
En los últimos tiempos se vienen observando ciertas actitudes novedosas al interior de lo que comúnmente denominamos “clase media progre”. Acá mismo, en el blog, crecen los comentarios de visitantes que se han arrimado al oficialismo hace poco tiempo y los de aquellos otros que relatan casos de amigos, de compañeros de trabajo o familiares que, o han pasado a apoyar a Cristina decididamente o están en esa fase de transición en la que se definen como “opositores de la oposición”. Hay también casos de una notable decepción de votantes a
Proyecto Sur que decididamente no soportan el maridaje obsceno entre
Solanas y la peor derecha reaccionaria de
Pinedo,
Bullrich,
Aguad y
Rodríguez Saa.
Hay puntas, gestos, exclamaciones que deben ser examinadas con mucho esmero por todos los que venimos machacando hace rato por la necesidad de reconstruir los lazos con bolsones de los
sectores medios que inexorablemente deben ser partícipes de todo proyecto de transformación de la sociedad.
Creo que la base del análisis político-ideológico es aquello que el
nacionalismo popular revolucionario fue definiendo en décadas como la necesaria confluencia de los pequeños empresarios del campo y la ciudad junto a los trabajadores, conformando el núcleo duro, la encarnadura del proyecto transformador. La idea siempre fue que lo que en su momento definíamos como “
la lucha liberación” debería encarnarse en todos los sectores que se perjudicaban con un modelo de país dependiente y profundamente desigual en lo social. Hoy estamos en una etapa defensiva, hoy peleamos por reconstruir algo de “Estado” para desde ahí parapetarnos y poder tomar impulso para las luchas que nos depara el porvenir, pero nada de eso podrá concretarse si todos aquellos sectores sociales a los que les conviene el cambio no se suman a la cruzada.
Es en este contexto que hay que entender la necesariedad del concurso de los sectores medios. Es en este contexto que hay que asumir en toda su crudeza algo que
Mendieta alguna vez avizoró como un déficit muy fuerte de nuestra parte: Que como miembros de la
clase media no fuéramos capaces de dar la batalla en el sector social al que por nivel de vida y consumos culturales pertenecemos.
Es probable que en una etapa de una fortísima ofensiva reaccionaria, que caló fundamentalmente en una franja que oscila en los 30 años y que mamó la leche menemista (hubo que ser adolescente en los noventa y salir ileso…) los sectores medios kirchneristas hayamos estado obligados a caminar por el desierto. Esto se tradujo en ciertos silencios cuando llegábamos a algunas reuniones, en que nos dejaron de invitar a otras o que en la familia se prohibía hablar de política y demás acciones a los efectos de aislar a quienes éramos catalogados como adictos a una rara enfermedad que empieza con K.
Es probable también que sin pensarlo hayamos protagonizado una suerte de Resistencia que sin tener ni ahí lo epopéyico de la
Resistencia peronista de los cincuenta y sesenta, haya sí servido para que muchos vieran con el paso de los días, los meses y los años, que no estábamos fanatizados ni que lo nuestro era un brote pasajero. Es probable entonces que muchos amigos, muchos compañeros de oficina y muchos parientes hayan ido viendo en nosotros a gente que honestamente, sin cambiar de trabajo y nivel de vida está seriamente comprometida con un proyecto por la sencilla razón de que es la mejor opción -o si querés lo menos malo- para el país frente el espectáculo decadente de las diversas expresiones fosilizadas de la derecha criolla tanto en sus fases políticas como mediáticas.
Es probable entonces que la convocatoria del viernes en
Plaza de Mayo no sea algo descolgado. Es probable que a muchos compañeros haya dejado de darles cierta “cosita” el asumirse como oficialistas y es probable también que la figura de Cristina esté empezando a tallar tenuemente en esto de ir torciendo voluntades. Está pasando mucho entre las mujeres esto de bancar antes que nada a Cristina.
Algo para analizar.
Con todo lo que hemos discutido sobre 678, estaría quedando clara la tremenda potencia de interpelación de la TV porque si es cierto que el programa no supera los dos puntos de rating (sin dudas que debe medir un poco más) de cualquier manera estamos hablando de una bocha de gente que supera largamente las cien mil, lo que no es poco. Pero tampoco es poca cosa ver que hasta ahora ninguna marcha convocada desde Facebook tuvo tanta asistencia, ni siquiera aún aquella por la Seguridad del Rabino Bergman y el cura, que pese a contar con todo el despliegue del dispositivo mediático terminó siendo un verdadero papelón.
Todo esto nos lleva a suponer que estamos en un momento que podría ser caracterizado como un punto de inflexión. Se observa un hartazgo creciente respecto al espectro opositor; se nota una decepción galopante con el centroizquierda que objetivamente en los hechos juega para la derecha y comienza también a divisarse que luego del Mundial de Fútbol se vienen las internas abiertas y así como quien no quiere la cosa, se viene la elección presidencial, con todo lo que lo ello implica pues ya no se trata de elegir diputados y senadores sino un gobierno, y si algo no se le puede criticar al kichnerismo son sus condiciones para garantizar gobernabilidad.
El mundo ha atravesado la crisis más fenomenal en décadas y en Argentina virtualmente no nos dimos cuenta, no sentimos el cimbronazo. Cuando allá por setiembre de 2008
Clarín tituló
“Para los economistas, algunos problemas de la Argentina reducen el impacto de la crisis” estaba reconociendo por el absurdo y el ridículo que las cosas se habían hecho bien. Cuando en pleno tsunami financiero mundial el gobierno le prestaba plata a las automotrices muchos “vivos” se reían sin llegar a comprender, pobrecitos, que esos fondos eran nada más ni nada menos que para
garantizar la fuente de trabajo de miles de operarios.
Todo esto tuvo que quedar registrado cual semillas en algún rincón de la conciencia en esas franjas de argentinos que no fueron lobotomizados por el dispositivo mediático y es probable que ahora empiecen a germinar. No casualmente el viernes había una gran cantidad de gente que anda arriba de los 50 años, porque es el sector que tiene capacidad de recordar íntegramente el derrotero democrático desde 1983 a la fecha.
Si muchos simpatizantes y
militantes kirchneristas tuvimos una perseverancia sin igual para capear el temporal de sentirnos casi exiliados en “los grandes centros urbanos” durante estos largos años, hoy tenemos el deber de salir a afiliar a aquellos amigos, parientes o compañeros de laburo que andan medio perdidos pero básicamente desencantados. Si cada uno de nosotros convence a uno solo, la suma da para garantizar la continuidad del proyecto, la cuenta es sencilla.
Pero esto exige muchísimo tacto para procesar actitudes, gestos y muecas absolutamente nuevas.
Fede Vázquez en este post de ayer nos ayuda a clarificar los tantos. Necesitamos una “política blanca” y hasta es probable que en una etapa hasta debamos ceder en algunas cuestiones tácticas pero no para evitar que muchos salgan corriendo, sino hacerlo desde el hecho honesto de reconocer que no todo está inventado y que también algunas de las cosas que traemos en la mochila en una de esas hay que descartarlas, readaptarlas o simplemente reemplazarlas por otras nuevas.
Todo está por inventarse. Eso es lo más excitante.
(Acá se pueden ver fotos del viernes)--------------------------------------------