Consenso es esperar que derrame la copa.
Consenso es, por ejemplo, no pensar en reformar la legislación en materia de medios de comunicación audiovisual.
Entonces toda idea de reforma se emparentará inexorablemente con la noción de ruptura de la convivencia pacífica. En realidad, nada nuevo bajo el sol: El viejo Ajedrez donde la derecha defiende lo suyo y se niega a desprenderse de algo. La diferencia es que ahora el pensamiento conservador ha realizado un trabajo de hegemonía muy audaz logrando convencer a buena parte de la sociedad de que cualquier intento de reformular el actual estado de cosas es crispación y tentación autoritariaPor lo tanto, la recuperación de los fondos previsionales, por caso, es primero “confiscación” y luego “crispación”Por todas estas razones decimos que el consenso se puede lograr a veces, otras veces no y no está mal que eso sea así. Consenso supone acuerdo de todas las partes y a veces no hay acuerdos, lo que ni más ni menos es una posibilidad. Lo que está mal es cuando se impugna desde la minoría lo obtenido por la mayoría. Si el gobierno logró, por ejemplo, ganar en Diputados la votación por la estatización de los fondos previsionales –el ejemplo más elocuente de la ruptura del consenso- por 160 votos contra 75, no pueden salir los derrotados a negar legitimidad a ese resultado y seguir repitiendo como si nada que estamos ante un escenario de “confiscación” y “expropiación”
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