Juan se baja del auto exigiéndome que haga algo por ese bebedero que hace meses (sí, meses) pierde agua a borbotones. Hoy es su último día de clase. mañana es la fiesta de Primero a Sexto Grado y el viernes la suya, la de los egresados de séptimo grado. Hoy lo llevé por última vez y el viernes será mi último acto en la Escuela 5 de Moldes 2043. Comencé a llevar a Sofi en 1995, luego a Sofi y Maite, luego a Maite y Juan y ahora fin de ciclo. Ya no más esa querida escuela de la que luego fui cooperador por 7 años. Ya no más esa lucha y esa utopía al rojo vivo. Ya no más la coexistencia forzada entre el padre que "milita" y el director que "trabaja".
Esa escuela está hace unos dos meses sin directora, sin vice y sin secretaria. Sí, así como se lee. No hay suplentes. Vienen de vez en vez algunas directoras o vices de otras escuelas del distrito a estar en la dirección por las dudas. Pero el bebedero sigue perdiendo agua a borbotones y mi hijo nos lo reclama cada dos por tres en la mesa y hoy en el auto, con un agregado estremecedor:
"Precisamente el agua no sobra en el mundo, papi"
Me puso en bolas, me desarmó, me bajó de un hondazo del tema Papel Prensa, Tierras, Ganancias, tercer mandato y la mar en coche. Juan quiere que ese bebedero deje de sangrar agua porque sabe que es un derroche injustificado, porque una vez me contaba una auxiliar que cada vez que se rompía un caño o pasaba algo de infraestructura, Juan se apersonaba primero que todos, como controlando ¿Como representante de su papá, quizás?
A Juan le sangra el bebedero en las entrañas porque es un tipo sensible y porque como me dijo alguna vez Carlos Manfredi -compañero de lucha en la cooperadora- "Para los chicos no es lo mismo ver a sus padres trabajando en la cooperadora" Y tenía muchísima razón. A los chicos los mejora ver a sus padres en la cooperadora, es como una dosis práctica muy potente de conciencia porque además de las palabras está la presencia. Que tu hijo te vea, además de escucharte marca una diferencia.
Pero el problema es que ahora casi no tengo respuestas. Hablé con Paula, la presidenta de la Cooperadora, me prometió hacer algo. Es que al no haber conducción, no hay quien llame a Infraestructura ni a la arquitecta del distrito ni a la empresa en que el Gobierno de la ciudad ha tercerizado las tareas de Mantenimiento edilicio. Pero el bebedero llora y los niños que tienen conciencia lagrimean por dentro y a pocos kilómetros alguien no tiene agua potable para beber y el chorreo de ese bebedero lo perdemos todos y lo pagamos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.
Bebederos que pierdan han habido siempre, habría de ser muy zopenco quien pensara que esto pasa desde que el PRO gobierna.
Las reparticiones públicas parecen están cruzadas por cierta sobredosis de desdén.
Si uno se arrima a la cocinita que está en la zona de la Dirección podrá ver durante todo el ciclo lectivo las dos hornallas encendidas. Si camina por la rampa de día verá los tubos fluorescentes prendidos. Nadie parece preguntarse porqué tanto derroche al cuete. Da la impresión de que nadie se entera de que ese ese gas y esa electricidad se gastan de manera absolutamente injustificada. Por ninguna cabeza sucede un razonamiento básico que indique la necesidad de no tirar por tirar tantos recursos.
Defender al Estado, entender la necesidad del Estado y bregar por su rol activo nos debe hacer pensar de vez en cuando en estas pequeñeces. Tuve la suerte de poner un huevo de conciencia en el alma de mi hijo y ahora me la banco, me banco que me responsabilice por ese bebedero como habré de llorar si un día se olvida de reclamarme estas cosas.
Creo que me sentiré desfallecer si una mañana mi hijo no sufre por las ballenas, por los pobres y por el bebedero.
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