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jueves, 2 de julio de 2009

La percepción, el baile y la sodomía


Cuando ayer en La Bloguera le comenté a Sebastián Etchemendi esta frase:

“Nos quieren llevar al paraíso pero a patadas en el culo”

El politólogo me respondió al toque que si un alumno le hace ese comentario el lo desaprobaría puesto que es una falacia desde todo punto de vista.
Ahí nos pusimos a conversar sobre la gran habilidad que ha tenido el dispositivo mediático para instalar percepciones que en rigor no resisten muchos análisis.
La frase en cuestión se la atribuyen a un encuestado, un ciudadano que incluso manifestándose a favor de los grandes lineamientos del gobierno la dijo para marcar una crítica a ciertos modos de la gestión K.
Es bueno entonces revisar con algún detenimiento esta percepción que se instaló. Por ejemplo, miremos la cuestión de la prensa ¿Alguien puede seriamente sostener que la prensa ha tenido problemas, que ha habido censura, que el periodismo no se ha podido manifestar a gusto y placer? La verdad que no. Alguien podrá objetar el manejo de la pauta oficial, pero eso no incide en la libre expresión. Perfil, por caso, que ha dado batalla por la pauta oficial no dejó de salir pese a no contar desde el arranque con publicidad oficial (recordemos, incluso, cuando en tiempos de Menem se editaba en papel todos los días, allá por 1998 y 1999 cerró porque fue un fracaso económico y contaba con pauta oficial)
Ningún gobierno ha tenido una relación tan conflictiva con la prensa, pero eso nada significa en términos de libertad de expresión. Los casos como el de Nelson Castro no constituyen un acto de censura. Se podrá opinar largamente sobre la conveniencia política de la medida adoptada por los nuevos propietarios de Radio Del Plata, pero jamás se puede pensar que eso es censura. Aquí tenemos otro caso puntual de cómo se instala una noción, una idea, algo que no puede probarse y que se cachetea con el sentido común, pero queda guardado ahí, en un lugar preferencial de la agenda de más de un ciudadano que en la primera discusión sobre “Kirchnerismo y libertades” la descerrajará sin piedad creyendo que esboza una verdad irrefutable.
Los medios han dicho todo lo que han querido y está bien que así sea. Ojo, que no estamos levantando como un logro del gobierno algo que está garantizado por la Constitución, lo que estamos diciendo es que tratemos de re-pensar si efectivamente en Argentina se puede hablar seriamente de falta de libertad de expresión en los medios de comunicación.
¿Hay algún área donde se pueda hablar seriamente de autoritarismo? La Corte Suprema ha dado sobradísimas pruebas de independencia y el Congreso Nacional funcionó e incluso reprobó la famosa Resolución 125 con todo el costo que le significó al Poder Ejecutivo. Alguien también podrá decir que antes de la 125 el parlamento era “Una escribanía” y aquí estamos de nuevo ante un problema de tipo político. Si las bancadas opositoras no tenía número para juntar quórum e imponer sus proyectos no es culpa del oficialismo. Ya vamos a ver cómo el cambio en la correlación de fuerzas a partir de diciembre va a cambiar muchas votaciones en el parlamento.

Y así podríamos ir deteniéndonos en muchas otras áreas de la vida nacional para comprobar que efectivamente esta noción de autoritarismo es en verdad uno de los mejores inventos del dispositivo mediático que ha mostrado una gran capacidad de penetración en vastos sectores de la sociedad.
Hay una tendencia cada vez más pronunciada de la gente a tomar frases, consignas y cargarlas en la recámara del disparador de titulares que se activa en la cola del banco, en la mesa dominguera, en los cumpleaños y demás reuniones de tipo social. Si uno se tomara el trabajo de grabar las conversaciones de diversas reuniones sociales encontraría sin dudas que en todas se repiten las mismas frases hechas. Buena parte de la sociedad va repitiendo y escuchando consignas. Como nadie refuta, porque todos están en la misma, la ausencia de réplica genera una falsa sensación de verdad incontrastable, hasta que aparece algún kirchnerista y les escupe la sopa y ahí se ponen como locos. Se sacan porque no pueden probar con argumentos las falacias que repiten. Y se sacan más aún cuando se les dice que alegremente están bailando en la cubierta del Titanic y que esa remake de “Fiebre de Sábado a la noche” que fue el baile de festejo del PRO en la madrugada del lunes preanuncia tiempos de ajuste, de "control del gasto", de "concretar reformas pendientes" y demás medidas propias de un proyecto político que hizo añicos al país.
Pero ellos bailan y ahora vienen por los blogs a decirnos ¿Viste como era la cosa?
Ahora nos gozan convencidos los pobres infelices, que con la derrota K del domingo se avisora un tiempo de lujuria económica. Sí, en verdad se avisora una lujuria, pero no quieran saber quienes van a ser los primeros que van a tener que poner el culo…

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