Cuando el desprecio gorila proviene de los sectores más reaccionarios de la sociedad estamos frente a una manifestación previsible. Por ejemplo cuando ayer en el acto de Rosario se planteó que la multitud que acompañó a las entidades rurales era “gente no arriada”, en contraposición obvia al acto salteño. Mas allá de que en otro momento habrá que pensar en los distintos tipos de “arreo”
(¿ Acaso la renta no es para ese público que se movilizó a Rosario el equivalente al “chori y la coca” del pobrerío que asiste a otros actos?) lo real es que esto era esperable.
Lo desagradable es cuando el elitismo y el gorilismo provienen de personas que, se supone, están del lado de los sectores populares. En su
nota de ayer, Horacio Verbitsky se refirió de una manera abominable al dirigente entrerriano Alfredo De Angeli. Escribió:
“Quien sí espera su oportunidad es el energúmeno de Gualeguaychú, mimado por todas las cámaras. Alfredo De Angeli vive sus quince minutos de gloria como si fueran un anticipo de la eternidad, con la misma fruición con que lo hicieron en su momento Nito Artaza, Juan Carlos Blumberg y el capitán del rompehielos Irízar (¿alguien se acuerda cómo se llamaba?). Financiado en forma generosa por los grandes capitales del agronegocio, las quinientas palabras guturales que maneja De Angeli cumplen la función de rebajar la investidura presidencial, como ni él ni Eduardo Buzzi se animarían frente a un hombre.”
Lo primero que hay que pedirle a Verbitsky es un poco mas de paciencia para escribir, porque uno que lo lee hace años supone que si bien la redacción nunca fue su fuerte, su capacidad le da para redondear párrafos no tan lamentables. Sucede, y me pasa, que a veces la premura y cierta pelea con las ideas generan redacciones de una pobreza que avergüenzan, por eso me inclino a sospechar que una combinación de este tipo fue la que lo arrastró a desarrollar una idea interesante de manera tan penosa.
De lo contrario estaríamos ante una filtración delatora de que bajo mantos discursivos consustanciados con lo mejor de la tradición de lucha del pueblo, se esconde una bestia discriminadora y, por ende, profundamente elitista y antipopular.
¿Diría lo mismo Verbitsky si quien manejara un acotado stock de palabras proviniese “del campo popular”?
¿Opina lo mismo de la mismísima Evita, que manejaba la misma o menor cantidad de vocablos que el entrerriano?
Tengo un gran respeto por Horacio Verbitsky y espero sus notas con ansiedad, básicamente por la información que maneja y porque es de esos referentes ineludibles para todos los que somos bastante mas jóvenes. Pero nada de eso justifica complicidad o silencio ante este vómito elitista, porque así no se ganan las discusiones. Hay muchísimas maneras de refutar a De Angeli, y todas tienen su valor relativo. Solo una suma menos diez, y es esta gorilada espantosa.