Entre otras rarezas, esta campaña tiene el aditamento de ver a una primera fuerza que en lugar de “hacer la plancha” está necesitada de obtener un testimonio electoral lo más sólido posible puesto que, tal como están las cosas, con ganar las elecciones no basta. Entonces, y ante la evidencia de que un triunfo ajustado será relatado como victoria a lo pirro o lisa y llanamente como fruto de la trampa, el oficialismo no tiene otro camino que esmerarse en estirar todo lo que se pueda la diferencia. Pareciera incluso que hasta De Narváez ya plantó bandera y ante la evidencia de que ni cambiando la estrategia de la campaña logra torcer la historia, ha reprogramado su actividad enfocándola en la instalación de dudas sobre la transparencia de los comicios.
Por eso, y porque hay vinculaciones evidentes es que la tapa de ayer de Clarín sigue susurrando infidencias respecto a otra de las tácticas del dispositivo mediático: Embarrar la cancha porque ¿quién sino la prensa se beneficia si se instala un clima de puterío extremo? De Narváez se camufla como víctima de las malas artes kirchneristas y lo único que queda para enfrentar al totalitarismo corrupto K es “la prensa libre, objetiva e independiente”
Una de las ventajas que tiene el manejo de los medios es que te permite operar, jugar a fondo, mentir y cuando la realidad delata tu sarasa la ignorás y salís hablando de otra cosa, como hace Clarín sin ir más lejos con las interferencias a sus señales audiovisuales. Construye un gran escenario sensacionalista para sugerir que sectores afines al gobierno estarían atentando contra sus medios y luego cuando se comprueba que las interferencias se originan en América del norte y producto de fallas que no tienen nada que ver con nuestra coyuntura política interna, cambia de tema, lo ignora , oculta esa información y sigue adelante como si nada.
Haciendo un manejo perverso de esta posibilidad que ofrece el manejo de los medios, Clarín lanza diariamente varias redes a la plaza pública para ver qué pesca. Luego se dedica a trabajar sobre lo que tuvo rebote y pone la estructura a trabajar en esa orientación.
La evidencia de que la puesta en funcionamiento del aparato del pejota y que la instalación fuerte del radicalismo en el interior de la provincia significan un techo del 25/28 % para De Narváez obligó a Clarín a poner en marcha un plan B pues sus propios estudios el indican que la brecha a favor de Kirchner no sólo es indescontable sino que tiende a crecer. De lo que se trata ahora es, entonces, de instalar un escenario de sospechas cruzadas donde todo quede manchado: políticos, justicia, comicios y consultoras.
Este es el mejor escenario para el dispositivo mediático, mostrar que todo, absolutamente todo está podrido y que en ese contexto los medios, a pesar de tener “sus cositas”, no están tan echados a perder.
Este contexto de bajísima calidad institucional donde no se sabe quién ganó y quién perdió, donde los derrotados no reconocen la victoria del otro, donde de antemano los que pierden están poniendo más empeño en denuncias preventivas que en garantizar presencia en todas las mesas de votación, es el que mejor le viene al dispositivo mediático que sueña con que tamaña putrefacción dinamite la posibilidad de la política de meter mano en la ley de radiodifusión que es, en definitiva, lo que más le preocupa.
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