Mucha gente pero notablemente menos que la que se podía esperar
y más aún si la comparamos con el montaje previo. La convocatoria fue notoriamente
menor al 8/N de 2012 y eso está diciendo muchas cosas.
El corte social: Personas predominantemente mayores, por
encima de los 60 años, clase media de pasar tranquilo que salió a hacer una
devolución de mensaje que consume del sistema Clarín. Gente unida antes que
nada por el rechazo visceral al gobierno nacional.
Estas movilizaciones son importantes para ese espectro
social que hoy se siente arrastrado a las calles porque se reconocen huérfanos
de representación. Entendámonos: ni Macri, ni Massa ni el oxímoron Unen los
representan acabadamente. La representación histórica de este colectivo fue el complejo
cívico-militar que funcionó como ordenador de la política argentina hasta 1983.
Hay que verlos y escucharlos. Puede llegar a generar una muy fuerte angustia.
Son personas desoladas, desguarnecidas, seres desesperados que ahora tienen que
salir a mojarse cuando antes lo hacían todo por ellos.
La compenetración de los periodistas de TN con los intereses
de la patronal asombra. No se necesita cucaracha ni orden alguna. Tienen la
línea en la sangre. Pensándolo bien, resulta lógico que a Clarín, el gran
formador de sentido de las clases medias le resulte fácil reclutar personal que
ya viene de fábrica con la cornetita incrustada en el cerebro.
Una entrevistada dice "tenemos que unirnos los que
estamos de acuerdo". He aquí el meollo de la cuestión. Tienen que unirse
los que están por ese país arrasado por el kirchnerismo. Tienen que unirse los
que defienden a estos fiscales y jueces impresentables. El asombro se torna
fabuloso cuando la multitud clama "justicia" en una movilización
convocada por quienes trabajan de restringirla. La unidad reclamada es la de
los que añoran aquél país que explotó en diciembre de 2001.
Da la impresión de que la mayoría de estas personas ignora
que causas pendientes como la voladura de la embajada de Israel, la de la AMIA,
el caso de Papel Prensa, el incendio de Iron Mountain, el escándalo de las
cuentas truchas del HSBC o el del JP Morgan son exclusiva responsabilidad de
los fantásticos que convocaron y encabezan la marcha. Pero también se huele que
eso les importa un bledo, lo mismo que los resultados que arroje la investigación sobre la muerte de Nisman: nadie les saca de la cabeza que fue asesinado y que la responsabilidad del crimen hay que buscarla en Casa Rosada.
La consigna del silencio y la recomendación de no llevar
pancartas dejó a la mayoría sin discurso y sin sentido: La imposibilidad de exhibir esa cartelería procaz y la inconveniencia de gritar las consignas más repugnantes contra la presidenta los dejó sin expresión, sin sonido ni gesto. Es que necesitan sacar afuera toda la
manija que consumen. El cacerolismo es saludable en este sentido ya que el odio fermenta y daña la salud si no se lo expulsa. Por eso estas convocatorias son necesarias.
La dirigencia opositora nuevamente formó parte del decorado.
Hay que tener sangre fría para que la masa vive a Campagnoli como si fuera
Jagger y vos ahicito mismo con los músculos de la cara cansados de tanto
laburar generando esa sonrisa de ocasión.
"Queremos libertad" gritan como si la vida en
democracia fuese para ellos la cárcel. Algo de eso debe haber en un país que
tiene en su ADN político una historia de golpes de estado a los que siempre se
los explicó como el último recurso que le quedaba a las FFAA para garantizar la
libertad y rescatar a las instituciones de la descomposición en que habían
caído y generar las condiciones para el retorno seguro a una institucionalidad
plena de tolerancia, pluralismo y respeto por la moral y las buenas costumbres.