La nota de José Natanson ha generado esperables reacciones desde
diversos sectores pero todas coinciden en un mismo nivel de cerrazón. Pareciera
que reconocer aciertos políticos en el adversario es un pasaje de ida a la
excomunión por parte de muchos que se dicen cultores del nacionalismo popular.
Natanson se introduce con valentía en algunos lugares que nos pueden molestar
pero que es necesario evaluar y repensar porque de otro modo no entenderemos
jamás porqué el macrismo viene hegemonizando la ciudad de Buenos Aires hace más de una
década y porqué ahora todo indica que lo hará en buena parte del país.
Natanson tiene la honestidad intelectual de publicar una
mirada que muchos valoramos porque la consideramos correcta, razonable, pero por
sobre todo una mirada con los pies en la tierra, sin escafandras y sin
antifaz, es que al fin y al cabo estos son algunos de los
elementos centrales para elaborar un diagnóstico preciso de qué nos viene pasando pero vuelve a reiterarse el
reflejo de señalar despectivamente a quien se anima a plantearlo en lugar de
analizar lo que nos propone en su escrito. Creo también que en el texto en
cuestión, el autor enumera una serie de aciertos evidentes del macrismo sobe
los que alguna vez tendremos que ponernos a pensar, salvo que sigamos
entendiendo que a la CABA, si vota en un 50% a Carrió hay que prenderla fuego
con todos los porteños que le dieron su voto. Me parece que a muchos les
resulta más cómodo admitir que eso es más fácil que analizar por qué desde lo
que fue el FPV no logramos superar el 20 por ciento en el distrito.
La comodidad y cierta pereza nos han dañado mucho porque nos hicieron creer que
mágicamente todo es para siempre, desde los votos hasta la hegemonía.
Hubo un momento en que eso que se denomina campo nacional y popular estuvo a la
ofensiva, el punto máximo de esa etapa fue cuando Néstor lanzó el ya histórico
"Qué te pasa Clarín ¿Estás nervioso?" Esa etapa duró hasta 2011 (el período entre la derrota con De Narváez en 2009 y la reelección de CFK fue lisa y llanamente glorioso) y a
partir de ahí se nos empezaron a escurrir de las manos desde los votos hasta
las victorias. Mucho antes de que Sergio Massa se abriera, en los mentideros K hablábamos
a diario con los compañeros sobre las consecuencias que podría tener su
partida (hay decenas de amigos que pueden atestiguar lo que digo) pero en Casa Rosada ni se mosquearon. La consecuencia fue la derrota
en 2013 ¡A dos años del 55 por ciento! Luego vino el minué del 2015 y la pésima
resolución de la interna con la consecuente derrota, que fue ajustada por esa
militancia que salió a subirse a los trenes y a tocar timbre porque de lo
contrario Macri nos ganaba por mucha más diferencia. Y ahora, agregando a lo
que considero el error de jugar a Cristina (Algo sobre lo que ya escribí hasta el cansancio) estamos comprobando que
efectivamente tenía un techo bajo y eso muy probablemente le signifique la
derrota en octubre. Pero cuando alguien sale a bucear y exponer aciertos del
bloque histórico que hoy gobierna el país, cunde el reflejo de salir a masacrarlo ¿Tanto
cuesta advertir que estamos mal y vamos peor? ¿Tanto cuesta admitir que hasta
en las PASO porteñas de UC un porcentaje nada desdeñable manifestó con su voto el
desacuerdo con una lista decidida entre cuatro paredes? ¿Tanto cuesta admitir
que la negativa a participar de la PASO en PBA fue la antesala de un octubre temible? Lo que parece estar en la base de todo este
desaguisado es la falta de decisión de los compañeros para salir a plantear con
fuerza el disenso con la conducción, el creer que dejando pasar oportunidades
llegará el momento en que cristalizarán las respuestas superadoras.
Ese ha sido un error garrafal...
Fallecido Néstor, el kirchnerismo entró en la etapa
religiosa y se fue consumiendo en el dogma y la adoración a Cristina. En ese
trance olvidó que más allá de las inmensas virtudes que posee la compañera,
tiene su contrapeso en la incapacidad absoluta de armar en política. Con
Cristina sólo hay una posibilidad: decir que sí. Cualquier otra actitud será
entendida como una de las mil variantes del rupturismo. Bien, así hemos
quedado, con una Cristina que ni siquiera saluda a los compañeros peronistas que ganaron en sus provincias como Pepo en Chaco o en La Rioja hace un par de meses; con el peronismo fraccionado en decenas de sectores a nivel nacional, con derrotas en dos bastiones como La Pampa y San Luis, donde desde 1983 se venía ganando, y
con una derecha que tiende a tornarse día a día más hegemónica.
Un dato que no
debe pasar desapercibido: en 2015, cuando Cristina hizo el famoso llamado al
"Baño de Humildad", en la provincia de Buenos Aires había más de 10
precandidaturas a gobernador, eso ya de por si hablaba del nivel de divergencias
internas que se habían ido acumulando como demostración incontestable de que el FPV por abajo era un caos plagado de contradicciones de diverso grado. Como sabemos, luego de que
se bajaron las listas quedaron sólo las de Aníbal Fernández y Julián Domínguez
con las artimañanas realizadas y el resultado que todos conocemos.
¿Hasta
cuándo seguiremos sin analizar estas cuestiones que hacen al diagnóstico que
nos está faltando?
A veces pienso que en el escenario de 2011, con Ricardito
Alfonsín y Hermes Binner como contendores deberíamos haber obtenido el 65/70 %
de los votos ¡Si no competíamos contra nadie, en términos políticos! Pero en
lugar de analizar el resultado por este lado cedimos a la facilidad de debatir
entre nosotros si habíamos llegado definitivamente al fin de la historia y el
resultado de las elecciones nos ponía al borde de una hegemonía que duraría décadas. Bastaron menos de dos años para comprobar que no habíamos entendido la
etapa, que no nos habíamos dado cuenta que la sociedad argentina, así como te
da el voto te lo quita cuando lo considere necesario, pero todo eso no lo
supimos ver y no paramos de equivocarnos hasta que perdimos nada menos que el
gobierno de la PBA, con todo lo que ello implica. Entre otras cuestiones no
hicimos caso a esa máxima según la cual el otro también juega, y no me refiero
a ese otro imaginario de los camporistas sino al que está enfrente, al que nos
ganó. Venimos derivando cual jangada por el Río Paraná, rebotando de costa en
costa, descendiendo lentamente, por momentos con pausa, por momentos más
violentamente pero algo es seguro: estamos ya muy cerca de la desembocadura al
mar donde ya la jangada se fraccionará en mil pedacitos que flotarán cada uno
por su lado hasta perderse en la nada. Políticamente eso es lo que nos viene
pasando hace seis años, pero no lo hemos sabido ver, no lo hemos querido
entender, no lo hemos sabido afrontar y acá están las consecuencias.
Va de suyo que estas líneas no logran iluminar un futuro,
porque eso es algo colectivo que saldrá del amuchamiento razonable y honesto de
la mayor cantidad posible de compañeros. Estas líneas toman de pretexto la muy
buena nota de Natanson buscando transformarse en un nuevo llamamiento para que
entendamos que así como vamos vamos mal y día a día no paramos de empeorar, por
no encontrar elementos para frenar la sangría y si se quiere también por cierta
falta de coraje para enfrentar a Cristina y su corte marcando a fuego que como
conducción sólo nos están llevando al suicidio colectivo.
Estoy afiliado a la junta de los que creen que se puede, compañeros, se puede porque se pudo, se puede
porque se debe, se puede porque cada vez que mis hijos me escuchan renegar me miran con
ojitos extrañados... seguro pensarán ¿Pero qué le pasa a Papá que ahora se enoja
con Cristina si nos crió enseñándonos a pelear por ella? Se puede porque ahora
mismo como padre discuto de igual a igual con ellos sin pretender que me
obedezcan sino ejercitándolos para que no sean seguidores pasivos de nadie en
el mundo, para que se comprometan, para que banquen una divisa pero sepan
cuándo pegar el grito y marcar errores evidentes. Se puede porque se debe, se
puede porque si alguna vez tuvimos el coraje y los aciertos para poner contra
las cuerdas a los grandes conglomerados que detentan el poder (en la 125, en la
ley de Medios, etc) eso significa que tenemos valores y virtudes ¿Qué nos hizo
perderlas de vista? ¿Qué nos transformó en músicos burócratas que
tocan de memoria una partitura ya gastada y aburrida en lugar de sacar afuera
todas las virtudes -que son muchas- que nos llevaron a protagonizar una gesta
que fue lo más avanzado que se pudo dar el pueblo argentino?
Nos falta Jazz...nos faltan ganas de gestar nuevas aventuras.
¿Quién nos hizo creer, después de tantas batallas, que sólo nos resta añorar los tiempos pasados?
¿Quién nos hizo creer que los
procesos revolucionarios no están condenados a transformarse permanentemente,
aunque en esa transformación tengan que cuestionarse las mismísimas conducciones, sentando al mismo tiempo las bases para las que tienen que llegar a ocupar su tiempo histórico?
¿O acaso
no nos animamos a ir al frente y preferimos quedarnos en la cómoda creyendo que
Cristina nos va a iluminar?
Nooo, queridos compañeros: si no somos capaces de
generarnos luces nuevas nos aguarda una larga noche.