Así como no existe el "periodismo independiente" tampoco existe el "periodismo militante", puntualicemos esto desde el vamos para limpiar la cancha. Lo que sí existió es una acción política muy exitosa del kirchnerismo para discutir el relato otrora hegemónico del conglomerado de medios privados liderado por el grupo Clarín y el diario La Nación.
Cuando en su momento de mayor debilidad política Néstor Kirchner lanzó el famoso "Qué te pasa Clarín ¿Estás nervioso?" los puso en evidencia, corrió el velo para que la sociedad en su conjunto los viera como algo concreto que, por supuesto, difería de esa cosa abstracta y por tanto indescifrable tras la que se habían camuflado durante años. El kirchnerismo demostró que son empresas, que son de alguien, que tienen intereses y operan en consecuencia. Esta verdad que era archiconocida en sectores reducidos, preferentemente circunscritos a la academia y al periodismo, un buen día pasó a ser masiva y en medio del proceso de repolitización de la sociedad, donde fueron cayendo muchos paradigmas otrora inconmovibles, se fueron dando fenómenos hasta entonces impensados, como que un gobierno con altísimos niveles de rechazo desde marzo de 2008 a julio de 2009 no sólo no cayera sino que lograra reiventarse, algo nunca visto en la historia política Argentina. Cuando a un mes y medio de la derrota de 2009 el gobierno le arranca a Clarín el negocio de la televisación del fútbol, se anota un triunfo simbólico de una trascendencia probablemente mucho mayor a la imaginada.
Por primera vez el grupo perdía una batalla y la sociedad vio que le entraban las balas...
Creo que acá tenemos el elemento central para entender todo lo que vino después. Creo que nada se explica si no se repara en que la sociedad comprobó que los grandes poderes también pueden perder, que eso no sólo sucede en el cine. La ley de medios que se sancionó luego fue el golpe de nocaut pero básicamente porque masificó la discusión sobre el control de los medios. La victoria política fue poner la discusión en la sociedad y sus resultados le han han sido más que favorables al gobierno.
Nunca creí que si alguna vez se efectiviza el cumplimiento del artículo 161 de la ley de medios las señales que controla Clarín pasen a manos que no le sean afines ni que su influencia se deba exclusivamente al control de tantos medios. En definitiva, Cristina Fernández de Kirchner se encamina a una victoria apabullante sin que la mismísima "ley de medios K" goce de una vigencia plena y sin que haya comenzado a emitir alguna señal radial o televisiva de relevancia nacional surgida como consecuencia de la nueva ley (casos como 360 TV, Paka Paka, etc tranquilamente podrían haberse puesto en el aire con la ley de Videla) Si esto es así y si coincidimos en que los medios ocupan un lugar vital en el debate político ¿Dónde está la explicación de la paliza electoral? ¿Cómo puede ser que no habiendo perdido un sólo medio ni un sólo cable Clarín no haya logrado, si no instalar un candidato con fuerza o emprolijar la oposición, al menos esmerilar la intención de voto de la presidenta?
La respuesta hay que buscarla antes que nada en la política, luego, recién luego, se debe analizar el manejo inteligente de los recursos tecnológicos que potenciaron un nuevo tipo de comunicación.
El triunfo arrasador de Cristina es consecuencia de una victoria política fabulosa que se gestó en el segundo semestre de 2009 y en ese contexto hay que valorar la importancia de internet como plataforma novedosa que posibilitó un nuevo tipo de acceso a la información y de abordaje del debate político. Una captura de pantalla oportuna distribuida en las redes sociales tiene más valor que todo lo que se pueda escribir. En el caso de 678, el otro gran soporte comunicacional del oficialismo, la kriptonita no está en lo que puedan decir los panelistas ni los invitados sino en los informes. El manejo sin dudas inteligentísimo del archivo resultó devastador.
El kirchnerismo logró instalar un debate político en términos desconocidos y hasta insospechados por los medios tradicionales, acostumbrados por décadas a manejar la agenda a gusto y placer y a no tener una respuesta potente de sus recortes. Uno a uno, todos los recursos de un dispositivo mediático avejentado y por ende con escasos reflejos fueron aniquilados conceptualmente, primero en la blogosfera, luego en Facebook y Twitter. Basta una captura de pantalla para que una operación quede al descubierto. Las páginas web de los diarios son lentas, su ritmo de actualización está circunscrito (en teoría) a determinados controles de calidad editorial o verificación de coherencia con la línea del medio mientras que el bloguero, el facebookero y el twittero resuelven en segundos una consigna, una frase o hasta una chicana con la ventaja de que en minutos se reproduce en progresión geométrica por la red, con los resultados que conocemos.
Pero de nada sirve la tecnología ni los vastos recursos que proporciona la internet 2.0 si no hay previamente una línea clara en lo político e ideológico. Esta sutileza es la que explica que el dispositivo mediático, sin haber perdido un solo cable ni un solo medio audiovisual haya cosechado una derrota sin precedentes.
Es la política, estúpidos...