Todo comenzó con este Twitteo del economista Lucas Llach
A lo que mandé este comentario
Que generó esta crispada respuesta
A lo que respondí lo siguiente
Lucas Llach se enoja porque le critico
su columna del día de la fecha en La Nación en la que cuestiona la ley de prepagas aprobada ayer por una amplísima mayoría en Diputados y llega a decirme en Twitter que las empresas no están de acuerdo con su postura. Es probable que sea así, pero no podemos negar que ese desacuerdo se da dentro de un mismo bando, en un mismo campo de pensamiento, de un mismo lado del mostrador. Quiero decir: Las diferencias que puedan existir entre las empresas de medicina prepaga y
Lucas Llach son casi insignificantes ante el abismo conceptual que existe entre ellos y los que hoy estamos felices por lo aprobado en el parlamento. Cito sólo un párrafo de su escrito para que se entienda:
"El mercado de la salud no es completamente transparente ni completamente flexible. No es como el quiosco que, si sube un poco el precio de un chupetín, es rápidamente castigado por consumidores que van a comprar el mismo chupetín a la otra esquina."
Ya arrancamos horrible al hablar del "mercado de la salud". Ya está, la verdad, no dan muchas ganas de seguir discutiendo porque ahí radica el meollo de la cuestión, o si se quiere la distancia sideral entre una y otra visión del tema. Para los seisieteochistas y el populismo en general la salud no puede ser catalogada como un "mercado", y además nos ofende que se tome como ejemplo a un kiosco. Creemos que son cuestiones bien distintas.
El punto acá es que hasta ahora las empresas del sector tuvieron una legislación absolutamente favorable a su voracidad y que en orden a la defensa de su status quo la emprenden haciendo terrorismo mediático, desperdigando versiones apocalípticas que después nunca se cumplen. ¿Alguien recuerda que alguno de los terremotos anunciados por empresas o sectores, cuando perdieron posiciones dominantes o de privilegio, se haya concretado? Si repasáramos todos los avisos de cataclismos que se nos han anticipado, la verdad, ya no habría país si se hubieran consumado sólo unos pocos. Si ir más lejos recuerdo la campaña de los importadores cuando se sancionó una legislación para promover la fabricación de celulares y televisores en Tierra del Fuego. Mandaron a decir que se encarecería todo, que se plancharía el mercado...
¿Qué pasó?
Que crecieron fabulosamente las ventas en todos esos rubros...
Es probable que haya que ajustar más el lápiz en un futuro, pero el punto es que en líneas generales se pasó de un régimen donde las prepagas hacían y deshacían a otro donde estarán más vigiladas por la sociedad a través del estado y donde además estarán obligadas a cumplir una determinada normativa que, gracias a Dios, favorece los derechos de los afiliados. Es probable que en una de esas ganen un poco menos (lo que está por verse) pero nadie puede pensar que irán a la bancarrota.
El tema acá es profundamente ideológico. Lo instrumental viene en un segundo lugar. Las empresas de medicina prepaga estaban acostumbradas a manejarse como los leones en la selva, lo mismo que muchas empresas de medios, y no admiten que se les toque uno solo de sus privilegios. Por suerte este país viene cambiando fuertemente y aunque pataleen y sus propagandistas eructen malos modales, la legislación va favoreciendo a los más débiles, como debe ser.
La ley de la selva rige sólo en Animal Planet...
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