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sábado, 14 de mayo de 2016

Habrá ley antidespidos?

La puja por la ley antidespidos, con la votación en el senado y la majestuosa movilización del 29 de abril, puso por primera vez contra las cuerdas a Mauricio Macri. Su respuesta fue una operación sutil para recuperar posiciones poco a poco, sin hacerle asco a maniobras repugnantes, como el retraso de Michetti en enviar el proyecto aprobado a la cámara baja para ganar tiempo, reuniendo luego a industriales y jugando tácticamente con las pymes, mientras que, por su lado, Sergio Massa, moviéndose en el terreno que más le gusta y conoce, operaba objetivamente en pos de su idea fija: ocupar el centro del ring. Algo que volvió a conseguir.
Cuando el debate bajó a diputados, daba ya la impresión que todo sería muy difícil porque el FPV no cuenta con número para llegar al quórum y su política de alianzas tampoco le otorgaba esperanzas de lograrlo. Por otra parte, habría que ser muy inexperto para suponer que el massismo iba a facilitarle las cosas. De modo que al día de hoy tenemos un FPV que en diputados no sólo se compró un fracaso estridente, como convocar a una sesión especial sabiendo que no le daban los porotos, sino que la única posibilidad que le queda para sancionar la ley es negociando las modificaciones que propone el Frente Renovador o bien que todo quede en la nada y que tanto Macri como Massa se anoten otro triunfo que, por supuesto, el kirchnerismo intentará desconocer acusándolos de jugar contra los trabajadores y trasuntando un camino discursivo ya conocido por todos.
El problema de fondo es que el bloque del FPV pareciera no haber comprendido cabalmente cómo es la nueva correlación de fuerzas en la cámara baja, puesto que sin los 40 diputados del FR no hay posibilidades ni siquiera de habilitar una sesión. De otro modo, no se entiende cómo se pudo llegar a una instancia en donde, o no hay ley antidespidos, o se negocia con ellos para aprobar algo con modificaciones.
Y no se trata de darle play al disquito “nosotros somos lo únicos que cuidamos a los trabajadores de la ola de despidos”. Si no hay ley, aunque sea con modificaciones, todo queda en la nada y el que triunfa es el ajuste, que avanzará con más vehemencia aún cuando las patronales olfateen que nada les impedirá seguir dejando trabajadores en la calle.
A nivel parlamentario, la mejor defensa del empleo es lograr alguna legislación, si no la mejor, al menos la posible. Eso es sentido común, es pericia política. Lo otro es testimonialismo al garete, es seguir creyendo que porque Navarro putee el domingo para los convencidos y porque en la semana que viene se sigan matando en el piso del Gato Sylvestre, se logra algo favorable para todos los laburantes que tiemblan al ver venir al cartero con un telegrama.
Muchas cosas han estado cambiando muy velozmente, pero hay varios que no lo entienden.

sábado, 30 de abril de 2016

Es el peronismo y sos vos, Mauricio


Entender al peronismo es algo verdaderamente complejo, a veces se me ocurre que entraña las mismas dificultades que tuvieron quienes intentaban descubrir el secreto del funcionamiento de la orquesta de Duke Ellington. Hoy sabemos que el misterio radicaba en que cada instrumentista preparaba sus solos y, por decirlo fácil, tocaba lo que quería, pero ello no impedía que la big band sonara con un nivel de justeza asombroso ¿Qué sucedía? Sucedía que, sin sospecharlo, todos tocaban lo que el Duke quería que tocaran. Por eso su sonido y sus articulaciones fueron inimitables. Se me ocurre que en las entrañas del peronismo sucede algo parecido, sólo que el lugar del Duke lo tiene el sentido de poder, que funciona como el gran ordenador. Hay corrientes internas, disputas, roscas y todo lo que vemos a diario, pero llegado un punto es una maquinaria que cuando se pone en movimiento modifica el mapa político.
En vísperas de la votación por la derogación de la Ley Cerrojo, el politólogo Julio Burdman expuso en El Vermucito una mirada conceptualmente profunda que ha sido ratificada esta semana por la media sanción de la ley antidespidos que el bloque de senadores del FPV aprobó por unanimidad y la movilización imponente de ayer. Según Burdman, el acompañamiento de un sector del peronismo para facilitarle a Macri el arreglo con los buitres en cierta medida lo fortalecería pues el presidente no sólo quedaría endeudado políticamente con el PJ sino que, además, necesitaría de acuerdos puntuales en cada asunto trascendente para garantizarse escribanía y gobernabilidad. Desde este punto de vista, quien quedaría condicionado por el acompañamiento en la votación a favor de los buitres sería el gobierno nacional pues ese peronismo viejo y sabio que lo ayudó en una instancia crucial, mañana le empezaría a exigir su parte y el presidente debería contemplar que, de no negociar, los mismos votos que le sirvieron para mostrar una victoria política fabulosa como lo fue la derogación de la Ley Cerrojo, podrían ser, a la vuelta de la esquina, los que lo condenen a ser un gobierno de minoría, sin escribanía y, por ende, sumamente debilitado.
Bien: todo eso sucedió a menos de un mes de la histórica sesión en la cámara alta. El peronismo le embocó un proyecto de ley contra su política económica -porque los despidos son una consecuencia directa de ella- y, por si fuera poco el acto de apoyo a la ex presidenta de 15 días atrás, la fotos nos hablan de una concentración obrera que desde 2011, cuando Moyano manifestó su apoyo a la reelección de Cristina, no se veía.
Por supuesto que todo sucede en un marco de inorganicidad, donde convergen sectores con diferencias profundas entre sí, y acá es donde irrumpe el gran aporte del gobierno de los ricos, dado que la confluencia de ayer fue posibilitada por un reclamo que viene desde las bases de todo el movimiento obrero organizado, donde el panorama que prima va desde los más de 50 mil puestos que perdió la UOCRA hasta problemáticas como el gremio de alimentación cuyo secretario general, Rodolfo Daer, admite que no han sufrido despidos pero sí que el ajuste está lesionando gravemente el poder adquisitivo de los salarios del sector.
Parece mentira que finalizando el mes donde el gobierno consiguió su logro político más deseado y troncal, el despliegue de su política económica de devastación le arroje estas consecuencias. El escenario en el corto plazo es de suma tensión y pone al gobierno ante el desafío político más difícil: O se las ingenia para distender en lo político y económico, o ingresa en una zona de turbulencia social que tarde o temprano lo termine eyectando.

lunes, 15 de febrero de 2016

Lo peor que le puede pasar al pueblo es que al gobierno de Macri le vaya bien



Hay un reflejo políticamente correcto que incita a pensar que lo mejor para el pueblo es que al gobierno le vaya bien, pero la verdad es que, aunque suene horrible, Lo peor que le puede ocurrir a los sectores populares es que le vaya bien al gobierno de Macri pues eso significa que habrá logrado su objetivo de reducir el valor adquisitivo del salario, de “enfriar” la economía, lo que significa que los que se mueren de frío son siempre los más desprotegidos, y la utilización del empleo como extorsión (en estos días se ha sumado el incombustible López Murphy a la prédica terrorista de Prat Gay y Ferreres, diciendo que si los salarios suben un 40% va a crecer el desempleo)
No se gobierna “con todos y para todos”. Siempre se lo hace a favor de algunos y en contra de otros. Macri ya ha dado muestras inequívocas de qué sectores son los favorecidos por su gestión. La quita de retenciones a las mineras es la evidencia más incontrastable, mientras que las únicas dos medidas a favor de los jubilados y los más pobres las tomó la semana pasada ¡Y son consecuencia de la aplicación de la legislación que dejó el gobierno de Cristina! como el aumento a jubilados y a la AUH, producto de las leyes de movilidad que el kirchnerismo aprobó en soledad, en el caso de los jubilados.
Que le vaya bien al gobierno de Macri significa que logre ponerle fin a lo que sus economistas definen como “una fiesta del consumo” y eso, traducido a los social es subir tarifas y atenuar aumentos de sueldos, porque para ellos, que tu sueldo te rinda como te rendía hasta ahora es antinatural. En sus mentes, lo natural es que los números de las grandes empresas cierren y que los sectores acomodados de la sociedad tengan un consumo asegurado, y el resto que se joda por no estar dentro del selecto mundo de los elegidos. Pero esto que te describo descarnadamente te lo presentan en variados formatos propagandísticos para convencerte de la necesidad de que te sigas disparando en tu propio pie. Te quieren convencer de que haber tenido el salario más alto del continente fue mero populismo y que ahora deberás pagar las consecuencias. Te quieren convencer de que el Fútbol para Todos era algo que no se justificaba mientras lo siguen sosteniendo pero ahora le dan el negocio a los canales privados, que en 10 partidos recuperan la inversión y el resto es ganancia neta mientras el estado es el que paga toda la infraestructura.
Suena feo, horrible si querés y hasta a mala onda. Pero lo peor que te puede pasar es que a este gobierno le vaya bien.

lunes, 8 de febrero de 2016

Terrorismo discursivo de los mercados


Ya lo había anticipado Prat Gay ¿Te acordás?  La frase de Orlando Ferreres impacta de lleno en el corazón del sentido común de miles de trabajadores y expresa, más allá de las arcadas que genera, el terrorismo discursivo de los mercados, que al igual que en los noventa, no dudan en poner al laburante ante un dilema horroroso. Tanto Ferreres como los trabajadores saben que, de última, éstos terminarán aceptando ganar menos y conservar el empleo. El punto es qué somos capaces de generar quienes perdimos las elecciones para transformar en acumulación política las consecuencias que genera en el cuerpo social este despojo. El debate es si las condiciones de empleo dignas que tuvimos durante el kirchnerismo están condenadas a ser la excepción a la regla o si las transformamos en la regla misma.
El avance sobre los trabajadores es feroz. Ahora resulta que el gran dilema ya no es el descuento de Ganancias sino la conservación de la fuente laboral. Indudablemente, los más jóvenes empezarán a comprobar en cajero propio las condiciones del cambio. 10 años en un pibe de treinta y pico es muchísimo. No tiene muchos más recuerdos socioeconómicos, por ende, eso empezará a fermentar por dentro. El verbo urgente es “capitalizar” ¿Seremos capaces de capitalizar todo esto? ¿Qué requisitos supone transformar en una fuerza electoral arrolladora el descontento que inexorablemente generarán las políticas de los CEOS? ¿Hasta dónde ensanchar el concepto de unidad? ¿Quién liderará ese proceso? ¿Seremos capaces de generar una nueva mayoría, entendiendo que “el tipo de unidad histórica –social y política– que plantearon Néstor y Cristina está crujiendo”, como bien lo platea Artemio?
Estas son algunas de las preguntas que están en la primera hoja de la agenda. De cómo las respondamos en la vida real depende cuánto durarán los CEOS en el gobierno.

jueves, 12 de noviembre de 2015

"Que se vayan, que se vayan"


El voto en contra propia está instalado, sólo resta abrir las urnas para ver si termina inclinando el ballottage en favor de Macri. Lo llamativo es que mientras el candidato no desmiente los dichos de sus economistas y medios aliados respecto a la devaluación, al parecer sigue manteniendo una alta intención de voto, con lo cual sumamos a los fenómenos políticos de nuestro tiempo uno más: que un candidato que propone ajuste y devaluación tenga posibilidades de ganar.


Es raro, porque, veamos: el país no está en llamas, no hay un conflicto social explotando en las calles y, fundamentalmente, en la zona socioeconómica del voto en contra propia, las variables siguen en calma. ¿Qué extraño razonamiento lleva al empleado que llega a fin de mes y hasta llegó a ingresar a un plan de ahorro por un 0KM a votar a un candidato que propone una devaluación que impactará de manera negativa en sus condiciones de vida?

Hay muchas razones y quizá una de las más determinantes sea el exceso de confrontacionismo del kirchnerismo que generó una sensación de hartazgo en mucha gente. Es cierto: no se gobierna peleándose con todo el mundo todo el tiempo. O si querés, hay que privilegiar las confrontaciones, ir tiempo al tiempo, como dice el dicho. Ahora bien ¿Eso basta para que muchos vean con buenos ojos a un armado cuyo candidato habla de amor y paz y de bajarte el sueldo?

Hay una característica del votante en contra propia: Cuando le respondés una chicana y le proponés intercambiar ideas, automáticamente se tilda y balbucea un "Que se vayan, que se vayan", aunque le digas que su sueldo perderá poder adquisitivo. Porque es entendible que en aspectos más abstractos ese interlocutor adhiera al relato opositor, pero resulta que ese mismo empleado en relación de dependencia ve a cada rato en la tele opositora a los gurúes debatiendo de cuánto será la devaluación, o sea: calculando hasta dónde le meterán la mano, pero él los mira como si nada.

País raro Argentina, sin derecha y con gente que para castigar un gobierno vota contra su salario y su empleo.

jueves, 28 de marzo de 2013

El piso del kirchnerismo


Interesante el slogan de Melconián ¿no? Sirve para plantear el debate sobre qué fuerza política está más capacitada para hacer que el sueldo alcance. Pero ojo que esto también debe servirle al kirchnerismo para entender que a este afiche no se le puede contraponer el discurso de "Antes se pedía trabajo" Eso ya está, ya es también un piso conceptual sobre el que hay que pararse mirando hacia adelante. 

Ya no sirve que le recuerdes al tipo que recuperó el trabajo que estuvo desempleado y que ahora tiene laburo. Sirve que le demuestres que podés mejorar su calidad de vida. Ya no sirve el regodeo en torno al boom de turismo por Semana Santa porque, en un punto, los que viajan son en su mayoría los que sacan mejor rédito de la situación actual y muchos de ellos están convencidos que les va bien pese al gobierno. Si es difícil desdolarizar el cerebelo del argentino medio, más complejo aún es hacerle ver a la clase media que le va bien por las medidas de un gobierno y no por su  presunto ingenio y su innata capacidad...

Pienso entonces en el Mercado Argentino, en ese intento de diseminar mercados populares que efectivamente le arrimen precios accesibles al pueblo trabajador. Pienso que el kirchnerismo sigue siendo la fuerza con más compromiso con los de abajo y la que está en mejores condiciones de mejorarles la vida, pero veo mucho enamoramiento por etapas que ya se superaron y cierta pereza para salir a batallar por todo lo que falta. 

Cuanto antes entendamos que el piso es para los dos lados del mostrador, mejores resultados obtendremos en todos los órdenes, fundamentalmente en el social.


miércoles, 27 de mayo de 2009

El backstage del apriete empresario

Tras las declaraciones, tras las reuniones de la UIA, tras la demonización del gobierno venezolano, tras el manijeo y la manipulación del dispositivo mediático se esconde la naturaleza del problema, que es una fortísima embestida de un sector patronal con muchísimo poder.
Techint encabezando a los industriales es un bloque de lo más poderoso que hay por estas tierras. ¿Por qué vienen? ¿Por la devaluación? ¿Por un límite a los planteos sindicales de aumento de salarios? ¿Por lograr vía libre para empezar con los despidos? ¿Para marcarle la cancha al gobierno de modo que no se le dé por imitar a Hugo Chávez como tampoco a Obama en tiempos donde hasta el Estado norteamericano se mete a fondo en “la actividad privada”?

Vienen por todo eso y algo más.

El tablero que se empieza a configurar es verdaderamente peligroso y se caracteriza por una especie de “acuartelamiento” de las patronales de la industria que vendría a transformarse en un nuevo frente de batalla para el gobierno.

Lo importante sería entender que estas embestidas que en apariencia son contra el Poder Ejecutivo, en rigor son ataques contra los trabajadores y contra el salario.

Aquellos que cándidamente analicen este conflicto pensando que el que está en problemas es solamente el gobierno estarán cayendo en una trampa fatal porque perderán perspectiva y no verán que siempre que se registran estos embates el que pierde a la corta o a la larga es el pueblo trabajador que termina siendo víctima de fuertes transferencias de recursos desde el trabajo y el salario a las arcas patronales.

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