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viernes, 5 de septiembre de 2014

Feimann, polémico pero siempre convocando a pensar


Hay pasajes del reportaje que se publicó en El Cronista que convocan a discutir asuntos profundos. Acá transcribo los que me resultaron más interesantes. Si bien el titulo puede sonar a provocación gratuita a la clase media, la idea es valiosa ya que muchos convencidos de que les va bien por exclusivo mérito personal sin contemplar que el gobierno al que tanto aporrean generó las condiciones para su despegue indudablemente empezarían a sentir en carne propia los rigores de proyectos políticos "serios" como el que podría encabezar el jefe de gobierno de la CABA.

Algo importante para puntualizar es que Feimann habla desde su trono imaginario. Se siente un Star (en cierta medida lo es) y opina desde ahí, con la carga de contradicciones que acarrea opinar desde pedestales. Por momentos dan ganas de aplaudirlo y en otros de escupirlo, pero el tipo provoca y te zarandea el zapallo. Eso es lo importante.

Y valga una puntualización: para que un reportaje salga bien basta y sobra con que el entrevistado tenga ganas de hablar. La prueba es que la señorita que hizo esta entrevista es de madera pero así y todo hay muchísimo jugo.


¿No le falta autocrítica a este Gobierno?
- Que yo sepa hay mucha autocrítica, y es evidente, porque se están preparando las internas para 2015. No están de acuerdo Randazzo, Scioli, Insaurralde... Lo que pasa es que no hay una autocrítica pública, al aire libre, porque cada cosa que decís como autocrítica te la agarran y te la publican en la primera plana de un diario y por 20 radios y televisión.
Hay mucho silencios en Carta Abierta.
- Bueno, la política es eso. Y del otro lado, ¿qué hay? Los intelectuales están para decir. Carta Abierta no debe tener silencios. Ahora, yo comprendo que el silencio es parte fundamental de la política.
Pero acá hablamos de los intelectuales.
- Vos no podés decir todo en la política. Ahora, en la intelectualidad tenés el deber de decir todo (ver recuadro).
Hace poco en este diario, José Nun dijo que desearía que Cristina done parte de su fortuna a la gente empobrecida en los últimos años. Y le reprochó que no tenga obras filantrópicas. ¿Qué le parece?
- Cristina respondería con rapidez: “Mi obra filantrópica es mi forma de gobernar”. Y le demostraría que la pobreza bajó, el desempleo bajó, la política internacional argentina es una política latinoamericana del Mercosur, miles de cosas. Ésa es la manera de hacer ayuda social de Cristina. Evita iba por los pueblos y tiraba billetes. Si Cristina hiciera eso, la matan.
Usted confesó hace tiempo que le incomodaba adherir al Gobierno de dos millonarios que hablan de hambre. ¿Qué le pasa frente a la fortuna de la Presidenta hoy?
- Sí, después seguí hablando cosas positivas de Cristina que no salieron en ningún lado. Cuando me dijeron que Kirchner se había comprado un hotel de dos millones de dólares, eso a mí, no me cae bien. Si alguna vez se comprueba que fue cierto, le diría no estuvo bien, porque esos dos millones los tiene que donar a ayudas benéficas.
Entonces está de acuerdo con Nun...
- Estoy de acuerdo con Nun en muchas cosas. A mí no me gustan los presidentes con fortunas, pero todos los políticos tienen fortunas. Hacer política es hacer fortuna. No me pongas esto de copete. Kirchner decía que no se podía hacer política sin fortuna.
Se cuestiona el aumento exponencial del patrimonio de los Kirchner en el Gobierno.
- Nadie aumenta su fortuna durante la oposición, salvo que haga negocios privados con quienes pueden hacerlo. La política es guita y fe. Hay dos clases de dirigentes: los que militan por la fe en una causa, y los que militan aprovechando la fe en una causa, pero también para juntar mucha plata y cuando salen del Gobierno salir millonarios.
¿Y dónde inscribe a los Kirchner?
- No puedo dudarlo: los Kirchner aman la política y le han hecho bien al país. Si lo han manejado mal en los últimos años... esta década fue una de las mejores que yo viví en este país. Con Alfonsín estuve bien, pero jamás Alfonsín me llamó para un solo diálogo. Era oficialismo y todos oficialistas.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Discutir el temario, no a Feimann

Acabo de llegar de mi pueblo. Vi los comentarios sobre el post anterior, escuché a José Pablo Feimann con Victor Hugo, leí su descargo en Página/12 y sentí vergüenza ajena con el mandoble que le asestó Ricardo Cárpena en La Nacion.

A esta altura del partido me parece que el divismo y los compromisos de promoción del libro han arrastrado a  Feimann a un bochorno atroz, de inesperada crueldad, y se me ocurre que sus aclaraciones lo han hundido aún más porque demostró que como buen figurón, con un poco de sobada, se va en seco y se libera para decir algunas cosas que, la verdad, son difíciles de sostener e incluso de probar (básicamente lo inherente a lo patrimonial) Pero lo importante, me parece, es que el bochorno en el que él solito se metió no nos impida tomar algunos puntos de ese reportaje como un interesante temario de asuntos a discutir dentro de este espacio multiforme que llamamos kirchnerismo. Me parece que por ahí resulta más apacible caerle al figurón que ponerse a pensar en algunas de las cosas que dijo en esa entrevista. Ratifico que el tema del vínculo de Casa Rosada con la CGT es central y preocupante, lo mismo que las dudas que manifiesta respecto de la juventud, que las escucho en todas las conversaciones que tenemos día a día. Creo que tenemos que ser capaces de discutir el temario, no a Feimann, que luego de la nota de Cárpena no puede hablar por lo menos por un año.

Saludos para todos

domingo, 25 de diciembre de 2011

Un rompeportones navideño bajo el sillón donde descansa el gendarme K...


Ayer al levantarme de la siesta vi en Twitter que se estaba hablando mucho de José Pablo Feimann, como si se hubiera mandado algún exabrupto. puse el buscador de Google Noticias y al toque apareció este reportaje en La Nacion donde ya el título mismo es un romperpotones puesto debajo del sillón donde descansa el gendarme kirchnerista.

Acabo de levantarme, de prepararme unos exquisitos mates antes de levantar a la tropa y partir hacia mi pueblo y de paso, como siempre por la mañana temprano es cuando mejor me entran las lecturas, me leí el reportaje de marras.

Y me encantó.

Feimann no me cae en gracia desde siempre. No sé, no lo puedo fundamentar mucho, pero no me cae simpático, lo que por supuesto no quita que me devore muchos de sus artículos (no he leído uno solo de sus libros) y los disfrute a rabiar. Lo importante es que este buen señor me espabila, me enciende, me hace pensar, y lo más importante: generalmente logra con una frase ponerle palabras a pensamientos que tengo dispersos en la cabeza. Consigue ponerles un formato y hasta etiquetarlos.

Lo que hay que hacer con este reportaje es muy simple: hay que leerlo varias veces. Si con una te cerró vale, pero si al terminarlo estás medio como nervioso, te recomiendo que al rato lo releas. Feimann enuncia aquí muchas ideas que independientemente de la buena o mala leche que se le atribuya y más allá de si nos hace gracia o no, tienen el brillo de caminar muy pero muy cerca de la realidad, de un análisis bastante preciso y certero de cosas que están ahí, a la vista de todos.

La nota está presentada astutamente con un título muy ganchero pero luego, como viene pasando cada vez más a menudo con La Nacion, el contenido no se comparece con el título. Aquellos opositores acérrimos encontrarán sólo un par de frases para la chicana en Twitter y los kirchneristas pensantes, no fanatizados al pedo, hallarán un puñado de enunciados que bien justificarían un semirario K para encarar la etapa que se viene. Las dos preocupaciones que manifiesta en torno al sindicalismo y la juventud son temas de conversación cotidiana en el micromundo K. Nada nuevo bajo el sol. Lo bueno, quizá, es que Feimann dice con muy pocas palabras lo que a muchos les cuesta horrores balbucear.

Estas notas hacen crecer, ayudan, amplían la cancha donde se juega el partido de la discusión de ideas, Luego de leerlo, lo siento al personaje tan lejos como siempre, pero no por ello puedo dejar de celebrar que nos vuelva a poner ante el desafío más hermoso y trascendente que es el de pensar.
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