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viernes, 1 de octubre de 2010

El golpismo

Muchos dijeron en su momento que la presidenta sobreactuaba en el golpe de estado de Honduras. No se sabe qué argumentarán ahora, luego del intento de derrocar al presidente de Ecuador. Argentina y Brasil fueron los países de la región que con mayor decisión trabajaron para denunciar el golpe contra Zelaya y trataron por todos los medios de que se lo repusiera como presidente constitucional. Lamentablemente el golpismo triunfó y ya estamos padeciendo las consecuencias en el resto del continente.

Algo que se me apareció ayer de manera desordenada fue la sensación de que el golpismo está mucho más presente y si se quiere más vivo que lo que se pensaba. Ha sido, sin duda, un error de apreciación de muchos de nosotros pensar que la amenaza golpista estaba más empequeñecida de lo que en verdad está. En rigor de verdad el golpismo está latente y lo único que lo frena es el poder y la convicción que tengan las fuerzas políticas para cercarle los caminos. Porque ahora se nos presenta con otros ropajes, ya no como la avanzada de un general con un regimiento. Hoy hay fuerzas que están en la democracia de las que uno tiene todo el derecho a dudar de su compromiso democrático. Es creíble Ricardo Alfonsín cuando se manifiesta por el sistema democrático, pero Oscar Aguad nos llena de dudas. Puede ser creíble Felipe Solá, pero Eduardo Duhalde mete miedo.

Un dato a tener muy presente es que el golpismo nunca manifestó desprecio por la democracia, eso hay que recordarlo siempre. Toda vez que alianzas cívico-militares tomaron el poder por la fuerza lo hicieron declamando un ferviente compromiso con la democracia. Siempre plantearon que tomaban la decisión extrema ante la falta de garantías o ante la incapacidad del gobierno de turno de administrar el país como se debe. Los golpes se sucedieron para generar las condiciones, decían los golpistas, que garantizaran un retorno a la más plena vigencia de las instituciones. Los golpes siempre se llevaron a cabo enarbolando consignas de recuperación de las instituciones, por eso no hay que sorprenderse cuando en estos días desde diversos lugares se viene machacando con que el kirchnerismo es una dictadura o una tiranía, o cuando se insiste en su poco apego a las normas democráticas. Cuidado que ese discurso se funde en proclamas que durante el siglo pasado fueron la sustancia de los gobiernos cívico-militares. Cuidado porque a un gobierno que respeta la legalidad democrática incluso mucho más que otros, que se llenan la boca hablando de democracia y mientras fueron gobierno mantuvieron los canales y las radios intervenidas o se fueron matando gente, se le quiera enrostrar un apego relativo a la democracia. Cuidado porque sobre la desmemoria y la persistencia del zocaleo televisivo se puedan instalar nociones que luego toleren cualquier aventura extraña.

Porque uno de los problemas que tenemos,además, es que cuando el motor del golpismo se pone en marcha luego no hace grandes distinciones entre un gobierno y otro. Quiero decir que si la infección antidermorática avanza, no significa que se las vaya a agarrar con el gobierno kirchnerista, es muy probable que lo haga con uno opositor que no tenga la capacidad de respuesta que tiene el gobierno actual ¿se entiende? Y es probable, incluso que lo haga para evitar un posible retorno de lo indeseable, que golpee a un gobierno débil para evitar que el país caiga nuevamente en manos de una fuerza que ha demostrado una dosis de rebeldía intolerable para el establishment.
La constante histórica del continente, según la cual las democracias eran disfuncionales a los intereses de las grandes oligarquías y por eso no se las toleraba quizá sigue más latente de lo que pensábamos. En un punto, alertar sobre estos riesgos excede la coyuntura de kirchnerismo vs "Grupo A" porque a la postre unos y otros terminan siendo inconvenientes, unos porque no aceptan las reglas de juego preestablecidas y otros porque son incapaces de evitar que aquellos accedan al gobierno.

Ayer escribí algo que, por supuesto a los mismos lectores de siempre les pareció descabellado: la referencia a  Santa Cruz. ¿Qué tiene que ver? preguntaron. Quizá nada, quiza algo, o quizá sea una boludez mayúscula de mi parte. Lo que quise es dar la idea de que las condiciones para un quiebre institucional se pueden generar en horas. Basta una resolución de la Corte para que algunos sectores en minutos imaginen intervenciones y demás actos que, puestos en perspectiva pueden terminar siendo el caldo gordo para profundizaciones de ese tipo de medidas. La idea sobre la que trabajan muchos sectores (y acá el caso Honduras vuelve a tener una vigencia que asusta) es que las resoluciones de la Corte Suprema son algo así como la palabra sagrada, como una voz inmaculada a la que sólo existe una sola postura que no es otra que el acatamiento. Acá hay mucha tela para cortar y acá también estamos en un terreno de disputa por el sentido y las nociones firmemente instaladas en cierto sentido común. Las cortes también se equivocan y hacen política. he aquí un nuevo frente de batalla que se ha abierto merced a la ley de medios: Crece una discusión sobre la justicia, los jueces y la corte y me parece maravilloso que eso suceda. Si dudas una democracia se fortalece cuando los ciudadanos se animan a discutir con los jueces. Hoy se puede leer una muy buena columna de Mario Wainfeld al respecto.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La bestia está de regreso.

Así en caliente y escribiendo con un ojo en el teclado y otro en la pantalla se puede suponer lo más grave y es que no es casual que ahora el intento desestabilizador venga por Ecuador, acaso el país con mayor inestabilidad democrática de los últimos años. En apariencia podría suponerse que en países mucho más estables como Brasil, Argentina, Uruguay y Chile las condiciones para alguna tropelía golpista no están ni cerca maduras como en Ecuador, pero sí estaría pendiendo de un hilo Paraguay y en perspectiva Bolivia, aunque ya hubo algunos amagos frustrados y Evo Morales cuenta con un poder de movilización popular de fuste.

Lo realmente peligroso en estas horas es constatar que pese al tiempo transcurrido y que pese al descrédito de las Fuerzas Armadas y de seguridad, realmente nadie puede seriamente negar que si el dispositivo mediático se lanza en picada a promover las condiciones para alguna variante golpista consiga generar condiciones favorables. No estaría de más observar cómo las fuerzas opositoras se lanzaron presurosas a discutir distintos tipos de "intervención" a la provincia de Santa Cruz por un fallo de la Corte Suprema de difícil aplicación. Son puntitas, son reflejos.

 De momento tenemos acá en Argentina la evidencia que al menos un 80 % de los abonados a diversas empresas de cable no están recibiendo información respecto a la gravedad de los sucesos en el país hermano mientras el principal diario en su edición online dice que "la situación está controlada" cuando parlamentarios ecuatorianos ratifican en comunicaciones telefónicas que efectivamente el Rafael Correa está detenido en el hospital.

Lo preocupante es temer que el fantasma del golpismo vuelve a recorrer nuestro continente y que independientemente del resultado que arrojen estas jornadas en Ecuador, la bestia está de regreso.

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