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martes, 12 de mayo de 2009

Agoreros

¿Usted recuerda otro gobierno tan petardeado con tanta mala leche como éste?
Desde aquél editorial del 15 de mayo de 2003, donde Claudio Escribano pronosticó en La Nación que “Argentina ha decidido darse gobierno por un año” se descerrajó una sucesión imparable de augurios penosos y tremendistas, el catastrofismo potenciado a su máxima expresión.
Preguntese cuántos de esos augurios se corroboraron en la práctica. Haga el ejercicio y verá que uno a uno los maleficios no pasaron de ser meras patrañas, toscas operaciones de medios y políticos que borrachos de voluntarismo confundieron y confunden sus ansias con la realidad.
Repase usted y vea si el país explotó en diciembre o marzo como lo auguró esa dirigente que con una irresponsabilidad criminal no se inmuta cuando ante las cámaras preanuncia hecatombes que luego nunca se concretan.
Repase usted cuántas veces nos dijeron que nos quedaríamos sin energía eléctrica en el verano y sin gas en el invierno; Haga memoria de cómo ya en 2003 se hablaba del “veranito económico”, como algo pasajero, cómo se llenaron páginas de diarios con el famoso “viento de cola”. Recuerde cómo hasta en los días previos a Semana Santa se ninguneaba información e incluso se echaba a rodar la idea de que iba a ser un fracaso y luego resultó que no le envidió nada a las de años anteriores…
Haga memoria y recuerde los dramas que, según los agoreros de siempre, se nos desencadenarían por sacarnos de encima al Fondo Monetario. Y recuerde cuántas campañas y fábulas execrables como ese rumor sobre la incautación de las cajas de ahorro y un sinfín de mentiras que no pasaron de eso, meros bolazos.
Ningún gobierno ha soportado tanta calumnia como éste.
Ningún presidente ha soportado tanta falta de respeto como Cristina.
Y sin embargo, por sobre la mentira, por sobre la inmundicia y por sobre el catastrofismo de opositores políticos y mediáticos, acá estamos con un gobierno que gestiona y va para adelante, superando escollos pero fundamentalmente demostrándole al pueblo que con augurios tenebrosos y con sobreabundancia de mala leche no sólo no hay futuro sino que en esencia esa costumbre agorera de convocar la crisis y el acabose es intrínsicamente antipopular y delata un tufo clasista en tanto augura desastres que como siempre padecen los sectores más desprotegidos de la sociedad.
Es repugnante ver y escuchar cómo periodistas y dirigentes parapetados en las posiciones más vehementemente opositoras agitan todo tipo de fantasmas casi como deseando perversamente que sobre nuestra patria se desencadenen las furias más violentas de los dioses. Porque total, ellos siempre quedan bien parados, porque ellos no pierden capital, ni resto. Como sucedió con el desenlace de la crisis internacional que daba asco ver la obscenidad con que presagiaban y presagian el derrumbe y el desenfreno del desempleo total, los que quedan en la calle son los mismos de siempre.
Estos agoreros que no tienen otro recurso que no sea el terrorismo mediático se mueven así básicamente porque desprecian al pueblo, que es siempre el que paga los platos rotos. Pero en su desenfreno clasista y prejuicioso no saben que hay muchas personas que miden la realidad por otros parámetros, porque les llegó el agua corriente, porque les llega un aumento, porque les volvió el empleo.

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