Uno de los mitos más fuertes de la Argentina es que la gente de campo es muy trabajadora. En rigor, cualquiera que haya vivido un corto tiempo en cualquier pueblo del interior puede dar fe que eso no es más que una creencia. Pero claro, como para coexistir pacíficamente en los pueblos hay que callar verdades evidentes, de esto no conviene hablar. Usted sabe que "Acá nos conocemos todos"...
Ese manto de silencios y concesiones va transformándose con el tiempo en el caldo de cultivo de mentiras hechas verdad que se van instalando como certezas indiscutibles y tamaña acumulación de falacias culmina generando un estado de delirio colectivo preocupante.
¿No se ha hablado del “paro” del campo? Sólo gracias a esas “mentiras hechas verdad” y a una prensa afiebradamente militante -que por ahora no se la puede mentar como partidaria porque aún el partido del campo no se estructuró- pueden instalarse nociones tan falsas y reñidas con el sentido común.
¿Acaso los novillos dejaron de engordar durante el “paro”?
El único cambio que hubo durante el lock out fue que el patroncito se fue a tomar mate a la ruta, pero la peonada siguió en el yugo, los empleados del tambo siguieron levantándose a las tres de la mañana, la tierra siguió produciendo sus frutos y la ganadería siguió pastando.
Es tragicómico que se declaren en “paro” muchos herederos que en su vida trabajaron, salvo que se entienda por trabajo ir al banco y negociar con el consignatario y la cerealera.
En los pueblos se conoce cómo adquirieron los campos algunos; se sabe de dónde vienen muchos de esos que ahora “cortan el bacalao”; No se ignora cómo hicieron la plata o mejor dicho, de qué maneras non sanctas se enriquecieron otros, pero ahora son “Señores” y hasta el cura les da la comunión sin el menor atisbo de un regaño, aunque sea “para la tribuna”.
Todos lo saben pero nadie se acuerda de nada...
Otro mito muy extendido es que “el interior vive gracias al campo”
La verdad es que cuesta fundamentarlo. Mas bien sucede que cuando al campo le va mejor (porque nunca le va mal) los patrones cambian el auto y la camioneta, o le compran un 0 KM a sus hijos y eso genera la ilusión óptica de que “hay más movimiento” cuando en rigor, el empleado del Banco Provincia cobra lo mismo que el mes pasado, lo mismo que el docente, el jubilado y el empleado de comercio. Por eso da risa Eduardo Buzzi cuando dice que ésta es una lucha por el interior y el federalismo. Todos sabemos que los primeros en quemar sus ganancias extravagantes en la capital o Miami son los señoritos que ahora andan preparando su excursión a Rosario.
Todos sabemos que el gran gasto lo hacen en Buenos Aires y al mismo tiempo le deben al supermercado del pueblo, al taller mecánico y al banco.
Para el llanto y la deuda son Federales, pero para gastarla son bien Unitarios...
Yo nací en un pueblo de 6000 habitantes donde en 1960 se instaló una planta frigorífica que en sus mejores épocas llegó a tener unos 400 empleados. Esa planta fue cambiando de dueños y abriendo o cerrando dependiendo siempre de los vaivenes de la economía pero lo concreto es que desde que tengo uso de razón oigo decir en Tres Lomas que “la cosa está mejor porque abrió el frigorífico” o que está todo parado “porque cerró el frigorífico”. Claro, 400 salarios en una comunidad de 6000 habitantes significa una inyección de efectivo poderosísima. Por eso la medida de mayor o menor actividad en los últimos cuarenta años siempre fue el frigorífico, jamás la cosecha, jamás el campo.
Y no es que el campo sea malo o jodido, sencillamente es una actividad que genera muy poco empleo, ni más ni menos, pero cuesta asumirlo seguramente porque en el fondo subyace la creencia instalada y sostenida por los "dueños de la Patria" de que es viable un país agroexportador y no queremos reconocer que con el campo sólo viven unos pocos (ellos) y que en Argentina están sobrando 20 millones de personas.
Mientras no quebremos esta visión hegemónica, no tendremos una salida previsible en términos colectivos, de conjunto, o sea “Todos”.