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martes, 7 de abril de 2009

Chau Nano

A las 16:30 falleció Nano Herrera, todo un personaje del jazz argentino con quién trabajé en "La Vereda", el programa que Quique Pesoa tuvo en Radio de la Ciudad entre el 2000 y el 2003.
Incansable difusor del jazz, propietario de un extenso anecdotario, Nano fue no sé si el más versado en la materia pero sí el más pintoresco.
Va a ser raro de ahora en más no divisar el rascacielo de su estampa en las antesalas de los conciertos.
Bicho porteño hasta la médula, habitante de innumerables zapadas, dueño de los horarios más estrambóticos de la trasnoche en las radios menos pensadas.
No es poca cosa.
Se fue Nano.
Hoy más que nunca se nos atranca un blues pesado en la garganta.
Y el saxo del viejo Ben Wesbter se suma a la protesta roncando una nota grave, gorda y aguardentosa que viene a colarse por mi ventana
para tornar más sombrío aún este atardecer amargo en Buenos Aires.

martes, 21 de octubre de 2008

La derecha está desesperada con lo de las AFJP

La derecha caracteriza como “confiscación”, expropiación y hasta “robo” la decisión gubernamental de liquidar las AFJP.
Es interesante ver cómo los voceros de las empresas ven al Estado como el enemigo, como algo “de otros”. Una estatización de las jubilaciones, significa traerlas a lo público, a lo de todos, pero para la ellos implica todo lo contrario.
Claro, ellos son del “Mercado”. Ellos “creen” en el “Mercado” y como lo contraponen al “Estado”, es de libro que sientan esta medida como un robo.
Nuestra historia no se confunde y es muy contundente: Cuanto más Estado hubo, mejor le fue al pueblo y cuando se lo liquidó crecieron como nunca el desempleo y la desigualdad.
Algo de esto debe sospechar la gente, si hasta una encuesta de La Nación da favorable con un 58 % a la medida que se anunciará de un momento a otro.
Una disposición que está en sintonía con lo que están haciendo otros Estados en función de resguardarse ante los efectos de la crisis en el centro del capitalismo, es tomada como una metida de mano en el bolsillo del pueblo por los mismos que se hacen los distraídos cuando en los mismísimos Estados Unidos es nada menos que el Estado el que debe salir a combatir el incendio que produjo tanto festín ortodoxo...
Claro, allá está bien.
Acá no.
Nunca como en estos días estos voceros y gurúes de las grandes empresas exponen a la vista de todo el mundo su verdadero rostro de monstruo clasista. Despotrican contra el Estado porque es la única herramienta del pueblo para frenar su vampirismo, y por esa misma razón odian a los Kirchner, porque aún a los ponchazos y con errores se empeñan en revivir esa estructura que es la única que puede hacer algo por los de abajo.
Durante décadas infiltraron al Estado para hacer grandes negocios y luego generar las condiciones para que su desguace favoreciera sus intereses. Ese trabajo les dió sus buenos frutos que se disfrutan en “Zona Norte” y se padecen en las barriadas humildes de todo el país. Y justo ahora, que la tarea había concluído, parece que se vienen tiempos de mucho Estado en el mundo. Están como locos.

Si será buena la medida que hasta Claudio Lozano la aprueba, por supuesto que lamentando que “se haya perdido la oportunidad parlamentaria de forjar una unidad política con contenido”
Como de costumbre, su vuelo político es de tipo perdicero, siempre al ras y abajito.
Si el proyecto no pasa por el parlamento lo lamenta y si pasa corre el arco y termina votando como siempre con el PRO, la Colisión, Chiche Duhalde y lo mejor de cada casa.

martes, 7 de octubre de 2008

El Efecto Jazz los hace gozar...

Hay ciertas operaciones que lanzan este mensaje:

“¿Cómo, no era que la crisis no iba a afectarnos?”

En primer lugar bueno es recordar que nunca nadie dijo que el Efecto Jazz no fuera afectarnos, sí se planteó que esta crisis –muchísimo más fuerte que las de años anteriores- encontraba a nuestra economía en mejores condiciones. Si hasta el mismísimo Clarín en ese titular antológico (“Algunos problemas de Argentina atenúan el impacto de la crisis”) citó declaraciones de varios economistas, la mayoría del elenco estable, ratificando que el país está hoy mejor parado que otras veces.
No obstante, a los blogs llegan los típicos comentarios anónimos, muchos con olor a service, con una intención clara de gaste. Como gozando al gobierno por el recrudecimiento de la crisis.
El objetivo pareciera ser, una vez más, responsabilizar a la Casa Rosada hasta por los efectos de la crisis en el ombligo del capitalismo financiero.
Muchos empleados de grandes medios privados de difusión y varios políticos opositores están diciendo: “Vieron, vieron que la crisis nos iba a complicar”
Es esta una actitud extraña. Por un lado es como que se desea fervientemente que todo explote en mil pedazos y por otro, pareciera campear una postura que se asemeja a la de la víctima que termina disfrutando de su constante vejación.
Pareciera que la dependencia atrofia las posibilidades de imaginar alternativa a lo que viene de arriba. Entonces sólo hay un camino: ceñirse pasivamente a las consecuencias.
Es una pasividad alarmante.
Para pensar...

lunes, 29 de septiembre de 2008

"Efecto Jazz": Cómo desafina Martín Caparrós


Han pasado ya algunos días de la publicación de esta nota donde el periodista Martín Caparrós le pide a nuestra presidenta que no se meta con el jazz pues considera que la figura utilizada por la primera mandataria es una gran equivocación ya que, siempre según él, no se puede relacionar a esta música surgida en los arrabales de la sufrida comunidad negra con la explosión de la “economía más central y dominante del planeta”
La verdad es que si de buscar un parangón con la crisis financiera de Estados Unidos se trata, la definición de nuestra presidenta es sencillamente perfecta.
Ya se ha dicho mucho antes que el Jazz es quizá el aporte más importante (el único, sostienen algunos) de Estados Unidos a la humanidad y no nos engañemos: Independientemente de coincidir mucho poquito o nada con Cristina es incontestable que cuando decimos Jazz pensamos en Estados Unidos, así como si decimos Flamenco pensamos en España, si hablamos de Bossa Nova nos figuramos Brasil, si mentamos el Son naturalmente pensamos en Cuba y, sin ir más lejos, toda vez que hablamos de Tango pensamos en Argentina, aunque les duela a los hermanos orientales.
Pero hay más pulpa en esta certera caracterización de Cristina y es cuando ella hace mención a una crisis que estalla en el centro del poder financiero internacional y se expande a la periferia. El Jazz norteamericano siguió ese camino desde su nacimiento, irradiando su potencia desde Estados Unidos al resto del mundo, y sin proponérselo aún en nuestros días sigue siendo la referencia central para todos los músicos que hacen jazz sobre la tierra. Hoy cualquier músico de Europa o la periferia quiere tocar la trompeta como Winton Marsalis, la batería como Dave Weckl y la guitarra como Pat Metheny. Y ni hablar de lo que ha ocurrido en las décadas pasadas donde las referencias para los saxofonistas de cualquier parte del orbe fueron norteamericanos como Lester Young, Coleman Hawkins, Charlie Parker, John Coltrane, Sonny Rollins o Stan Getz. Donde cualquier trompetista siempre quiso tocar como Dizzy Gillespie o Miles Davis. Donde los referentes de los bajistas fueron Jimmy Blanton, Ray Brown o Ron Carter y así sucesivamente en todos los instrumentos, mientras que en lo conceptual, todos los directores de Big Bands abrevaron siempre en el gran Count Basie o en el inconmensurable Duke Ellington y muchos arregladores siguieron los pasos de Gil Evans.
Es cierto que el jazz tiene una innegable impronta negra. Es cierto que muchos de sus genios fueron muy maltratados –quizá los casos del pianista Bud Powell y del monumental saxofonista tenor Lester Young sean los más extremos- pero esto no invalida que como movimiento artístico, el Jazz es innegablemente norteamericano.
Cuando Caparrós describe los problemas de los músicos negros da en la tecla, o toca la nota justa, por decirlo de manera musical. Pero hiere los oídos con una desafinación de principiante cuando no visualiza que esa es una de las tantas contradicciones internas de la gran potencia del norte que no invalidan lo que el Jazz significa para afuera.
El Jazz es rebelde y revolucionario, pero más respecto de la música clásica europea que del capitalismo. El jazz es revolucionario en lo artístico y conlleva la paradoja de que muchas de sus grandes figuras fueron muy transgresoras en materia musical y muy conservadoras en su vida ciudadana. Pero no por ello deja de ser un producto típicamente norteamericano que luego se derramó por el mundo en algunos casos como modelo a imitar y en otros como lenguaje, como forma de abordar el hecho artístico con la mayor libertad posible.
Si será norteamericano que hasta la revolución cubana prohibió tocar jazz en sus primeros años, incurriendo en un error colosal que por supuesto corrigió con el paso del tiempo. Por eso la primera gran agrupación de jazz que surgió durante la revolución, allá por 1967 en la isla se llamó “Orquesta cubana de música moderna” de la que saldrían los músicos como Chucho Valdés, paquito D’Rivera, Carlos Emilio Morales, entre otros, que luego crearían Irakere, el grupo de jazz cubano más importante de las décadas posteriores. Aquél nombre -OCMM- surgió por la prohibición que existía de usar la palabra “jazz”, por considerarla imperialista...
Y ,por supuesto, el jazz no es exclusividad de los negros porque hubo y hay figuras rutilantes blancas como Gerry Mulligan, Stan Getz, Gary Burton, Chick Corea, Benny Goodman, Gene Krupa, Glenn Miller, Stan Kenton, Chet Baker y tantos más. Incluso el mismísimo Miles Davis cometió el error de afirmar que él podría determinar a ciegas que el sonido de los músicos negros se diferenciaba del de los blancos. El crítico Leonard Feather lo desafió y por supuesto Miles pasó un gran papelón. Feather lo sentó en una habitación de espaldas, le fue haciendo escuchar decenas de músicos y Miles tenía que decir “Blanco” o “Negro”. El resultado fue demoledor para Miles, que tuvo que reconocer a regañadientes que su teoría había quedado hecha pedazos.
Si bien el jazz norteamericano procesó en su interior las contradicciones raciales de los Estados Unidos, bueno es reconocer también que ni Miles Davis, ni Louis Armstrong, Duke Ellington o en la actualidad Winton Marsalis renegaron de ser norteamericanos. De ahí que vincular al jazz con ese país, como lo hizo Cristina, es absolutamente pertinente y preciso.
La constante se repite sin cesar: Todo lo que haga o diga Cristina debe ser desacreditado.
Aunque tenga razón

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