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sábado, 21 de febrero de 2009

Dos Pasajes de Diario de la Argentina

Me comprometí hace días a transcribir algunos breves pasajes de “Diario de la Argentina”, la novela que Jorge Asís escribió contando su paso por un diario “que conocemos todos” desde mediados de la década del setenta hasta comienzos de la siguiente, de modo que acá van algunas muestras.
En la página 56 hay un párrafo muy interesante sobre el rol y el espacio de un periodista inmerso en un gran diario y las vinculaciones con los jerarcas de la dictadura. Defendiendo a un colega sospechado de servicio, Rivarola (Asís) dice:

…”Toribio González Aznar pudo haber tenido sus cosas pero pertenecían al pasado, habrá tenido o tendrá sus contactos decisivos con hombres de arriba pero no creo que por eso se lo pueda condenar, aquí está lleno de chupamedias que se jactan de sus amigos militares y nadie les da bola. ¿Porqué tanto ensañamiento con Toribio? ¿Cómo se puede ser un periodista importante en la Argentina de hoy si no tenés buenas relaciones arriba? En la Argentina de hoy y en la de siempre, no jodamos, si somos en el fondo mandaderos y publicamos lo que nos dicen, y no publicamos lo que sabemos, recibís un llamadito de arriba y te dicen: el cable 73 de Télam no va. Y no va. Vamos: Aceptemos que somos empleados de prensa y no periodistas, tenemos todos muchos más prejuicios que talento y entre nosotros un Jack Anderson nunca podrá existir, entre todos lo vamos a pulverizar, hombre de la cía, del pentágono, de la puta que lo parió, Y ahora, ahora que se hacen todos los mártires o los santos, ahora que tantos ponen cara de yo no fui ¿No se jactaban en su momento por los contactos conseguidos? O era sólo un estúpido yo. Demasiados defensores de la democracia de hoy que no eran precisamente importantes antes tal vez para mandarse la parte decían: “Ayer estuve con Harguindeguy, me dijo que…” O con Suárez Mason, o con Bussi, o Viola. Vamos ¿Cuántos entraron en trabajar en diarios y semanarios apenas porque tenían buenos contactos con el Almirante, o en el Ejército?

En la página 61, cuenta que lo mandan a Mar del Plata junto a un compañero (el Lotus) a cubrir la temporada (verano de 1977) y hay otro párrafo de notable contundencia para graficar cómo se posicionó la gran prensa en relación a la dictadura:

….”A divertir y divertirse entonces, en lo posible jugando convenientemente al loco, pero bajo el sol, en la playita y entre las hembras ideales para olvidar, en el casino y entre la euforia triste de una pequeña burguesía atosigada que trataba de ignorar lo que ocurría en otras ciudades o hasta en la periferia de Mar del Plata mismo, que los ardorosos y supremos militares pateaban puertas hasta derribarlas para arrancar brutalmente a tantos románticos desdichados que pensaban lo que pudieron pensar también el Lotus y Rivarola, quienes ahora, casi culposamente, se dedicarían a ilustrar, con información y color, dos páginas diarias, preferiblemente las centrales, había espacio para regalar en el verano y sobre todo en el verano de 1977, caracterizado por el horror que no debía pasar inadvertido y por el retroceso feroz de la política.
Debían ganar espacio entonces otras secciones del diario, especialmente Deportes, toda la manija posible al deporte porque había que empezar a vivir para el mundial y ganaba también columnas Información General, una sección que se convertía en una especie de basurero atómico, para la que arrojaba sus productos coloridos Rivarola, donde precisamente a veces podía hacerse el irónico y hasta el contestatario, porque le habían dicho muy clarito cuál sería el comportamiento (la línea) del diario respecto al violentísimo golpe militar que se había impuesto para regocijo de las capas medias apacibles y la gran burguesía. El Diario, le dijeron, sigue la línea del tiberismo (frigerismo), apoyamos al proceso en lo político pero estamos contra Martínez de Hoz en lo económico. Visto a la distancia, puede sonar a frívolo, como si se tratara de una cizañosa chicana que el narrador se atreve a lanzar en tiempos mejores, pero entonces se contaban a montones los optimistas o por lo menos los distraídos que suponían que Martínez de Hoz y Videla no representaban lo mismo, incluso más hacia la izquierda los disparates conceptuales llegaron horriblemente más lejos. Cómo no recordar, por ejemplo, con cierta ternura grotesca, a aquél ferviente militante comunista amigo que –mientras nos chupaban a tantos compañeros hasta el exterminio- advertía contra un supuesto golpe de extrema derecha y llamaba a evitar el pinochetazo que se avecinaba. Es más grotesco aún: porque aquél militante comunista que advertía fue también chupado y masacrado. ¿Y esto que es?, se le preguntaba, antes de que lo secuestraran a él, ¿Qué tiene que envidiarle a Pinochet el general Videla?, pero de todas formas el bolche desorientado invitaba a cerrar filas con los militares moderados para evitar así el fantasmagórico golpe fascista.”

Creo que estos dos pasajes son fotografías de un tiempo que dicen muchísimas cosas. El primero es definitorio cuando dice “Somos empleados de prensa y no periodistas”. No admite una réplica medianamente sustentable. Y el segundo descubre la trama perversa que se tejió entre los grandes diarios y los militares conteniendo, además, un relato de época conmovedor de los tiempos de la represión más feroz.
La lectura de este libro explica, además, el destino marginal al que se confinó Jorge Asís al publicarlo. Es mucha – y muy importante- la gente que es “tocada” en estas páginas, y eso suele pagarse carísimo.
Quizá la condena a la Siberia que le significó “Diario de la Argentina” es lo que lo transformó en ese jetón brillante y políticamente cloacal que hoy conocemos. En la novela se nota también cómo Asís por momentos reconoce autocríticamente su característica de canchero, de altanero y de figurón, con lo que es posible concluir que, aún sabiendo a lo que se exponía, editó esta obra porque su sed de protagonismo se lo impuso.
En el buscador de Clarín si usted pone JORGE ASIS, podrá leer “No se encontraron resultados” mientras que en Google son 392.000 las páginas que lo citan.
La lectura en estos tiempos de “Diario de la Argentina” (publicado en 1984) tiene dos ventajas: además de mostrar la cocina de la gran prensa durante la dictadura más sangrienta que padecimos, explica porqué Asís se recicló en ese francotirador de una inventiva singular y por momentos majestuosa que termina inmolándose en política junto a impresentables como Jorge Sobisch. Da la impresión que no le quedó otro camino o que el personaje políticamente incorrecto que fabricó es lo único que le quedó a mano.

viernes, 13 de febrero de 2009

Diario de la Argentina

Mi llegada a Mar del Tuyú fue en uno de esos días grises y lluviosos de a ratos, de esas jornadas que obligan a curtir el pequeño "centro" de esta apacible comarca playera y a ceder ante los requerimientos de helados de los hijos. Pero esa tarde gris me tenía una sorpresa preparada: Esperándome en una casa de libros usados estaba -y al módico precio, encima, de 8 mangos- "Diario de la Argentina", aquella novela que Jorge Asís escribió en 1983 relatando su paso por Clarín en la segunda mitad de los setenta, cuando el país se transformó en el chupadero más atroz.


Quien quiera elementos para defenestrar todas las mentiras imperantes del tipo "Periodismo Independiente" debiera conseguirse este libro. Asís cuenta con una prosa muy propia y su sarcasmo conocido cómo transcurren los días en "la cuadra". Describe personajes que aún con nombres de ficción se adivina quienes son, como por caso "Malvárez Ferrer", que no es otro que Joaquín Morales Solá. Cuenta cómo es la trama de disputa sobre el control de la empresa entre los desarrollistas y los profesionalistas, hablando de Magnetto bajo el apellido de "Bagnatto".


El libro tiene párrafos para recortar y pegar, definiciones sobre el periodismo que hoy mantienen una vigencia notable.


Pero lo que me atrapa de esta historia que aún no terminé de leer, es lo claro que queda el asunto del Poder y cómo una redacción de un diario imponente como Clarín es una suma de individualidades dispuestas en la mayoría de los casos a pisar la cabeza del compañero con tal de ascender. Demuestra también cómo sutilmente la empresa va sumando cuadros, transformando en jefes que defienden a capa y espada "la línea del diario" y mochan notas y copetes cuando tan sólo meses atrás, antes del ascenso, eran rebeldes que enfrentaban con los tapones de punta a Jefes, pro secretarios y secretarios. Describe cómo con el ascenso viene la ropa más cara, el aumento de las cuotas y el miedo a caer... con lo que Asís nos muestra de manera incontestable la metodología con que la empresa selecciona cuadros y los formatea de manera tal de transformarlos en soldados que, antes que nada, lo darán todo por ella.


Diario de la Argentina es un acto de voyeurismo sorprendente sobre la cocina de la empresa de medios más poderosa del país y desnuda mitos y mentiras de las tantas que ha instaurado la prensa en nuestras tierras.


Por ejemplo denuncia la cantidad de "chivos" que se cocinan, notas de propaganda a, por caso, una fábrica cualquier rubro, que no aporta absolutamente nada salvo, obvio, los billetes para los gestores de la publicidad encubierta.


Y como hemos dicho varias veces en este blog aún a riesgo de pasar por resentidos o envidiosos, Jorge Asís demuestra de manera incontrastable que en esas empresas los que ascienden no lo hacen por atributos profesionales sino por capacidad de rosca y paladares a prueba de los sabores más nauseabundos.


Leyendo este relato de internas y traiciones, viendo con qué nivel de manchas y cadáveres llegan a la cúspide lo más aptos para la rosca y los negociados, te brota cierta indignación al ver cómo muchos figurones del ambiente mediático de estos días se hacen las carmelitas descalzas para analizar la trama política argentina.


Tipos que han llegado a los umbrales más altos en esta profesión -y lo han hecho a base de las peores transas- hoy aparecen en columnas destacadas o en horarios centrales de radio y TV haciéndole creer a la audiencia que se asombran por las roscas de legisladores, intendentes y cualquier otro tipo de funcionarios.


Es también notable que la mayoría de los nombrados por Asís en esta novela, artífices de las peores mañas y artilugios desde 1976 en adelante, ahora sean una suerte de próceres intocables y puros de la "prensa libre"


Prometo transcribir algunos pasajes antológicos de esta obra.


Y, por favor queridos chuchis, no pierdan tiempo en correrme por izquierda diciendo que elogio a un menemista. Tratemos de levantar un poquito el nivel del chicaneo. Porque antes que de un menemista estoy hablando de una novela y de un tipo que cuando se pone a escribir es una bestia de las mejores.


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