Hablando a favor del funcionamiento interno de Estados
Unidos, el tipo contaba que para adentro los derechos de sus ciudadanos son
respetados a punto tal que cualquier americano de a pie puede hacerle un juicio
a una gran empresa y ganárselo. A modo de ejemplo siempre citaba el caso de una
norteamericana un tanto marmota que cuando salieron a la venta los primeros
hornos microondas, como no estaba contraindicado en el prospecto respectivo,
metió su cabeza adentro del aparato para secarse el pelo y le quedó la
cabellera a la miseria. La señora le hizo un juicio millonario al fabricante
del horno y se lo ganó.
Dos décadas repitió ese ejemplo nuestro defensor de la
justicia estadounidense hasta que en una reunión familiar alguien acotó
tímidamente que eso no podría ser cierto puesto que los microondas funcionan
sólo con la puerta cerrada y que por ende esta mujer no podría haberlo
encendido con la puerta abierta. Aquél ejemplo al que tantas veces había
recurrido nuestro defensor del funcionamiento interno de EEUU quedó hecho
trizas en un instante. Más de 20 años había repetido una soberana estupidez
porque nadie lo había escuchado con atención o bien porque los respectivos
auditorios no conocían el funcionamiento de los microondas, algo nada
descabellado porque entre mediados de los años ochenta y comienzos del nuevo
siglo, en Argentina esos artefactos eran más bien algo suntuario.
Algo similar sucede cotidianamente en el debate político
sobre la puja con los fondos buitre. Los opositores coinciden en repetir a coro
que "no habría que haber cometido los errores que cometió el gobierno"
para evitar el actual presente cargado de desasosiego, pero nadie les pregunta
qué se podría haber hecho como alternativa. Mauricio Macri, a quien podremos
tildar de muchas cosas menos de mentiroso ha llegado al extremo de confesar que
para evitar el default hay que sentarse con Griesa y hacer todo lo que él
ordene y los periodistas que lo entrevistan no atinan a preguntarle qué pasaría
si se acatara a pie juntillas el mandato del juez. El jefe de gobierno de la ciudad
de Buenos Aires está diciendo que para no tener que matar al niño hay que
abortar ya mismo pero a nadie se le ocurre ni siquiera acotar un
"¿Cóomooo?"
Precisamente, la encerrona que tiene el gobierno es que si
cumple con el fallo de Griesa se desencadena el default y si no lo cumple,
también.
Cuando los opositores dicen que no habría que haber cometido
errores (en los que sí habría incurrido el gobierno) no explicitan qué hubieran hecho ellos y, por supuesto, nadie de los
pregunta. Pero esto no sucede porque sí, tiene una explicación y es que de haber
estado en el gobierno durante la última década ellos hubieran continuado con la metodología
llevada adelante por los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa, que como
sabemos desembocó en el corralito de diciembre de 2001. Sucede que tanto estos
dirigentes como el establishment no tienen otro proyecto para el tema de la
deuda que el que se desplegó hasta la crisis del 2001, pero no lo pueden
confesar por las marcas bastante profundas que quedaron en la conciencia política
del argentino medio, por eso desde sus medios propalan discursos opositores
tributarios de sus intereses políticos, económicos e ideológicos y se cuidan de
no hacer entrar en contradicciones a dirigentes que con una pobreza argumentativa
preocupante repiten sin ton ni son una
serie de consignan que no soportan la repregunta más elemental. No podría ser
de otra manera. Al fin y al cabo el juez Griesa nos vino a ratificar a los
argentinos que era cierto aquello de la deuda como nuevo instrumento de
dominación.
El gobierno argentino está en serios problemas y el sistema
financiero internacional muy cerca del zugzwang, esa posición sumamente crítica
que suele darse en el Ajedrez y consiste en que llega un momento donde uno de
los jugadores está obligado a mover una pieza pero cualquier movimiento que
haga lo perjudicará. Si Argentina paga los 1300 millones se le viene en banda
una montaña de demandas que puede terminar significándole la friolera de 120
mil millones porque, por supuesto, se le cae la reestructuración de 2005 y
2010. Pero no se llegó hasta esta instancia por capricho o soberbia sino porque
los buitres jamás quisieron negociar pues sabían que más tarde o más temprano
le justicia norteamericana les daría la razón por algo muy sencillo que escribió
Claudio Scaletta días atrás:
"El gran problema con los fondos buitre es que son
malos, muy malos, pero son legales."
De ahí que Argentina buscó por todos los medios fortalecer su
posición tomando como base de sustentación el acuerdo de reestructuración de la
deuda con el 93% de los bonistas y recurriendo fundamentalmente a la única
herramienta posible para darle una salida a esta crisis: la política. Eso explica el acuerdo
con el CIADI, con Repsol y el Club de París y pone a nuestro país en el centro
de la escena mundial como protagonista de una puja histórica contra esa
podredumbre del sistema financiero internacional que son los fondos buitre y
son al mismo tiempo estos antecedentes los que llevan a que desde mismísimo gobierno
de Obama al FMI, pasando por los principales gobiernos del mundo y hasta el
Vaticano se preocupen seriamente por el fallo de Griesa no porque les interese
específicamente el drama de los 40 millones de argentinos sino porque se acaba
de sentar un precedente explosivo para un mundo que tiene a varios países al
borde de caer en reestructuraciones de deudas que quedarían expuestos al igual
que nosotros a caer en las garras de esta carroña.
Así las cosas, sólo desde la política se puede articular una
defensa internacional mancomunada contra los buitres y como se ve, nuestro
gobierno está con un capital político fabuloso en esta instancia porque se está
debatiendo nada menos que la continuidad de los estados soberanos y sus
mecanismos de defensa ante esta carroña de nuevo tipo, algo novedoso que requiere
instrumentación política de última generación.
Pero todo esto no está en la agenda de discusión de nuestras
fuerzas opositoras, que no han entendido en lo más mínimo qué es lo que se está discutiendo. Los que sí
conocen al dedillo la gravedad de la disputa en términos internacionales, que
son los mismos que operaron desde adentro para endeudarnos durante la última
dictadura, que luego manejaron las sucesivas renegociaciones y ahora le dan
letra a los opositores para que repitan a coro "hay que pagar como sea"
aparecen como viejos sabios de la tribu que dan consejos desinteresadamente...
La estrategia de desendeudamiento llevada adelante por
nuestro gobierno ha sido la respuesta más sensata y creativa que se desplegó
para solucionar de manera estructural el problema de las deudas externas impagables
y por eso quedará en la historia como el precedente más inteligente en la
materia. Pero por supuesto esto no puede ser admitido por el espectro opositor.
No sea cosa que se avive la gilada...