Se ha trabajado tanto la cabeza del argentino que ahora aparece como lógico sospechar del Estado y confiar en los bancos.
¿Qué es lo que hace que se le tenga más confianza a bancos que se llevaron la plata de miles de argentinos en 2001 que al Estado?
¿Qué es lo que hace que una sociedad que vive quejándose del maltrato, la sobrefacturación y en muchos casos el pésimo servicio que brindan las empresas “privadas” de servicios, a la hora de decidir qué hacer con sus aportes para la jubilación elija bancos y financieras que han dado sobradas muestras de vampirismo explícito?
Hay reflejos que no pueden ser otra cosa que producto de un piloto automático como las colas frente a las casas de cambio donde gente humilde, de trabajo, cree que se salva o se guarece del tsunami comprando trescientos dólares...
Es una prédica de años, lo que no es poco. Una bajada de línea constante es la que ha formateado la conciencia de mucha gente para que “reconozca” el discurso privatista con la misma naturalidad con que el Windows reconoce un mouse o un teclado nuevo.
Se le hizo creer a la gente que “lo privado” es no solo “mejor” que lo público si no que también es más honesto.
Gravísimo.
Gravísimo que esas nociones campeen justo cuando los Estados en el capitalismo central salen a hacerse cargo de las consecuencias que deja la explosión de la burbuja financiera, verdadero ícono de “Lo privado” ...
Gravísimo que se crea que lo que hace el Estado en los países centrales está bien y lo que se hace acá está mal, porque significa abjurar hasta de la posibilidad de gestionar un futuro distinto como sociedad, como país.
Gravísimo que cuando pagamos un peaje no recordemos que esa ruta fue construida no por esa empresa que nos da un ticket sino por Vialidad Nacional...
Gravísimo comprobar que tenemos una dirigencia empresarial incapaz de ponerse a pensar en términos nacionales y que en consecuencia vive del subsidio estatal mientras financia gurúes y comunicadores que emiten casi en cadena nacional una visión del mundo que si nunca se compareció con el capitalismo realmente existente en los países centrales, ahora, merced a las profundas transformaciones que se están viviendo, queda definitivamente a contramano de la historia.
Gravísimo tener una dirigencia que asume su matriz cleptómana pues de dónde sino de su vientre salieron los gerentes que tantos destrozos le hicieron al Estado desde adentro.
Gravísimo que, por ende, admitan implícitamente que su adicción al hurto les impide gestionar en beneficio del pueblo.
Gravísimo que mientras las derechas del capitalismo central están debatiendo el rol del Estado del futuro, acá las mismas voces de siempre siguen vendiendo la panacea de lo “privado”, instalando actualizaciones en un software ideológico perimido para que se desprecie y rechace todo lo inherente a lo público.
Para decirlo en lenguaje de computadoras: Siguen actualizando el Windows 95...
La consecuencia de tanto manijeo no puede ser otra que una sociedad con fe ciega en los bancos, en las financieras y con serias sospechas sobre su propia capacidad de gestionar la cosa pública. O sea una sociedad que definitivamente perdió el rumbo, que perdió sentido como tal y que por ende si no reacciona está al borde del colapso.
Y este desprecio por lo público, esta sospecha por lo que pueda hacer el Estado abarca todas las esferas. Tomemos el ejemplo de los medios: Si, por ejemplo, en un canal de Televisión levantan un programa se lo comunicará como “un cambio de programación” y así será incorporado por la sociedad, como algo “normal”. Ahora, si lo mismo ocurre en Canal 7 o Radio Nacional – como pasó con Víctor Hugo y Pepe Eliaschev - se habla de “censura” y toda la prensa que se miente “libre” e “independiente” monta campañas despotricando contra la tiranía K, pero nada se dice si
A Jorge Halperín
le dan un puntín
en la radio de Clarín.
Todo esto es producto de décadas de formateo ideológico. Les ha dado resultado a tal punto que hay personas bien pensantes que en este blog han llegado a plantear que prefieren ser esquilmados por banqueros antes que por el gobierno, lo que demuestra hasta dónde llega el lavado de cerebro.
Mete miedo.
Se prefiere lo privado hasta como victimario; se prefiere ser violado por un privado antes que por un agente público, significa que se detesta lo público, que se detesta el gobierno, que se detesta el Estado, que se detesta el País.
Entonces no hay visión nacional, no hay proyecto nacional.
¿Qué hay?
Hay, como reemplazo, una lógica medieval. Un retroceso a nociones precapitalistas, acaso ¿Qué son los countrys sino nuevos castillos donde la realeza se guarece de la plebe?
No es nada nuevo lo que está pasando en la cabeza de mucha gente, lo novedoso es que se instale como lo “nuevo” tamaño viejazo conceptual….
Parece mentira, pero el trabajo ha dado sus frutos: Todo se lo ha puesto sutilmente en la idea de “Lo mío”. Le han hecho creer a mucha gente que
“Lo mío es mío y soy yo quien decido qué hacer con lo mío”
El individualismo llevado al punto del exhibicionismo obsceno y para colmo sustentado con mentiras tan burdas que a veces no se sabe dónde termina la creencia honesta y dónde arranca la connivencia , porque cuesta creer que muchas personas con algún nivel de formación puedan adherir a ciertos postulados tan evidentemente pueriles.
Da la impresión que hay un sector que no cree, que no se morfa el discurso del stablishment pero simula creerlo porque le conviene, porque le da buen resultado.
Algo de esto se evidenció en 2001, donde hubo muchos casos de personas que merced al corralito recordaron en un santiamén qué era lo público y cuáles eran sus derechos ciudadanos, demostrando que sabían muy bien de qué se trataba el neoliberalismo, pero que se habían hecho los desentendidos porque les iba bien.
Hasta que los abrocharon...
Y mientras duró el abroche aprobaron y avalaron la lucha piquetera e incluso muchos se arrimaron a las asambleas. Hasta que empezaron a desabrocharse y volvieron a comprarse la cajita feliz de lo privado. En la medida en que recobraron calidad de vida recrudecieron sus posturas individualistas, discriminadoras y fachas.
Porque… no jodamos:
Sabemos que el estado fue infiltrado por cuadros de la actividad privada para hacer grandes negociados que favorecieran a sus empresas; Sabemos también que esa infiltración modeló el desguace estatal a su gusto y placer. Entonces no podemos ser tan olvidadizos, en todo caso asumamos que somos necios.
La tarea del gobierno y de todos quienes estamos enfrentados ideológicamente al poder financiero debiera ser la de poner todas la pilas en este debate con la particularidad que “la cancha” sobre la que se disputa el partido la han demarcado ellos en base a tanto bolaceo que se ha arraigado en cierto sentido común como verdad irrefutable.
Una última cuestión: Se habla mucho de la necesidad de “caja” del gobierno ¿No debería asumirse esto de una buena vez y listo? ¿Cuál es el problema de necesitar caja? ¿No es medio loco que La Nación te corra con lo de la caja cuando, en todo caso, se la usa para pagar intereses de la deuda, o sea para “Honrar compromisos contraídos por el país” en tiempos de la dictadura militar?
Es un tema complejo, está claro, Pero se le debería buscar la vuelta.