Esta noticia da miedo.
Imaginemos el prostestómetro porteño. Supongamos que funciona martes y jueves de 14 a 20. Pongamos que se utiliza la zona de Congreso, así pueden desfilar las escolas reclamistas por Hipólito Yrigoyen hasta Paraná y retornar por Avenida de Mayo hasta Callao. A los costados, sobre la plaza se instalan las tribunas. El gobierno de la ciudad cobra una entrada simbólica y negocia los derechos de televización como todo lo referido al merchandising, sea un volante del Polo Obrero, Una escarapela de los Ex combatientes de Malvinas, Una cacerola de una señora paqueta de Barrio norte, etc.
Los desfiles tienen una programación anticipada, cosa que las protestas puedan organizarse y “El derecho a reclamar de unos no interfiera con el derecho de circular y trabajar de otros”. Esto generaría situaciones paradojales como que, por ejemplo, los trabajadores de los hospitales que están hoy desabastecidos, recién obtengan turno de protesta para dentro de un mes y medio y así sucesivamente, pero no importa, lo que vale es “ordenar” las protestas, enmarcarlas para que no molesten al vecindario.
Este proyecto de dos diputados Macristas vuelve a poner sobre el tapete la cosmovisión de enanitos de jardín del PRO, esa verdadera transversalidad de ideas retrógradas que asola la ciudad con el amparo del 60 % de los votos porteños .
El macrismo adora esos jardines con enanitos de cemento y así piensa configurar el espacio público porteño. Todo quieto, todo pintado e inmovil.
Imaginemos el prostestómetro porteño. Supongamos que funciona martes y jueves de 14 a 20. Pongamos que se utiliza la zona de Congreso, así pueden desfilar las escolas reclamistas por Hipólito Yrigoyen hasta Paraná y retornar por Avenida de Mayo hasta Callao. A los costados, sobre la plaza se instalan las tribunas. El gobierno de la ciudad cobra una entrada simbólica y negocia los derechos de televización como todo lo referido al merchandising, sea un volante del Polo Obrero, Una escarapela de los Ex combatientes de Malvinas, Una cacerola de una señora paqueta de Barrio norte, etc.
Los desfiles tienen una programación anticipada, cosa que las protestas puedan organizarse y “El derecho a reclamar de unos no interfiera con el derecho de circular y trabajar de otros”. Esto generaría situaciones paradojales como que, por ejemplo, los trabajadores de los hospitales que están hoy desabastecidos, recién obtengan turno de protesta para dentro de un mes y medio y así sucesivamente, pero no importa, lo que vale es “ordenar” las protestas, enmarcarlas para que no molesten al vecindario.
Este proyecto de dos diputados Macristas vuelve a poner sobre el tapete la cosmovisión de enanitos de jardín del PRO, esa verdadera transversalidad de ideas retrógradas que asola la ciudad con el amparo del 60 % de los votos porteños .
El macrismo adora esos jardines con enanitos de cemento y así piensa configurar el espacio público porteño. Todo quieto, todo pintado e inmovil.
Las parejitas no podrán apretar en las plazas luego de las 22:00 pues estarán cerradas, salvo que habiliten algunos “apretaderos” donde los jóvenes puedan toquetearse y besarse. Seguro que instalarán perrómetros para solaz esparcimiento de los canes, etc.
Todo bajo control con los parques Saavedra, Centenario, Avellaneda, Lezama y Chacabuco como los Club House del gran country porteño.
Es gente PRO que no puede vivir sin agenda y todo lo tiene programado: los días que juegan tenis, las noches que salen con la familia, con la amante, con los amigos. Todo programadito. Así es esta fauna en cuyas fauces está cayendo nuestra ciudad, nuestros lugares y hasta nuestros horarios.
El macrismo ha venido a poner orden.
Como siempre viene la derecha, porque poner orden es congelar un determinado estado de cosas. La ciudad está bien así, con un norte abundante y un sur cayéndose a pedazos. No hay que cambiar nada, no. Hay que ordenar, o sea impedir que algo se salga de madre. Todo controladito, todo cerradito. La novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury llevada a la vida real luego de medio siglo.
¿Estamos dispuestos a dejar que sigan avanzando?
Todo bajo control con los parques Saavedra, Centenario, Avellaneda, Lezama y Chacabuco como los Club House del gran country porteño.
Es gente PRO que no puede vivir sin agenda y todo lo tiene programado: los días que juegan tenis, las noches que salen con la familia, con la amante, con los amigos. Todo programadito. Así es esta fauna en cuyas fauces está cayendo nuestra ciudad, nuestros lugares y hasta nuestros horarios.
El macrismo ha venido a poner orden.
Como siempre viene la derecha, porque poner orden es congelar un determinado estado de cosas. La ciudad está bien así, con un norte abundante y un sur cayéndose a pedazos. No hay que cambiar nada, no. Hay que ordenar, o sea impedir que algo se salga de madre. Todo controladito, todo cerradito. La novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury llevada a la vida real luego de medio siglo.
¿Estamos dispuestos a dejar que sigan avanzando?