Estos gestos de Ricardo Alfonsín son los que lo hacen querible y precisamente por eso lo salen a matar por haber cometido el pecado de estar junto a la presidenta de la nación en la inauguración de una obra. Si no lo hubieran invitado hubieran dicho que el gobierno no quiso compartir el rédito de la inauguración de una obra, y si Cristina hubiera pasado por Chascomús sin colocar una placa al ex presidente Raúl Alfonsín con total seguridad le caerían por su falta de decoro.
Si se invita a Ricardo Alfonsín a una inauguración y se le pone una placa a su padre es oportunismo. Si no se lo hace es crispación y falta de apego a la convivencia democrática.
¿Vio como son, señora?
Después son estos mismos dirigentes que recorren programas de televisión elogiando la convivencia democrática en Chile y Uruguay los que cuando uno de los suyos tiene un gesto propio de un país normal, donde oficialismo y oposición conviven civilizadamente, lo salen a matar como lo hicieron hoy.