
Se acerca el parto. Está al nacer la decisión de confluir
en una alianza con Mauricio Macri y ello explica las contracciones que por
estas horas tiene el panradicalismo. A no confundirse: la escena montada por
Elisa Carrió ante el discurso de Solanas tuvo la extravagancia que caracteriza
la mayoría de sus actos pero fue un gesto fríamente planificado. Ella sabe que es
responsable por los costos que pueda ocasionarle el infantilismo del cineasta y
entonces toma medidas para alinearlo con la estrategia electoral acordada en
silencio con Sanz o bien cerrarle los caminos de modo tal que no le quede
alternativa que no sea emprender una nueva retirada, algo que parece estar en
el sino político del senador. No hay término medio. Lilita sabe mejor que nadie
en el FAUNEN que si no arreglan con Macri no llegan al ballotage y opera en
consecuencia. El que tiene problema es Pino, que se creyó eso de que está en
un espacio de centroizquierda. ¿Qué caminos le quedan al director de El Viaje?
¿Encabezar una nueva huída en absoluta soledad hacia un kiosco testimonial o
quedarse a regañadientes expresando el ala izquierda?
Independientemente del dilema solanista, todo indica,
además, que van directo a la cesárea puesto que varios de los componentes del
espacio no aceptarán mansamente la convergencia con el PRO y habrá que dar a
luz como sea la nueva coalición. El acuerdo supondrá, entre otras cosas, instalar la
fórmula Macri-Sanz en carácter de "caballo del comisario" que arrase
en las PASO contra quien ose enfrentarla ¿Cobos-Solanas, quizá, si este último
se queda?
Como bien escribió Carlos Pagni, el proyecto de Mauricio es
de tipo biográfico y por ende no acepta negociaciones: quiere ser candidato
a presidente y no entiende otras razones. Si a esto le sumamos que al
radicalismo le interesa antes que nada garantizar la perdurabilidad del partido en todo el país
y, de ser posible, quedar eximido de la responsabilidad de gobernar, se entiende que las
huestes de Ernesto Sanz vengan estableciendo acuerdos desde abajo, entre otras
cosas porque en la mayoría de los distritos del interior el PRO prácticamente
no existe y ello le deja el campo libre a los radicales para armar las listas.
Tendrán también gestos de rechazo en modo progresista de dirigentes como
Ricardo Alfonsín pero durarán un suspiro. Su alianza con De Narváez de 2011 condena
a Ricardito a tragarse cualquier sapo.
Los distritos donde tendrán más inconvenientes serán la CABA
y Santa Fe: En Capital Federal lo más probable es que tengan unas PASO de
novela entre Rodríguez Larreta o Michetti contra Martín Lousteau. Si por Macri
fuera, le cedería la candidatura a la jefatura porteña al FAUNEN, pero es difícil
que la estructura partidaria del PRO se lo permita. Nadie ve al guasón recluirse
sin dar batalla.
En Santa Fe también la tendrán complicada porque Miguel Del
Sel mide y va de suyo que los socialistas no están para nada dispuestos a ceder
la única provincia que gobiernan. ¿Bajará Hermes Binner para intentar
garantizar el triunfo?
Por el lado de la PBA el FAUNEN no tiene candidatos para la
gobernación salvo que Margarita Stolbizer decida salir a la cancha una vez más. De
no hacerlo, quizá la figura de María Eugenia Vidal pise fuerte dado que si bien
mide poquísimo, el panradicalismo no ofrece una figura que la supere hoy por
hoy en las encuestas.
Así las cosas, quienes están muy expectantes con las
contracciones del panradicalismo son las huestes del Frente Renovador y el FPV:
para el massismo la confluencia del FAUNEN con el PRO le alambraría un
territorio vital para seguir proyectándose. El Frente para la Victoria, que
marcha a las presidenciales con un piso nada desdeñable del 33% obtenido 2013
en elecciones legislativas (con todo lo que eso implica), observa con sumo
interés la previa al parto porque quizá cuanto más sanita nazca la criatura, más se
beneficie de cara a las PASO y al ballotage.