Se lanza la campaña y Elisa Carrió sale decididamente a proyectarse
para 2015. Su análisis es que si UNEN
gana la CABA, sumando victorias tanto en Santa Fe como en Mendoza y realizando una buena performance en
Córdoba, el espacio panradical podría aspirar a salir segundo en la próxima
presidencial, con chances de pelear mano a mano la segunda vuelta. Por supuesto
que entre la teoría y la práctica hay no pocos escollos: deberá salir airosa de una interna con jugadores
fuertes como Hermes Binner y Julio Cobos, pero, además, habrá de remontar muchísimo
en la PBA, donde en octubre ese espacio muy probablemente coseche un módico 15%
y es sabido que es imposible aspirar a ganar en el país si no se disputa cabeza
a cabeza en el principal distrito electoral del país.
Lo más complejo para el panradicalismo, empero, será
transmitirle a la sociedad que está en condiciones de garantizar, además de
electorabilidad, gobernabilidad.
Carrió está apoyándose en un discurso que claramente
confronta con el peronismo en su conjunto, cortando grueso y sin reparar en los
matices que el movimiento alberga en su interior. Por eso lanzó las denuncias
sobre ciertos intentos destituyentes de algunos sectores, que han venido a ser
refrendados por impresentables como Aldo Rico, pero que en definitiva le han dado
un tamiz de probabilidad. Lo que busca es introducirse en la pelea por la
sucesión de Cristina Fernández de Kirchner, intentando filtrar al colectivo no
peronista como un jugador de fuste. No se sabe si lo conseguirá, pero la
apuesta aparece como razonable. En la presentación formal de las listas
definitivas el UNEN lanzó una chicana creativa al plantear que tanto Pino como
Michetti "ya son senadores" y que la discusión pasa por ver si la
banca restante queda para "la república" o para "el pejotismo",
puesto que Santilli, de llegar a la cámara alta, según ella, se sumará al
espacio peronista. Todavía Solanas no ha superado a Filmus en intención de voto
y está por verse si tiene capacidad para conquistar a una parte de quienes en
las primarias se inclinaron por Terragno y Prat Gay, pero ella ya lo da por
hecho, y no está tan equivocada.
Naturalmente, busca instalar al panradicalismo entre las
posibilidades realmente existentes de disputar las presidenciales de 2015,
apostando, entre otras cosas, a ciertas dudas que habría en sectores del
establishment sobre la verdadera estatura política de Sergio Massa
(concretamente hay quienes hoy por hoy no lo ven con los atributos necesarios y
dudan de que en dos años esté formado como para soportar la turbulencia del
poder) y lo malherido que saldrá Daniel Scioli de las elecciones de octubre.
Por supuesto que este plan tiene algunos flancos muy
débiles, los principales son: ganar la interna del espacio y fundamentalmente comprobar
si para los argentinos es una figura presidenciable o si definitivamente está
condenada a ejercer una suerte de fiscalía audiovisual del antiperonismo.
Valga apuntar, finalmente, que esta construcción se sustenta
en el supuesto de que estemos ante el tan proclamado fin de ciclo del
kirchnerismo que repiten minuto a minuto en las usinas opositoras. Si bien hay
varios síntomas que parecerían ratificar esa hipótesis , no vendría mal
recordar que esta fuerza ha sacado lo mejor de sí en la adversidad y que por lo
tanto, sin llegar a recuperar la capacidad de juego hegemónica de otrora, tendrá
suficiente fuerza como para incidir de manera mucho más importante de lo que imaginan
muchos en el diseño de país que emergerá de las presidenciales de 2015.
Las transformaciones en la política concreta no son tan
viscerales como las imaginan en el microclima de las redacciones y los estudios de TV.