"Como toda ciudad de clases medias es plural, subjetiva, relativista, histérica, caprichosa, tilinga, creativa, digna y orgullosa. Como todo puerto es cosmopolita y anhelante, tiene la sumisión del comerciante y la belicosidad del desconfiado, espera todo del más allá y se cree embajadora del exterior en el interior. Es fecunda y renegada, chauvinista y extranjerizante, solidaria y cruel. Es compleja, ilustrada, celebró a Juan Manuel de Rosas, y se independizó con Valentín Alsina y fue prepoteada por Roca, es ciudad de poetas, y parió el tango, quizás, una de las expresiones culturales colectivas con mayor profundidad de todo el planeta. ¿Cómo se puede despreciar sin más a una ciudad que ha sido, es y será tantas cosas a lo largo de la historia? ¿No es una forma perversa de la tilinguería ser porteño y abjurar de la propia porteñidad por la tilinguería de sus habitantes?
El movimiento nacional y popular –sobre todo aquellos de sus integrantes que viven en Buenos Aires– debe replantearse una estrategia de seducción hacia los porteños que le permita llevar adelante una transformación que acompañe el proceso nacional. No es posible seducir a un electorado si se lo desconoce, se lo soslaya, se lo desprecia. En la fórmula “Buenos Aires es gorila, nunca ganó el peronismo” hay mucho de verdad comprobada pero también hay mucho de vagancia intelectual y fatiga de la voluntad. Una verdadera vocación política por parte de los dirigentes porteños es lograr interpelar e interpretar de la mejor manera posible lo que pretende una sociedad. En el caso del peronismo, sus integrantes deberán redoblar sus esfuerzos, reelaborar sus tácticas y redefinir sus objetivos para poner en consonancia a la provincia con la Nación. ¿De qué manera se logra esa articulación, de qué forma se salta del optimismo vecinalista a una programática solidaria y con contenido nacional? ¿Cómo se piensa una agenda para las clases medias por parte de un movimiento que está pensado para representar a los sectores populares?"
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