El efecto real de la ausencia de Néstor Kirchner empezó a
sentirse dramáticamente a partir de la victoria de 2011. De golpe vimos que
faltaba política, bah, que faltaba rosca, que faltaba roña, algo que Néstor se
había llevado con él dejando un vacío que no se pudo ocupar. Por eso ayer,
justo cuando se cumplieron 3 años de su muerte tuvimos que asumir que la fuerza
que bajo su influjo repolitizó a la sociedad argentina curiosamente había llegado a este desenlace
electoral sin política, como un ejército silencioso, burocratizado y
autoconvencido de un discurso que a esta altura no conmueve a nadie, que es
como esas ondas de sonido ultra graves que emiten los elefantes y sólo ellos
las oyen a varios km de distancia pero no el resto de los animales ni mucho
menos los seres humanos.
No creo que los que votaron a Massa estén convencidos que
ese es el camino de la salvación, quizá mas bien sospechan que el kirchnerismo no ha dado señales de garantizar mucho más que lo hecho hasta
ahora. El pueblo es agradecido, pero está condenado a buscar futuro y por ahí
no sabe por dónde es el camino pero se pone a escudriñar cuando presiente que la
senda por la que transita está llegando a su fin.
El kirchnerismo lideró la reconstrucción del país y lo hizo
muy bien, pero en los últimos dos años no dio muestras de seguir siendo el
referente para lo que falta. Cristina lo entendió en agosto y a días de las PASO
introdujo algunas modificaciones pero ya era tarde y esto es preocupante porque la
necesidad de esos cambios estaba a la vista de todo el mundo, menos
para el gobierno. Quizá ahí se expuso en toda su dimensión cierta desconexión y
eso en política se factura.
Está claro que la remonta es complicada, está claro que a
veces no basta con el control del Poder Ejecutivo y la mayoría parlamentaria. Está claro que el poder del adversario es fabuloso. Cuando hasta se dan el lujo de perder grandes negocios para hacer fracasar el blanqueo con tal de asestarte un patadón bajo la línea de flotación comprobás el tamaño de las espaldas y el resto que tienen.
La política siempre da sorpresas.
Pero asimismo en política nunca está todo dicho. Si se demuestra que se aprende de los propios errores, nada está perdido. Quedan dos años donde se
pueden hacer muchas cosas y valga recordar que la mejor forma de evitar el tan temido retorno al neoliberalismo es no olvidar que tenemos el gobierno, que aunque no lo sea todo es algo ¿no?.
Hay que confrontar lo justo y lo necesario, o mejor dicho priorizar con quién o qué confrontar: empezar por inflación e inseguridad no vendría nada mal.
El accionar de Randazzo en un terreno horrible como lo es el ferroviario debe servir de ejemplo para pensar en otras áreas, fundamentalmente de la economía, donde está faltando con urgencia un service.