La puja por la ley antidespidos, con la votación en el senado y la majestuosa movilización del 29 de abril, puso por primera vez contra las cuerdas a Mauricio Macri. Su respuesta fue una operación sutil para recuperar posiciones poco a poco, sin hacerle asco a maniobras repugnantes, como el retraso de Michetti en enviar el proyecto aprobado a la cámara baja para ganar tiempo, reuniendo luego a industriales y jugando tácticamente con las pymes, mientras que, por su lado, Sergio Massa, moviéndose en el terreno que más le gusta y conoce, operaba objetivamente en pos de su idea fija: ocupar el centro del ring. Algo que volvió a conseguir.
Cuando el debate bajó a diputados, daba ya la impresión que todo sería muy difícil porque el FPV no cuenta con número para llegar al quórum y su política de alianzas tampoco le otorgaba esperanzas de lograrlo. Por otra parte, habría que ser muy inexperto para suponer que el massismo iba a facilitarle las cosas. De modo que al día de hoy tenemos un FPV que en diputados no sólo se compró un fracaso estridente, como convocar a una sesión especial sabiendo que no le daban los porotos, sino que la única posibilidad que le queda para sancionar la ley es negociando las modificaciones que propone el Frente Renovador o bien que todo quede en la nada y que tanto Macri como Massa se anoten otro triunfo que, por supuesto, el kirchnerismo intentará desconocer acusándolos de jugar contra los trabajadores y trasuntando un camino discursivo ya conocido por todos.
El problema de fondo es que el bloque del FPV pareciera no haber comprendido cabalmente cómo es la nueva correlación de fuerzas en la cámara baja, puesto que sin los 40 diputados del FR no hay posibilidades ni siquiera de habilitar una sesión. De otro modo, no se entiende cómo se pudo llegar a una instancia en donde, o no hay ley antidespidos, o se negocia con ellos para aprobar algo con modificaciones.
Y no se trata de darle play al disquito “nosotros somos lo únicos que cuidamos a los trabajadores de la ola de despidos”. Si no hay ley, aunque sea con modificaciones, todo queda en la nada y el que triunfa es el ajuste, que avanzará con más vehemencia aún cuando las patronales olfateen que nada les impedirá seguir dejando trabajadores en la calle.
A nivel parlamentario, la mejor defensa del empleo es lograr alguna legislación, si no la mejor, al menos la posible. Eso es sentido común, es pericia política. Lo otro es testimonialismo al garete, es seguir creyendo que porque Navarro putee el domingo para los convencidos y porque en la semana que viene se sigan matando en el piso del Gato Sylvestre, se logra algo favorable para todos los laburantes que tiemblan al ver venir al cartero con un telegrama.
Muchas cosas han estado cambiando muy velozmente, pero hay varios que no lo entienden.