
El avance del empresariado que se está verificando en estas horas sirve para imaginar cómo sería
el país sin conflictos y sin enfrentamientos que proponen Macri y De NarváezEse país que auspicia el PRO está despojado de tensiones entre el capital y el trabajo pues en él se hace exclusivamente lo que ordenan las grandes empresas,
como pasaba en los noventa.
El país sin conflictos es un país donde los trabajadores no piden aumentos de sueldo y donde el gobierno de turno gestiona
para que nada entorpezca el libre juego “de la oferta y la demanda”, como pasaba en los noventa.
Lo que Macri, Michetti y De Narváez proponen en sus spots de campaña es una realidad sin conflictos producto de la desaparición de las contradicciones que los motivan, lo más parecido a un cuento de hadas sólo digerible por sectores que han sido arrasados en su capacidad de razonamiento por el fuerte retroceso político e ideológico al que ha sido sometida buena parte de nuestra sociedad.
Hay gente que de buena fe cree que en verdad todo está más o menos bien y que sólo se trata de administrar la cosa pública con prolijidad y decencia.En realidad, es impensable una vida sin conflictos mientras exijan sectores que pugnan por la distribución de la renta. Lo grave es que muchos de los que avalan estas consignas de “la nueva política” macrista
ni se imaginan que serán precisamente ellos las primeras víctimas que exige el país sin enfrentamientos del que nos hablan Macri, Michetti y De Narváez.
Muchos que han vuelto a tener trabajo, muchos que han dejado el taxi para volver a su profesión no imaginan que todo achicamiento del conflicto social les significará indefectiblemente el retorno al infierno del que pudieron escapar merced a políticas que si bien no alcanzaron para rescatar del desempleo al conjunto de los habitantes del país, sí le posibilitó recuperar el trabajo a un sector nada desdeñable de la población.
El modelo que se viene con Macri, De Narváez y cía es el que imponen las grandes empresas y esto es maximización de sus ganancias, crecimiento del desempleo y ajuste.
Y, por supuesto, una brutal transferencia de recursos como por caso la eliminación de las retenciones que le significará al Estado cubrir ese faltante sacando de otro lado, y ya sabemos de dónde se saca: del “gasto” social.
Uno de los peores errores en que incurren muchas personas es pensar que han mejorado su situación laboral y económica por méritos propios,
por virtudes individuales escindidas del contexto general del país. Curiosamente muchas de estas falsas certezas están radicadas en el sector social que más duramente sentirá el sablazo del no conflicto que auspicia el Macri-DeNarvaísmo.
El kirchnerismo posibilitó con sus políticas que una porción de los trabajadores recuperara el empleo y otros mejoraran notoriamente sus ingresos, el error de muchos es pensar que se puede “normalizar” el país sobre esta estructura, que se puede congelar esta etapa y prolongarla sin conflictos. Esta recuperación del empleo y de participación en el reparto de la torta,
que pasó del 31% en 2002 al 44 % en la actualidad fue posible por el conflicto, por la tensión entre un gobierno que negoció y pujó con el empresariado y que acompañó a las centrales de trabajadores en sus demandas salariales.
Todo lo que se consiguió no fue producto de concesiones que las patronales otorgaron porque tuvieron un ataque de solidaridad. Lo que se consiguió (y se podría y debería haber conseguido aún más, pero ese es otro debate) fue producto de la presión de
un gobierno que se puso a la vanguardia de una sociedad que en 2001 se había acercado peligrosamente al abismo. Y eso fue conflicto, tensión, negociación, tira y afloje, como siempre sucede donde hay intereses en pugna.
El conflicto, por ende, es inherente a una sociedad que avanza, donde los distintos sectores van pugnando por sus intereses. Pero pareciera que hay muchos argentinos que cándidamente creen que se puede mejorar socialmente sin conflicto.
Esta es la gran trampa en la que mucha gente corre serio riesgo de caer: pensar que es posible un país más justo sin conflictos cuando en realidad es exactamente al revés.
Cuanto más conflicto tuvo el país mejor le fue al conjunto del pueblo, basta repasar la historia para corroborarlo.
Y cuanto menos conflicto hubo, más atroz fue el saqueo.
En los cementerios no hay conflictos y reina la paz.
Parece mentira que personas inteligentes y con algún nivel de formación profesional no perciban lo que les espera si desaparece el conflicto.