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lunes, 16 de marzo de 2009

Ser familiar de...


La historia está repleta de parientes que por el solo hecho de tener algún vínculo directo con una estrella intentaron emularla con escasísima fortuna. Tomemos alguna disciplina, por ejemplo la música, están los casos de Mercer Ellington o Daniel Piazzolla que intentaron hacerse camino por las suyas pero no pudieron ni arrimarse al brillo del Duke y Astor. Nancy Sinatra es otra demostración penosa de un hijo intentando seguir los pasos del padre. Quizá Chucho Valdés sea una honrosa excepción ya que siendo hijo del enorme Bebo, hizo una carrera quizá más rutilante que la del padre.
Ser “hijo de”, “primo de”, “pariente de” no implica tener las condiciones “de”. Vayamos a la política donde tenemos un puñado de ejemplos que ratifican la inutilidad de ser “hijo o pariente de”.
Se me figuran Ricardo Alfonsín, Mario y Juampi Cafiero, y la lista podría ser muy grande.
Pero hay otros casos raros, originales y muy nuestros, muy cargados con el tuco argento de nuestra historia de dolores que nos vemos obligados a procesar e interpretar a diario y lo hacemos temerosos de faltar el respeto o de agarrárnoslas con personas “del palo”.
Es difícil meterse con los familiares de desaparecidos, o uno piensa que es complejo cuando en una de esas los desaparecidos son de todos, son un penoso patrimonio del pueblo argentino y no sé si “patrimonio” está bien escrito pues esa palabra alude a tenencia y posesión de muchas unidades de algo. En todo caso los desaparecidos son un patrimonio de faltantes, de vacíos, de hueco, de dolores y lágrimas que nunca secan.
Por eso es difícil meterse con los desaparecidos y con sus parientes, o mejor dicho, es complejo marcar procederes que rondan la miserabilidad en parientes de desaparecidos.
Pero de algún modo hay que hacerlo, decirlo y por qué no, escribirlo. Ser hijo de desaparecidos no da ninguna credencial ni te inmuniza en nada. Puedo entender el dolor y la historia trunca, incluso a mi manera he contribuido como tantos a mantener viva la lucha de los organismos como punta de lanza de la memoria del pueblo. Pero separo muy bien la paja del trigo y me indigno al leer este post embroncado de Artemio, y comparto su enojo, porque ayer sentí cosas parecidas al ver a Victoria Donda dando pena en el programa del canal del Colo de Narváez que conducen Sietecase, Henry Fonda y Rozzín.
Todo un tema este de los hijos recuperados puestos a hacer política. Esta niña ha dicho siempre que ha tenido un micrófono cerca que ella ocupa esa banca por su militancia en las huestes de Tumini y nunca se lo creí porque, la verdad, Libres del Sur tiene cuadros muchísimo mejores que ella.
Todo un tema este y todo un desafío el que tenemos de ir caracterizando en la práctica y sin bibliografía a mano estos fenómenos de la política argentina. Porque en ningún lado está escrito cómo se procede en casos como éste cuando te enfrentas a la sospecha de que esta piba está ahí sólo por el hecho de haber sido recuperada por las abuelas.
¿Y si es así qué?
¿Y si te salió una señorita oportunista que de una u otra manera se beneficia con la su terrible historia personal?
¿Acaso ser hijo de desaparecidos te garantiza un compromiso genético con la coherencia?
¿Acaso hay que colgar al hijo de un músico porque salió desafinado?
Podés ser hijo de desaparecidos y podes ser un ejemplo de lucha o un ejemplo de oportunismo berreta.
Y debemos poder escribirlo sin culpa.

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