
Algo me dice que ya no le serán fáciles las cosas. Que si bien conserva el carisma se le nota en los ojos cierta indefensión y cierto pánico cuando escucha las reflexiones de los periodistas, y eso que anoche estaba en el canal del socio de Mauricio con entrevistadores que respetan la política de alianzas…
Se le nota una necesidad imperiosa de tener la palabra, más que para decir, para que los interlocutores no hablen.
Se le nota, y mucho, que no puede armar bien la barrera.
Suerte que no le patea Riquelme.
Su discurso sobre las bondades de ir a la Cámara de Diputados de la Nación y la enjundia con que miente sus ganas, la verdad no se lo cree ni mi tía Eulalia que es macrista de la primera hora.
Algún asesor debe ayudarla y pronto.
Plantear que desde la Cámara de Diputados va a pelear por la ciudad es poco serio. El bloque del PRO no llegará a los 20 diputados y esa suma es insignificante para pretender, además, lograr que representantes de otras provincias apoyen reivindicaciones de la Capital, el distrito que por ser lejos el más privilegiado del país arrastra por décadas un largo listado de rencores en el interior.
Se la ve un poco gastada, manoseada, como que ha perdido frescura.
Si dos años atrás era como esas jovencitas rozagantes que irrumpen en los pueblos chicos subyugando a hombres y mujeres con su gracia y su desparpajo, el 2009 nos está devolviendo una imagen averiada porque entre otras cosas ahora se sabe que Gabriela peca.
Y peca mucho…
Gabriela Michetti mintió como todos los políticos y eso la “politiza”.
Michetti ya es un político más.
Y se le nota.