue
manejándose con un nivel de liviandad que asusta. El paso de los días va ratificando aquello de que los medios sólo pueden amplificar síntomas que
efectivamente están en la sociedad y que cuando se intenta trabajar sobre cuestiones que no atraviezan
horizontalmente al conjunto de la población, el resultado siempre es el fracaso.
Todo esto no le quita responsabilidad al gobierno en lo referido al mal manejo que se hizo de este asunto y cómo eso le prepara la cancha para que los medios se hagan un festival. Mas, las pruebas no aparecen y más allá de casos puntuales lo que se vislumbra es que tal como pasó en enero estamos ante un nuevo
lloriqueo de sectores acomodados que pretenden seguir pagando tarifas
subsidiadas y
ultrabaratas cuando por otro lado cacarean en contra de los subsidios.
Chicas y chicos que les encanta estar en
casita en mangas cortas en pleno julio. El
confort se paga, y de ahora en más va a ser muy caro.
Por último, vaya una crítica más para el gobierno: Debió hacer esto mucho, muchísimo antes. Desde este blog manifestamos nuestras ganas de ver garrafas
baratísimas y gas
carísimo para los que lo malgastan.
Para finalizar un dato menor sin relevancia estadística: Los lectores de este blog son gente común, de clase media. Es notable que en la
encuestita que pusimos, la tendencia ya va marcando que de cada 10 personas sólo 3 recibieron fuertes aumentos en la tarifa de gas.
Una última cosita: Mucho
agradeceríamos a los que seguramente van a escribir intentando refutar estas líneas que nos hicieran llegar a nuestro correo una
escaneada de sus facturas, para ofrendar datos duros que limpien y clarifiquen
definitivamente este debate.