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miércoles, 1 de julio de 2009

Pensar la derrota


Lo más difícil de las derrotas es ponerse de acuerdo en los términos de la autocrítica y en entender que ni con un espíritu derrotista ni haciendo la del avestruz se encuentran las mejores soluciones al dilema.
Lo más difícil es no tratar al que critica más de lo que nos gusta como rupturista ni entender que está sacando los pies del plato.
Lo más difícil es no ensañarse con el compañero que se cierra y se la agarra con los otros, desvalorizando al pueblo que no nos votó.
La derrota genera estas cosas, activa reflejos como el de quien dice “resistamos pues tenemos la verdad de nuestro lado, esto fue sólo un traspié”. Es esta una actitud básica, un reflejo que siempre aflora y pretender taparlo es un error, lo mejor es que salga afuera y que no quede adentro juntando pus.
El otro reflejo es el ver todo mal, verlo desde la desesperación de que acá se acabó todo y no queda nada.
La verdad que ni una cosa ni la otra. La verdad es que la política siempre se recompone y te recompone.
Acá juegan también las edades y la experiencia que indefectiblemente dan los años: Un compañero que ande entre los 25 y los 30 años, que virtualmente debutó políticamente con la debacle del 2001 y vivió la fiesta del 2003, 2005 y 2007 es probable que esté más bajoneado que quienes venimos ya con varias batallas y cosechando más derrotas y sinsabores que dulces etapas victoriosas.
¿Quién era Antonio Cafiero cuando estaba fuera de todo en 1983? ¿Quién era el mismo Cafiero cuando perdió la interna con Menem? ¿qué era el peronismo con el 52 % de Alfonsín? ¿Qué era el radicalismo con el 2 % de Leopoldo Moreau? ¿Quién es Menem, hoy? El mismísimo Macrismo porteño que muchos veíamos como intocable por lo menos por dos períodos consecutivos ¿No quedó seriamente comprometido si Proyecto Sur tuviera capacidad de diseñar un armado amplio en la ciudad?

Creo que a todos nos va a llevar un tiempo terminar del leer el libro del domingo. Las elecciones siempre son un pesado bibliorato cargado de cifras, porcentajes, fotos y mucha pero mucha información discriminada por regiones, provincias y distritos. El mismo tiempo que por ejemplo me lleva a mí caracterizar la actuación de la presidenta en la conferencia de prensa del lunes. Ayer mismo fui duro al achacarle una lectura pobre de los resultados. La pregunta que me hago hoy es si en término de horas alguien puede formatearse como para expresar una lectura distinta, superadora, que vuele por encima del lugar común. No es fácil, admitámoslo.
Fácil es salir a buscar mariscales de la derrota, fácil es apretar el play de la máquina detectora de traidores, pero esa facilidad no está debidamente engarzada en el complejo dispositivo que requieren las autocríticas serias y descarnadas que son las únicas que ayudan a salir del pozo, que oxigenan y señalan el camino a seguir.

Ayer escuché una frase que me hizo mucho pero mucho ruido. Alguien que se manifestaba a favor del gobierno dijo, no obstante que los Kirchner:

“No quieren llevar al paraíso pero a patadas en el culo”

La verdad, quedé absorto al escucharla. No sé si es tan así y no pasa por diseccionar la frase que indudablemente es ingeniosa. Pasa, creo, por empezar a discutir y desde adentro, por supuesto, qué cosas se hicieron bien y qué cosas se hicieron mal. Discutir que si bien es cierto que al kirchnerismo se lo combate por sus cosas buenas más que por sus errores, se han cometido una buena cantidad de desaciertos que cuando perdés se potencian devastadoramente.
Y hay que volver a revisar errores centrales, sustanciales, que luego desencadenaron otros tantos desaguisados. Uno de ellos es, sin dudas, el conflicto con el campo. Este blog ha tenido una conducta de férrea defensa del sentido de la 125 y ha enfrentado permanentemente la arremetida de la Mesa de Enlace (cualquier repaso por el archivo lo delata) Desde aquí hemos batallado contra lo que denominamos la Nueva Derecha Rural, pero ha llegado la hora de decir que desde el gobierno no hubo nunca una política integral para el sector y que sobre esa carencia las patronales agropecuarias trabajaron con astucia y lograron asestarle un golpe demoledor en la puja por la 125 que se proyectó incluso hasta las elecciones del domingo. Si no se entiende esto, todo lo demás cae en saco roto.
Lo complicado de este asunto es entender que a veces teniendo razón perdés ¿me explico? El gobierno tenía razón en esta puja, pero la manejó horriblemente. Cometiendo todos los errores habidos y por haber. Los cambios operados al interior de la Federación Agraria no explican su juego junto a la SRA y CRA. Hubo mutaciones, pero se las debió comprender, entender y actuar en consecuencia.
Luego de este error demoledor el kirchnerismo tuvo la audacia de realizar quizá su mejor acción, que fue el rescate de los fondos previsionales, pero lo que no vimos, me parece, era que el efecto corrosivo del conflicto por la 125 seguía viniendo de abajo para arriba, tipo humedad de cimientos, invisible, imperceptible, pero venía. Por eso Kirchner inventó las testimoniales, el último manotazo de ahogado, la última empalizada para sofrenar una ola pesada y densa, como la pororoca amazónica. Porque vió que se le caía todo, vio que la derrota estaba en la puerta y que no había forma de pararla, salvo con ese invento muy audaz pero al mismo tiempo muy destructivo si se pierde, porque no te queda nada en pie.
Y así fue.
Volaron por los aires todas las defensas y la ola siguió su curso de estragos y destrucción. Sólo quedaron en pie los intendentes, esos verdaderos jefes territoriales que día a día dan más que hablar por la capacidad que tienen para mantenerse incólumes a todos los temporales.
Y un punto realmente importante y por supuesto también central: El ir solos contra todo el mundo. ¿Es inteligente poner en el equipo contrario a Clarín, Techint, la Mesa de Enlace, el radicalismo, el Duhaldismo, el macrismo y todos los satélites que operan alrededor?
También podemos preguntarnos si existían o existieron condiciones para agrietar el frente opositor. ¿Se intentó meter una cuña, activar contradicciones entre ellos o se les facilitó la tarea?
Más me da por suponer esto último.

Otra cosa que ya dijimos el lunes: Si querés apoyarte exclusivamente en la CGT y los intendentes del conurbano porque tenés un proyecto político claramente transformador en lo social, porque aspirás a construir una variante de socialismo, la lógica es perfecta. Pero todos sabemos que nunca pasó por la cabeza de Néstor Kirchner esto. Kirchner jamás planteó este tipo de proyectos, en este sentido fue un peronista de libro. Por lo tanto hemos de concluir pensando que terminó con la CGT y los intendentes porque era la única fuente de poder para recluirse, pero ya era tarde y además quedó claro que los poderes territoriales son efectivos en lo comunal pero su tracción para arriba si bien es importante no tiene tanta potencia como la que se le atribuye.

Andrés dijo algo muy interesante en La Bloguera. Para él no ha terminado ni mucho menos el ciclo que comenzó en el 2001, tan sólo puede haber finalizado un tramo, una etapa dentro de ese ciclo. Los resultados de capital vendrían a corroborar la certeza de Andrés que, ya sabemos, sabe más por viejo que por otra cosa…
Puede ser que si el 2001 puso a todo lo instituido en duda y por sobre todas las cosas puso en sospecha la credibilidad y las fidelidades, las elecciones del domingo hayan sido una demostración de que por ejemplo en la ciudad nadie tiene el sillón asegurado para siempre. Que el PRO, llevando a una de sus principales figuras, que fue esencial para conseguir ese plus que le faltaba a Macri para perforar su techo histórico en la ciudad, haya obtenido sólo un 32 % de los votos a un año y medio de gestión, faculta a sospechar seriamente que no tiene la más mínima certeza de retener el gobierno en 2011.

Continuará


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lunes, 29 de junio de 2009

Como no puedo dormir, escribo

Intento escribir largo. Son las seis de la mañana y creo que si dormí, no fue más que una hora. El resto fueron vueltas en la cama con la cabeza encendida y mil imágenes que la surcaban sin parar.
Me levanto y leo a Martín. Este tipo es cosa seria. Por favor lean esto.
Pretendo hallar la punta del hilo porque así el análisis será más fácil de concluir. Estoy tratando de explicarme porqué pasó lo que pasó y pretendo antes que nada no regalarme nada porque entonces será al pedo estar escribiendo. Uno escribe para otros pero antes que nada, para uno mismo. Uno se aclara el bocho escribiendo, es como que lo desfragmenta. Entonces, para que el ejercicio sea saludable, para que las ideas fluyan y para que a vos y a mí nos sirva esto trataremos de ser precisos.
El kirchnerismo, o si querés Néstor Kirchner empezó a perder las elecciones de ayer cuando en enero de 2007 metió mano en el INDEC. Ahí comenzó a friccionar, a poner una rueda en la banquina. Sin entrar en lo técnico, desde lo político se adentró en un escenario nada ventajoso. Lo que empezaba a poner en tela de juicio era su palabra, la credibilidad de su palabra. Cuando Kirchner lo manda a Guillermo Moreno a “arreglar” el INDEC comienza el derrape porque lo que va a perder en esa aventura es la credibilidad en su propia palabra. El resto es historia conocida. Un país sin cifras, o si querés, un país si un código, sin un acuerdo colectivo sobre determinadas estadísticas es casi como un país sin una hora oficial ¿Se entiende?
La intervención en el INDEC le abrió las puertas a la derecha de manera insospechada, y por supuesto que los muchachos no son de dejar pasar las oportunidades. Se empezó a entablar un choque entre dos datos, entre dos cifras y perdió absoluta credibilidad la palabra oficial con todo lo que eso implica. Un gobierno al que cada vez se le cree menos está en serios problemas.
Luego vino la designación de Cristina para la presidencia y ahí apareció otro síntoma: La nueva presidenta nunca dejó de ser “la esposa de” y si bien ganó por una diferencia amplísima, su crédito era virtualmente inexistente. Por más vueltas que le demos, era la esposa de Kirchner y eso la condicionaba.
Tenemos entonces un manejo suicida del INDEC que le quita credibilidad a la palabra oficial y luego una presidencia débil en un país férreamente presidencialista, pero faltaba el tercer elemento que fue la resolución 125 y la mojada de oreja a un sector que si se lo presumía emblemático, demostró con creces su capacidad política para derrotar nada menos que a un gobierno que hasta poco tiempo atrás parecía invencible.
En julio del año pasado, a sólo seis meses de asumido, el gobierno de Cristina Fernández sufría una derrota estrepitosa y no por Cobos, porque el enfrentamiento con la Mesa de Enlace lo dejó hecho jirones, esa es la verdad.
Ya hemos escrito mucho al respecto en este blog, de modo que no vamos a repetir argumentos trillados, sólo anotaremos como idea que el gran error del kirchnerismo en la 125 fue no advertir que sus días todopoderosos habían concluido. Su gran equivocación fue el error en el que incurren generalmente todos los gobiernos que han tenido mucho poder: el no advertir que un buen día ese poder se achica y que entonces las consecuencias serán costosas. Bien, el kirchnerismo no tuvo sensores para medir esa pérdida de poder, esa imagen de invencible y justo se trenzó con el campo. No sólo eso, se trenzó con el campo que había experimentado un nivel de crecimiento y negocios espectacular y que por supuesto no estaba dispuesto a perder privilegios de un día para otro.
Ahí se terminaron de perder las elecciones de ayer. Ahí apareció la capacidad de Néstor Kirchner para inventar, para fortalecerse en la debilidad, para seguir jugando a todo o nada, para arrinconar a los rivales, para subirles la apuesta día a día. Pero ese empeño, esa actitud temeraria iba mostrando una debilidad creciente que supo ser advertida por la sociedad.
Un gobierno que enfrenta al campo, a las fuerzas de la oposición política, al dispositivo mediático y últimamente a Techint junto a buena parte de los industriales habrá de ser muy poderoso para salir ileso de tamaña embestida. No era el caso, lo sabemos.
Kirchner los puso a todos enfrente y la verdad es que tenía casi nada porque aún ganando ayer por 8 puntos la provincia de Buenos Aires, básicamente con los votos del segundo cordón y perdiendo por paliza en el interior, no hay muchas formas de emerger con algún nivel de legitimación de las urnas.

Hay otra forma de analizar los resultados de ayer y es ver qué le pasa por la cabeza a la sociedad argentina. Escribimos hace poco que hay una porción importante de los argentinos y más específicamente de los sectores medios, que tiene la sensación que la crisis del 2001 fue algo coyuntural, un error, fruto de una mala gestión y que por lo tanto una vez corregidas algunas variables, una vez que retornamos a “la normalidad”, se debe seguir con aquél modelo que tan feliz nos hizo. En lugar de caracterizar al 2001 como el paredón donde inexorablemente se tenía que estrellar la convertibilidad, pareciera que se lo ve como un error, producto de la mala gestión de Fernando De La Rúa. Entonces de lo que se trata ahora, que salimos de la crisis, que recuperamos puestos de trabajo y actividad económica, es de volver a aquel diseño, a aquél formato de los 90.
Por eso no es casual que ayer haya ganado un candidato que propone como modelo el retorno a la década del noventa.
Por eso no es casual que gane espacio día a día esa cosa de la no confrontación ¿Porqué prende tanto esa idea de no confrontar? Pareciera que prende por una cuestión de hegemonía en términos gramscianos: La mayoría de la población está convencida que la situación no se puede ni se debe cambiar.
¿Y también no habrá que analizar si el kirchnerismo no se quedó a mitad de camino? ¿No habrá que pensar que en una de esas muchos de nosotros pusimos algún exceso de voluntarismo para ver en el kirchnerismo rasgos transformadores que por ahí no eran tales?
Quiero decir que en una de esas al kirchnerismo le faltó definición político-ideológica para perfilarse nítidamente y desde ahí captar más voluntades y apoyo.
Quiero decir que pensemos en si no se quedó a mitad de camino y ello resultó suicida.
El kirchnerismo ha sido de lo mejor que le ha pasado al país desde 1983 a la fecha y al lado del macrismo y las diversas cepas del radicalismo sigue siendo preferible, pero preferible para mí y un montón de amigos, quizá no para la mayoría de sociedad.
Porque a veces hay que ir más a fondo, porque sin te quedás ah, a mitad de camino o en mitad del río corrés serio peligro de que la corriente te arrastre. Quizá el kirchnerismo se quedó a mitad del río…
Un gobierno que se sostenga en la CGT y en el segundo cordón del conurbano tiene que ser un gobierno decididamente revolucionario y dispuesto a ir a fondo con las transformaciones sociales ¿Es eso el kirchnerismo? No parece.
Si elegís apoyarte en la CGT y el segundo cordón porque tenés un proyecto marxista, está bien, te jugás el todo por el todo ahí. Pero si seguís siendo un proyecto populista y policlasista con tenues medidas de inclusión (que llegaron sólo hasta 2007) estás en serios problemas.
Entonces, si tu proyecto no es transformar radicalmente la sociedad no te podés dar el lujo de aislarte y perder vasos comunicantes con el mismísimo peronismo santafecino y cordobés. No hay futuro, o si lo hay es un futuro con mucha turbulencia el que te espera si en distritos emblemáticos no figurás.

El punto es cómo sigue esta historia cuando aún le quedan dos tercios de mandato a Cristina de pato muy pero muy rengo. Iremos sin duda elaborando entre todos un diagnóstico de lo que pasó y es bueno que vayamos pensando qué vamos a hacer todos los que nos hemos encontrado en esta hermosa experiencia política. Néstor salió anoche a poner la cara y lo hizo con las deficiencias del caso. Esto es igual que cuando las cámaras enfocan a los ternados que no ganaron el Martín Fierro, por más que se esmeren, los rostros son inmodificables. Salió a poner el cuerpo y sí algo hizo bien fue remarcar que nosotros no vamos a molestar con el tema del fraude, cuestión que debe quedar remarcada a fuego para que la historia registre estos datos que no son menores. Siempre que fue derrotado el peronismo asumió la situación sin salir a deslegitimar el triunfo del adversario.
Una pregunta que por ahora no tiene respuesta es si el parlamento tendrá legitimidad para tomar alguna medida antes de que asuman los nuevos legisladores. El sentido común indica que la actual composición es ya vieja y que si bien tiene mandato constitucional hasta el 10 de diciembre, cualquier medida que tome, de no ser por consenso, tendrá una legitimidad dudosa.
Otra pregunta es cómo se para el gobierno ante la UIA y la Mesa de Enlace, que van a venir por todo ¿Qué resto tiene Cristina para sostener un punto de vista distinto al de las corporaciones?
La buena noticia es que ahora las fuerzas de la oposición entran a tener algo que ver en la gestión y empezarán por ende a pagar costos por algunas decisiones que se tomen. Por ejemplo, si la oposición la emprende con la eliminación de las retenciones y logra imponerse, pues empezarán a faltar recursos en las arcas del Estado que se traducirán en ajustes no deseados.
El gobierno ha sido derrotado pero aún tiene margen de acción y sigue siendo la primera minoría en diputados y senadores. Tiene espacio para maniobrar y tiempo para recomponerse. Si se hace una buena lectura de la derrota y se extraen enseñanzas se puede salir a flote o, por lo menos, lograr un mínimo de gobernabilidad sabiendo, repito, que ahora es también oposición la que empieza a verse comprometida con el devenir de los acontecimientos.


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