La mejor forma de apoyar un gobierno es no esconder bajo la alfombra sus falencias y entender que errarle en la gestión es parte del juego, que no siempre se es infalible y que a la postre, lo que va al disco rígido de la historia es la capacidad de corrección de las equivocaciones.
El kirchnerismo ha dado sobradas muestras de corregir en la acción sus errores. A veces lo ha hecho a tiempo, a veces tarde, a veces se ha encerrado en no tomar medidas que le significaron un hemorragia electoral, pero luego ha entendido y obrado en consecuencia. Esto es importante reconocerlo para plantear que se impone una solución drástica al problema de la energía domiciliaria pero también que hay un déficit de las áreas respectivas de control. Hay que tratar de enfriar un poco la mirada: es cierto que hay una ola de calor equiparable sólo a la de 1947, tan cierto como que da cosita que a esta altura de los acontecimientos salgan el jefe de gabinete o el ministro de Planificación a hacerse los cojudos con amenazas a las empresas distribuidoras que, la verdad, nadie toma en serio y que si llegaran transformarse en una quita de licencia no cambiarían en mucho el panorama que estamos padeciendo. Los cortes de luz no son novedad porque verano a verano vienen ocurriendo, sólo se necesitaba una ola de calor un poco más extensa para todo volara por el aire ¿No se lo pudo calcular? ¿No se puede hacer nada ante empresas que prefieren pagar multas antes que realizar inversiones porque les sale más barato? ¿De que sirven las inversiones realizadas para contar con más electricidad en términos mayoristas si luego las distribuidoras no hacen lo que les compete a efectos de optimizar el servicio?